Josemaría Escrivá de Balaguer. Fundador del Opus Dei - Tal día como hoy La vida y enseñanzas de san Josemaría día a día http://www.es.josemariaescriva.info/ <![CDATA[23.6.1946]]> Llega a Roma, por primera vez. Cuenta Monseñor Álvaro del Portillo: “Cuando divisó por vez primera la cúpula de San Pedro desde la Via Aurelia, rezó muy conmovido un Credo. Habíamos subarrendado algunas habitaciones de un apartamento en el último piso de un edificio de la plaza de Città Leonina, n. 9, que tenía una terraza desde la que se veía la Basílica de San Pedro y el Palacio pontificio. Llevado por su amor al Papa, y emocionado por estar tan cerca de sus habitaciones, el Padre permaneció en la terraza toda la noche, rezando, sin dar importancia al cansancio del viaje ni a su falta de salud, ni a la tremenda sed que le producía su enfermedad, ni a los contratiempos del viaje en barco”.]]> <![CDATA[22.6.1933]]> Percibe una intervención directa de Dios en su alma. En una anotación manuscrita deja escrito lo sucedido: “A solas, en una tribuna de esta iglesia del Perpetuo Socorro, trataba de hacer oración ante Jesús Sacramentado expuesto en la Custodia, cuando, por un instante y sin llegar a concretarse razón alguna -no las hay-, vino a mi consideración este pensamiento amarguísimo: «¿y si todo es mentira, ilusión tuya, y pierdes el tiempo.... y –lo que es peor- lo haces perder a tantos?» Fue cosa de segundos, pero ¡cómo se padece! Entonces, hablé a Jesús, diciéndole: «Señor (no, a la letra), si la Obra no es tuya, desbarátala ahora mismo, en este momento, de manera que yo lo sepa». «Inmediatamente, no sólo me sentí confirmado en la verdad de su Voluntad sobre su Obra, sino que vi con claridad un punto de la organización, que hasta entonces no sabía de ningún modo solucionar»”.]]> <![CDATA[21.6.1946]]> Viaja por primera vez a Roma. Sale del puerto de Barcelona en el “J.J. Sister”. Años más tarde recordará este viaje: “Vine a Roma, con el alma puesta en mi Madre la Virgen Santísima y con una fe encendida en Dios Nuestro Señor, a quien confiadamente invocaba, diciéndole: Ecce nos reliquimus omnia, et secuti sumus te: quid ergo erit nobis?: ¿Qué será de nosotros, Padre mío?”.]]> <![CDATA[20.6.1957]]> Fallece en Roma, Carmen Escrivá, hermana del Fundador del Opus Dei, al que ayudó incondicionalmente desde los comienzos: “Se acabaron las lágrimas en el momento en que murió; ahora estoy contento, hijos míos, agradecido al Señor que se la ha llevado al cielo; con el gozo del Espíritu Santo. Me tenéis que dar la enhorabuena, porque ya está en el cielo. Estaba ilusionada con irse al cielo, ilusionadísima. Ya nos está encomendando”.]]> <![CDATA[19.6.1933]]> Anota: “Espéralo todo de Dios. Él no pierde batallas”.]]> <![CDATA[18.6.1931]]> Deja el Patronato de Enfermos, un centro asistencial de personas pobres. Le costaba arrancarse de allí, donde tenía la posibilidad de aliviar y ofrecer los sufrimientos de los enfermos: “Pienso que algunos enfermos, de los que asistí hasta su muerte, durante mis años apostólicos, hacen fuerza al Corazón de Jesús”, medita para sí.]]> <![CDATA[17.6.1936]]> Anota: “No salió fallida mi esperanza, aunque buenos motivos he dado esta temporada a Jesús, para que nos abandonara. Una prueba más de la divinidad de la Obra: como es de Él, no la abandona: si fuera mía, tiempo hace que la habría desamparado”.]]> <![CDATA[16.6.1974]]> En una reunión con miles de personas en el Palacio de Congresos General San Martín de Buenos Aires comenta: “No os llamará la atención si os digo –porque os parecerá lógico- que yo esta mañana , en la Santa Misa, me he acordado mucho de vosotros; y también en la acción de gracias. He pedido al Señor por cada uno: por sus preocupaciones, por sus afectos, por sus intereses, por su salud temporal, material y por su salud espiritual. Porque os quiero felices”.]]> <![CDATA[15.6.1975]]> Once días antes de morir comenta en una conversación con sus hijos: “Yo tengo la devoción de celebrar frecuentemente –cuando lo permite la liturgia- la Misa de la Santísima Virgen; me parece que os lo he dicho alguna vez. Y hay una vieja oración, en la que el sacerdote pide la salud mentis et corporis, y después la alegría de vivir. ¡Qué bonito! Creen por ahí que la alegría de vivir es cosa pagana, porque lo que buscan es la alegría de morir, de suicidarse neciamente, suicidarse con estiércol hasta por encima de los ojos. Seguir a Cristo, buscar la santidad es tener la alegría de vivir. Los santos no son tristes, ni melancólicos; tienen buen humor”.]]> <![CDATA[14.6.1948]]> Durante varios años escribe anotaciones breves. Son apuntes íntimos, que reflejan su trato con Dios. En 1948 explica: “Son notas ingenuas –catalinas las llamaba, por devoción a la Santa de Siena-, que escribí durante mucho tiempo de rodillas y que me servían de recuerdo y de despertador. Creo que, ordinariamente, mientras escribía con sencillez pueril, hacía oración”.]]>