Josemaría Escrivá de Balaguer. Fundador del Opus Dei - Opus Dei: Vida y mensaje del fundador, san Josemaría Escrivá de Balaguer. Testimonios sobre el Opus Dei. Un camino de santidad en el trabajo y la vida ordinaria http://www.es.josemariaescriva.info/ <![CDATA[El lugar de la Ascensión]]> Huellas de nuestra fe


Jesucristo realizó la obra de la redención humana principalmente por el misterio pascual de su pasión, de su resurrección de entre los muertos y de su gloriosa ascensión (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1067). Nos disponemos a considerar el último de esos episodios, que marca el final de su vida terrena. Desde el Nacimiento en Belén, han ocurrido muchas cosas: lo hemos encontrado en la cuna, adorado por pastores y por reyes; lo hemos contemplado en los largos años de trabajo silencioso, en Nazaret; lo hemos acompañado a través de las tierras de Palestina, predicando a los hombres el Reino de Dios y haciendo el bien a todos. Y más tarde, en los días de su Pasión, hemos sufrido al presenciar cómo lo acusaban, con qué saña lo maltrataban, con cuánto odio lo crucificaban.

Al dolor, siguió la alegría luminosa de la Resurrección. ¡Qué fundamento más claro y más firme para nuestra fe! Ya no deberíamos dudar. Pero quizá, como los Apóstoles, somos todavía débiles y, en este día de la Ascensión, preguntamos a Cristo: ¿Es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel? (Hch 1, 6); ¿es ahora cuando desaparecerán, definitivamente, todas nuestras perplejidades, y todas nuestras miserias? El Señor nos responde subiendo a los cielos (Es Cristo que pasa, n. 117).

Los relatos bíblicos son muy escuetos sobre este acontecimiento que afirmamos en el Credo. San Marcos, tras narrar algunas apariciones de Cristo resucitado a sus discípulos, añade: el Señor, Jesús, después de hablarles, se elevó al cielo y está sentado a la derecha de Dios (Mc 16, 19). San Lucas, tanto en el Evangelio como en los Hechos de los Apóstoles, aporta algunos detalles de la escena: los sacó hasta cerca de Betania y levantando sus manos los bendijo. Y mientras los bendecía, se alejó de ellos y comenzó a elevarse al cielo. Y ellos le adoraron (Lc 24, 50-52). Estaban mirando atentamente al cielo mientras él se iba, cuando se presentaron ante ellos dos hombres con vestiduras blancas que dijeron:

—Hombres de Galilea, ¿qué hacéis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que de entre vosotros ha sido elevado al cielo, vendrá de igual manera a como le habéis visto subir al cielo.

Entonces regresaron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que está cerca de Jerusalén a la distancia de un camino permitido el sábado (Hch 1, 10-12).
En armonía con estos datos, la tradición sitúa la Ascensión en la cima de la colina central del monte de los Olivos, a poco más de un kilómetro desde la ciudad, en dirección hacia Betfagé y Betania. En esa elevación, de unos 800 metros de altitud, fue construida una iglesia durante la segunda mitad del siglo IV. Según varias fuentes, la iniciativa partió de la noble patricia Poemenia, que habría peregrinado a Tierra Santa desde Constantinopla. Ese santuario era conocido con el nombre de Imbomon. Gracias a Egeria, sabemos que los fieles de Jerusalén se reunían en ese lugar para algunas ceremonias en la Semana Santa y el día de Pentecostés.

Al igual que el Santo Sepulcro y otros edificios de culto de Palestina, el Imbomon sufrió daños durante la invasión de los persas, en el año 614, y fue posteriormente restaurado por el monje Modesto. Contamos con una valiosa descripción transmitida por el obispo Arculfo, que lo visitó hacia el 670: se trataba de una iglesia de planta redonda con tres pórticos en el interior, y una capilla también redonda en el centro, no cerrada con bóvedas o tejado, sino a cielo abierto para evocar a los peregrinos la escena de la Ascensión; en la parte oriental de ese espacio había un altar protegido por una pequeña cubierta, y en medio una roca que gozaba de gran veneración, pues los fieles la consideraban el último punto donde el Señor había puesto sus pies, y reconocían sus huellas impresas en el relieve de la piedra (Cfr. Adamnano, De locis sanctis, 1, 23 (CCL 175, 199-200).

