Josemaría Escrivá de Balaguer. Fundador del Opus Dei
 

Una petición sencilla, clara y contundente

Hay una mujer humilde, en un precioso pueblecillo andino de Venezuela que, como tantas mujeres de aquellas tierras, tiene en casa su altarcito con estampas de los santos de su devoción y, entre ellas, la de san Josemaría. Aunque no sabe leer, se la leyeron tantas veces que ya la recita de memoria.
Los ejemplos de virtudes que el santo vivió y enseñó, marcaron su vida cristiana, especialmente el amor de caridad con los más necesitados, acompañado de la oración que dirige al Señor por la salud y el bienestar de los enfermos y la conversión de todos los pecadores, tal como le enseñaron.
Cada día, después de rezar el rosario con su hijo, el séptimo de los ocho que viven (tuvo once) decía “san Josemaría, ruega por nosotros”; y después, tomándole de la mano, le llevaba hasta su altarcito y allí rezaba la oración a san Josemaría. Cuando llegaba al “pídase”, señalando al niño suplicaba al santo: éste como tú. Una petición clara, sencilla, contundente, que san Josemaría concedió a la buena madre.
Esta es la historia de la vocación –en la que no duda está implicado san Josemaría– del hijo de esta humilde mujer, el cual un día nos la contó con toda sencillez durante un rato de sobremesa en la residencia en la que vivimos. Es la historia de una petición sencilla, clara y contundente de una madre, que san Josemaría no pudo negar, pues confió siempre en su santa intercesión.


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