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Vestigios de la historia de la Iglesia, siguiendo los pasos de san Josemaría

Lugares de Roma (1)

Etiquetas: Iglesia, Lugares de Roma, Papa
San Josemaría es un buen guía para recorrer muchos lugares de Roma que él visitó para enraizar su fe en la de los primeros cristianos.

- Las catacumbas de san Calixto
- La Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén
- El foro romano
- El Coliseo
- La Via Appia
- La memoria de Pablo
- Las «edicole» de la Virgen
- San Juan de Letrán


El objetivo de estos artículos sobre los Lugares de Roma es conocer un poco mejor los principales vestigios de la historia de la Iglesia que se conservan en la Ciudad Eterna. Lo haremos siguiendo los pasos del Fundador del Opus Dei: acudiendo a sus enseñanzas con el fin de extraer todo el fruto posible del recorrido. Porque para un cristiano, que goza de la luz de la fe, Roma no es sólo una ciudad de gran interés artístico o histórico, sino mucho más: es su Casa, una vuelta a sus orígenes, el escenario de una maravillosa historia –la del Amor infinito de Dios que quiere llegar a la humanidad entera– que será siempre actual y que nos interpela especialmente al comienzo del tercer milenio, cuando todos los hijos de la Iglesia tenemos por delante el reto de la nueva evangelización.

El día 23 de junio de 1946 el fundador del Opus Dei viajó por primera vez a Roma. Este acontecimiento evidencia muchos aspectos de la vida de san Josemaría: su abandono en las manos de Dios y fortaleza heroica para cumplir su Voluntad; su confianza en la Iglesia y su amor al Papa; los sueños de expansión apostólica -que parecían imposibles- y el afán de romanidad: entraña universal, católica, asentada en el fundamento visible de la unidad de la Iglesia, que es Pedro.

Una vez preguntaron a san Josemaría cuándo había pensado por primera vez en viajar a Roma, y su respuesta fue tan concisa como reveladora: "No he pensado nunca venir a Roma. He debido venir, porque el Opus Dei nació romano" (1). En otras ocasiones explicaba con más detalle el sentido de la romanidad de la Iglesia, de la que participa el Opus Dei: "Para mí, Romana es sinónimo de Católica, Universal y Ecuménica" (2), comentaba en 1964 durante un encuentro. Y algunos años más tarde, escribía: "Venero con todas mis fuerzas la Roma de Pedro y de Pablo, bañada por la sangre de los mártires, centro de donde tantos han salido para propagar en el mundo entero la palabra salvadora de Cristo. Ser romano no entraña ninguna muestra de particularismo, sino de ecumenismo auténtico; supone el deseo de agrandar el corazón, de abrirlo a todos con las ansias redentoras de Cristo, que a todos busca y a todos acoge, porque a todos ha amado primero" (3).

La Iglesia de Cristo es romana, porque la Providencia divina dispuso que en Roma estuviese la sede de Pedro, fuente de unidad y garantía de la transmisión del depósito de la fe revelada. Lógico es, por tanto, que los cristianos quieran romanizarse cada vez más, de manera que se cumpla también en cada uno lo que San Josemaría auguraba a algunos de sus hijos recién llegados a la Urbe: "Roma os dejará un zarpazo en el alma, una huella profunda y duradera, si habéis aprovechado bien el tiempo. Y sabréis ser hijos más fieles de la Iglesia, y tener un amor más sobrenatural al Santo Padre" (4).


Notas
AGP: Archivo general de la Prelatura del Opus Dei
1. San Josemaría, AGP, P01, 1968, p. 224
2. San Josemaría, AGP, P01, II-1964, p. 17
3. San Josemaría, Homilía Lealtad a la Iglesia, 4-VI-1972 (publicado en La Iglesia, nuestra Madre)
4. San Josemaría, AGP, P01, 1973, p. 283