El santuario fue reformado durante la época de los cruzados, cuando una parte se convirtió en convento de los Canónigos Regulares de San Agustín. En el siglo XIII, los musulmanes derribaron todos los edificios excepto la capilla central —es la que ha llegado hasta nosotros— y posteriormente levantaron al lado una mezquita. Aunque el lugar forma parte aún hoy de las propiedades del waqf —institución religiosa islámica—, en la solemnidad de la Ascensión está permitido celebrar allí la Santa Misa: es un derecho que los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa obtuvieron de las autoridades otomanas.

La capilla se alza en el centro de un recinto octagonal, circundado por un muro en el que todavía son visibles algunas basas de columnas del periodo cruzado. Según los estudios arqueológicos, la pequeña iglesia, también octagonal, presenta la planta un poco desplazada respecto a la obra bizantina; en cualquier caso, cumple la misma función: custodiar la memoria de las huellas de Jesús y de su Ascensión. En el exterior, tienen particular interés artístico los arcos y las pilastras, rematadas con capiteles finamente esculpidos, pues son originales del siglo XII; el tambor, la cúpula y el cierre de los vanos con muros de sillería se añadieron más tarde. En el interior, un hueco en el pavimento, enmarcado por cuatro piezas de mármol, deja ver la roca venerada.

Entrada definitiva
El misterio de la Ascensión comprende un hecho histórico y un acontecimiento de salvación. Como hecho histórico, «marca la entrada definitiva de la humanidad de Jesús en el dominio celeste de Dios de donde ha de volver, aunque mientras tanto lo esconde a los ojos de los hombres» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 665).

Al considerar esta escena, san Josemaría ponía el acento muchas veces en la despedida del Señor: como los Apóstoles, permanecemos entre admirados y tristes al ver que nos deja. No es fácil, en realidad, acostumbrarse a la ausencia física de Jesús. Me conmueve recordar que, en un alarde de amor, se ha ido y se ha quedado; se ha ido al Cielo y se nos entrega como alimento en la Hostia Santa. Echamos de menos, sin embargo, su palabra humana, su forma de actuar, de mirar, de sonreír, de hacer el bien (...). Siempre me ha parecido lógico y me ha llenado de alegría que la Santísima Humanidad de Jesucristo suba a la gloria del Padre, pero pienso también que esta tristeza, peculiar del día de la Ascensión, es una muestra del amor que sentimos por Jesús, Señor Nuestro. Él, siendo perfecto Dios, se hizo hombre, perfecto hombre, carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre. Y se separa de nosotros, para ir al Cielo. ¿Cómo no echarlo en falta? (Es Cristo que pasa, n. 117).

Como acontecimiento de salvación, la entrada de Cristo resucitado en el Cielo manifiesta nuestro destino definitivo: «Jesucristo, Cabeza de la Iglesia, nos precede en el Reino glorioso del Padre para que nosotros, miembros de su cuerpo, vivamos en la esperanza de estar un día con Él eternamente» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 665). El Papa Francisco, a las pocas semanas de haber sido elegido, nos hacía reflexionar sobre este significado de la Ascensión y sobre sus consecuencias en la vida de cada cristiano. Su punto de partida era la última peregrinación de Jesús a Jerusalén, cuando comprende que se aproxima la Pasión: «mientras sube a la Ciudad santa, donde tendrá lugar su éxodo de esta vida, Jesús ve ya la meta, el Cielo, pero sabe bien que el camino que le vuelve a llevar a la gloria del Padre pasa por la Cruz, a través de la obediencia al designio divino de amor por la humanidad. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que "la elevación en la Cruz significa y anuncia la elevación en la Ascensión al cielo" (n. 662). También nosotros debemos tener claro, en nuestra vida cristiana, que entrar en la gloria de Dios exige la fidelidad cotidiana a su voluntad, también cuando requiere sacrificio, requiere a veces cambiar nuestros programas» (Francisco, Audiencia general, 17-IV-2013).

Comentando estas palabras, el Padre recordaba: no olvidemos, hijas e hijos, que no hay cristianismo sin Cruz, no hay verdadero amor sin sacrificio, y tratemos de ajustar nuestra vida diaria a esta realidad gozosa, porque significa dar los mismos pasos que siguió el Maestro (Javier Echevarría, Carta, 1-V-2013).

