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Testimonios

Soy la ventana de mis hijos

Li-hsien Lin es madre de dos niños con autismo y vive en Taipei

20 de mayo de 2009

Etiquetas: Cruz, Enfermedad, Hijos, Matrimonio, Voluntad de Dios
Yi-yun, la tercera de mis hijos, nació un 6 de enero, fiesta de la Epifanía del Señor. No le quitábamos los ojos de encima; especialmente sus hermanas la miraban llenas de asombro. Un día, cuando tenía ya cuatro meses, preparamos la cámara para grabar su cara cuando diera el primer bocado. De pronto, fijó la mirada en un punto y dejó de respirar. Después de un minuto, volvió a la normalidad, como si nada hubiese pasado. La llevamos al hospital, pero no encontraron ningún síntoma de enfermedad. Sin embargo, cuando salíamos de la clínica, se repitió el episodio. La ingresaron en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y, poco después, el doctor le diagnosticó epilepsia.

En ese momento, me sentí incapaz de superar la prueba; pero comprobé que Dios nunca pide más de lo que podemos dar. Mucha gente nos acompañó con sus oraciones y la enfermedad pasó a estar bajo control. Dos meses después, esperábamos nuestro cuarto hijo. Me preocupaba como iba a cuidar de Yi-yun y del nuevo bebé al mismo tiempo. Pero a través de las enseñanzas de san Josemaría había aprendido el significado de omnia in bonum. Me ayudaron especialmente estas palabras suyas de Viacrucis: “Parece que el mundo se te viene encima. A tu alrededor no se vislumbra una salida. Imposible, esta vez, superar las dificultades. Pero, ¿me has vuelto a olvidar que Dios es tu Padre?: omnipotente, infinitamente sabio, misericordioso. El no puede enviarte nada malo. Eso que te preocupa, te conviene, aunque los ojos tuyos de carne estén ahora ciegos. omnia in bonum! ¡Señor, que otra vez y siempre se cumpla tu sapientísima Voluntad!” Lo dejé todo en manos de Dios.

Mientras escribo este artículo, Yi-yun está haciendo un examen para entrar en la escuela primaria. Ya tiene siete años. Cuando nació, yo ya conocía las enseñanzas de san Josemaría y había pedido la admisión al Opus Dei y mi marido había recibido el Bautismo. Del fundador del Opus Dei había aprendido que un hijo es un don de Dios, y efectivamente está siendo un motivo de alegría para todos.
Yi-Yun y su hermano
Yi-Yun y su hermano

Nuestro único hijo varón nació cuando Yi-Yun tenía quince meses. El desarrollo de Yi-yun era más lento de lo normal; a pesar de eso, cuidaba muy bien de su hermanito. Por ejemplo, le daba unas palmaditas en el estómago para que durmiera bien, ¡y funcionaba!
A los dos años, Yi-yun todavía no hablaba; le diagnosticaron un autismo de nivel medio. Mi hijo Yi-zhen también sufre un ligero nivel de autismo. Cuando me dieron el diagnóstico, no podía parar de llorar. Después de unos días, contuve mis lágrimas. Me di cuenta de que soy la ventana de mis hijos, ante un mundo en el que los enfermos parecen no tener cabida.

A los tres años y medio, solamente podía repetir palabras y frases, pero no entendía su significado. Cuando confirmaron el diagnostico, ya no tuve más tiempo para llorar. Lo único que ocupaba mi mente era qué tipo de ayuda necesitaba él y cómo podía dársela. Son dos bendiciones especiales de Dios. Tienen una sencillez angelical, advierten pequeños detalles que los otros pasan por alto, rezan, y pienso que son los predilectos del Señor.

Yi-zhen tiene un sentido del tacto más agudo de lo normal, y sufre frecuentes molestias con cualquier roce. Pero hace ejercicios y lo va superando de a poco. Hace unos días, empecé a toser mientras conducía. De repente, sentí que una manita me golpeaba suavemente en la espalda. Era una señal de simpatía, un gran paso para un niño autista. Nuestros dos niños convierten los detalles corrientes en algo extraordinario, grandioso. Además, hacen que la gente que los trata quieran ser mejores personas.

Los últimos resultados del examen de coeficiente intelectual de Yi-yun muestran que está superando el autismo, aunque todavía sufre una ligera inadecuación mental. Su epilepsia está controlada con los medicamentos. Con la confianza en mi Padre Dios, sé que los medios que pongamos no serán en vano. El maravilloso capítulo de la terapia musical está a punto de comenzar.

La familia Lin
La familia Lin
Al principio pensé que sólo tendría tiempo para cuidar a mis niños. Sin embargo, si me organizo bien, caben otras actividades, de cara a los demás. Así hace unos años, junto con algunas amigas madres de familia, pensando en la gente joven iniciamos un club destinado a niñas de seis a doce años, con el objetivo de ayudarlas a crecer en virtudes. Mi experiencia es un acicate para ayudarlas a prepararse para la vida que ofrece tantas alegrías y también algunas penas, que pueden convertirse en bienes cuando se puede comprender su sentido.