En la misma audiencia, el Papa también sacaba una enseñanza del sitio elegido por el Señor para su partida: «la Ascensión de Jesús tiene lugar concretamente en el Monte de los Olivos, cerca del lugar donde se había retirado en oración antes de la Pasión para permanecer en profunda unión con el Padre: una vez más vemos que la oración nos dona la gracia de vivir fieles al proyecto de Dios» (Francisco, Audiencia general, 17-IV-2013).

Jesús se ha ido a los cielos, decíamos. Pero el cristiano puede, en la oración y en la Eucaristía, tratarle como le trataron los primeros doce, encenderse en su celo apostólico, para hacer con Él un servicio de corredención, que es sembrar la paz y la alegría (Es Cristo que pasa, n. 120).

San Lucas destaca que los Apóstoles, tras despedir al Señor, regresaron a Jerusalén con gran alegría (Lc 24, 52). Esa reacción solo se explica por la fe, por la confianza; los discípulos han comprendido que, aunque no verán más a Jesús, «permanece para siempre con ellos, no los abandona y, en la gloria del Padre, los sostiene, los guía e intercede por ellos» (Francisco, Audiencia general, 17-IV-2013).
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<![CDATA[Decenario al Espíritu Santo]]> El Decenario es una antigua costumbre cristiana con la que la Iglesia anima a sus fieles a preparar del mejor modo posible la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés, 7 semanas después de la Resurrección de Jesús.

Ofrecemos algunas oraciones al Espíritu Santo para preparar la fiesta de Pentecostés en formato pdf y epub.

Comienza 10 días antes de la fiesta, es decir, el día de la Ascensión a los cielos. En ese día Jesús prometió a sus discípulos que les enviaría al Paráclito.

El fundador del Opus Dei describe así este momento de la historia de la Iglesia: “pensemos ahora en aquellos días que siguieron a la Ascensión, en espera de la Pentecostés. Los discípulos, llenos de fe por el triunfo de Cristo resucitado y anhelantes ante la promesa del Espíritu Santo, quieren sentirse unidos, y los encontramos cum Maria matre Iesu, con Maria, la madre de Jesús. La oración de los discípulos acompaña a la oración de María: era la oración de una familia unida” (Es Cristo que pasa, n. 141).

Cuenta don Álvaro del Portillo, que “precisamente porque la Tercera Persona de la Trinidad es la menos invocada, nuestro Padre le tenía una devoción especial. No dudo en afirmar que el Padre, en su predicación, fue un gran heraldo de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad”.

“Me contó muchas veces que desde 1926 ó 1927 había vivido con mucha intensidad la devoción a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Todos los años hacía el Decenario al Espíritu Santo, utilizando el libro de Francisca Javiera del Valle. En abril de 1934 compuso una oración al Paráclito que le entregó, manuscrita, a Ricardo Fernández Vallespín, entonces director de la primera Residencia del Opus Dei”.

“El Espíritu Santo realiza en el mundo las obras de Dios: es —como dice el himno litúrgico— dador de las gracias, luz de los corazones, huésped del alma, descanso en el trabajo, consuelo en el llanto. Sin su ayuda nada hay en el hombre que sea inocente y valioso, pues es El quien lava lo manchado, quien cura lo enfermo, quien enciende lo que está frío, quien endereza lo extraviado, quien conduce a los hombres hacia el puerto de la salvación y del gozo eterno” (Es Cristo que Pasa, n.130).]]>
<![CDATA[Miradas a la Virgen]]> El sábado era el día de la Virgen. Sus padres iban a rezar el Santo Rosario, junto a otras familias, a la parroquia de San Bartolomé, y lo llevaban si prometía permanecer tranquilo y portarse bien, lo cual no resultaba nada fácil. Y bajo la misma promesa asistía a la Sabatina: una solemne bendición con el Santísimo Sacramento y el canto de la Salve.

Cuando el niño tuvo más edad, sus padres le enseñaron el rezo del Angelus.

Cada día, al dar el reloj las doce, el Relojerico revoloteaba agitado, recordando a la familia el rezo del Angelus: San Gabriel no le perdonaría este olvido.

Durante el mes de María, todos llevaban flores. El también lo hacía. En su mano, bien apretada, llevaba un ramo de flores y las depositaba él mismo delante de la Señora del Cielo, dirigiendo a la Virgen una mirada sonriente por el audaz detalle que había tenido.

Don José y doña Dolores eran muy piadosos y enseñaron a sus hijos algo que ellos solían vivir: mirar y saludar las imágenes de la Santísima Virgen, en casa o al cruzarse con alguna por la calle.

Josemaría aprendió esto con rapidez y el Relojerico era quien más colaboraba en esta devoción:

—Mírala, Josemaría, dile que la quieres. Ahí, ahí... en el cuadro de la pared!

Así el pequeño se acostumbró a saludar a la Virgen y a dirigirle también una pequeña oración:

"Bendita sea tu pureza... Dulce corazón de María..."

—Y dale también un beso...

Le salía fácil. Lo mismo hacía con doña Dolores; desde pequeño no salía jamás de casa sin acercarse a ella para despedirse con un beso. Y le parecía natural hacer lo mismo con su Madre del Cielo.


Descargar "Miradas a la Virgen" en formato pdf]]>
<![CDATA[Rezar el Santo Rosario]]> Vídeo. San Josemaría, aconsejaba tratar a la Virgen rezando el Santo Rosario, como manifestación de amor.]]> <![CDATA[Para viajar a Roma]]> Si se desea visitar una ciudad sin perderse un rincón es imprescindible tener un buen guía. Conocer la Ciudad Eterna de la mano de san Josemaría puede ayudar a descubrir los mismos lugares que él visitó y que le sirvieron para enraizar su fe en la de los primeros cristianos. Ofrecemos una recopilación en formato epub con los artículos publicados sobre lugares de Roma.]]> <![CDATA[Supérate cada día]]> "Hijo mío no te dé vergüenza ser un pobre cacharro, con defectos, pero lucharemos toda la vida para no tenerlos, hasta el final. Eso es amor"]]> <![CDATA[Un tirón que todos sentimos]]> "A ti te interesará hacer lo más importante y el mejor negocio que tenéis es educar a los hijos"]]> <![CDATA[Sonreír siempre]]> "Tú serás un buen cristiano si sonríes siempre".]]> <![CDATA[Los misterios de la fe]]> La vida de fe no consiste en entenderlo todo porque la razón es limitada y la sabiduría de Dios, infinita. San Josemaría habla de este tema en Santiago de Chile, el 7 de julio de 1974.]]> <![CDATA[San Josemaría es inestimable]]> Me ayuda en todas las dificultades que encuentro en mi vida. Gracias a él los asuntos difíciles se hacen más fáciles. Basta mencionar cariñosamente que me ayudó a encontrar trabajo y a superar una depresión grave. Conocí a personas que me animaron. Gracias a estas oraciones ya sé que las cosas no son tan irremediablemente malas... ¡Que confiemos a Dios y a sus siervos en el cielo y todo saldrá bien! Recemos y todo se nos dará.]]> <![CDATA[Una beca]]> Hace tiempo vengo rezando a Dios por intercesión de san Josemaría para conseguir una beca en una institución importante que me hace mucha ilusión profesional. En 2010 hice un intento que no resultó. No obstante seguí encomendando y en 2015 envié una solicitud para volver a postularme. En una primera instancia quedé desestimada: el jurado era realmente adverso y me objetaban algunos puntos de mi postulación. Empecé -con mucha fe- una novena tras otra a san Josemaría para que me dieran esa beca e hice un nuevo intento: escribí un pedido de reconsideración. En el cuarto día de la séptima novena, fiesta de la Visitación, me escribieron un mail diciendo que me habían concedido la beca. Gracias, san Josemaría.]]> <![CDATA[24.5.1974]]> Durante su estancia en Brasil, en 1974, comenta: “El Señor quiere que estemos en el mundo y que le amemos sin ser mundanos. El Señor [...]]]> <![CDATA[Amar a la Virgen]]> ¿Cómo podemos amar a la Virgen con la misma ternura que los niños?]]> <![CDATA[Cuenta Oficial de Twitter]]> Tweets por el @sJosemaria. !function(d,s,id){var js,fjs=d.getElementsByTagName(s)[0],p=/^http:/.test(d.location)?'http':'https';if(!d.getElementById(id)){js=d.createElement(s);js.id=id;js.src=p+"://platform.twitter.com/widgets.js";fjs.parentNode.insertBefore(js,fjs);}}(document,"script","twitter-wjs"); ]]> <![CDATA[La Eucaristía: Señor, creo que estás ahí]]> Barcelona, 26 de noviembre de 1972. San Josemaría recuerda que Jesús está presente en la Eucaristía. Rezar ante el sagrario es hacer un acto de fe: "Él vive. Señor: sé que vives, que estás ahí escondido por Amor"]]>