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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
El saltador de pértiga
Juglar a lo divino, escribía de Mons. Escrivá de Balaguer el poeta José Ramón de Dolarea, en un periódico peruano de la ciudad de Piura (El Tiempo, 14 de julio de 1975). Porque ante miles de personas hizo de juglar de Dios, en los años setenta, como le vimos en Barcelona, el 25 de noviembre de 1972:
El gimnasio de la Escuela Deportiva Brafa había sido convertido en auditorio. Cerca de 4.000 personas estaban allí aquella tarde, todas jóvenes. Se sucedían las preguntas. Desde el fondo, uno se refirió al peligro de “volverse blandos, como el requesón”, en vez de ser duros, para poder responder al Señor cuando pide cosas que exigen sacrificio. Y el Fundador del Opus Dei se apoyó en el ejercicio, en el deporte que se hace en Brafa. Y en las recientes Olimpiadas... Se encontraba en tierra italiana, a unos cuatro kilómetros de Suiza, y las veía a veces por televisión.
Empezó a describir – a revivir– las aventuras y desventuras del saltador de pértiga: primero se medía, miraba; luego se concentraba, se relajaba; finalmente saltaba y volvía con la cabeza gacha. Y otro intento, y otro fracaso. Hasta que al fin podía. Los gestos de Mons. Escrivá de Balaguer imitaban, con mucha gracia, los movimientos y las expresiones que tantas veces habíamos visto en los atletas. La gente seguía, entre divertida y embebida, la “representación”. Perdonadme si hago un poco... el juglar de Nuestro Señor. Porque, al final, ;podían! Pues, nosotros, con la gracia de Dios, que es la mejor pértiga, y la única pértiga que tiene el cristiano, nos saltamos lo que sea. Y nos endurecemos. Y hacemos las maravillas que hacen estas criaturas aquí.
No es fácil encontrar un modo más natural, amable, divertido y exigente de urgir a la lucha interior, con don de lenguas, a la gente joven. Ese cuadro del saltador de pértiga es buena muestra de la pedagogía deportiva de la lucha ascética tan característica del espíritu del Opus Dei, del ascetismo sonriente connatural a Mons. Escrivá de Balaguer, a todo auténtico hijo de Dios.
Proponía un modo de esforzarse por hacer la voluntad de Dios que, de hecho, venía a dar un giro copernicano en el planteamiento convencional de la lucha interior. Durante años –incluso, siglos– muchos escritores ascéticos y directores de almas habían de ordinario cargado las tintas en los aspectos negativos del cristianismo. Se insistía demasiado en el cumplimiento del deber a palo seco, por miedo a la sanción divina que todo pecado lleva consigo. Se olvidaba habitualmente, en la práctica, que el cristiano es hijo de Dios, y que un hijo debe a su padre piedad, reverencia, afecto, e incluso temor: pero temor filial –explicaba Mons. Escrivá de Balaguer–, pena por el disgusto que se le da, nunca miedo, en el sentido literal y usual del término.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
El gimnasio de la Escuela Deportiva Brafa había sido convertido en auditorio. Cerca de 4.000 personas estaban allí aquella tarde, todas jóvenes. Se sucedían las preguntas. Desde el fondo, uno se refirió al peligro de “volverse blandos, como el requesón”, en vez de ser duros, para poder responder al Señor cuando pide cosas que exigen sacrificio. Y el Fundador del Opus Dei se apoyó en el ejercicio, en el deporte que se hace en Brafa. Y en las recientes Olimpiadas... Se encontraba en tierra italiana, a unos cuatro kilómetros de Suiza, y las veía a veces por televisión.
Empezó a describir – a revivir– las aventuras y desventuras del saltador de pértiga: primero se medía, miraba; luego se concentraba, se relajaba; finalmente saltaba y volvía con la cabeza gacha. Y otro intento, y otro fracaso. Hasta que al fin podía. Los gestos de Mons. Escrivá de Balaguer imitaban, con mucha gracia, los movimientos y las expresiones que tantas veces habíamos visto en los atletas. La gente seguía, entre divertida y embebida, la “representación”. Perdonadme si hago un poco... el juglar de Nuestro Señor. Porque, al final, ;podían! Pues, nosotros, con la gracia de Dios, que es la mejor pértiga, y la única pértiga que tiene el cristiano, nos saltamos lo que sea. Y nos endurecemos. Y hacemos las maravillas que hacen estas criaturas aquí.
No es fácil encontrar un modo más natural, amable, divertido y exigente de urgir a la lucha interior, con don de lenguas, a la gente joven. Ese cuadro del saltador de pértiga es buena muestra de la pedagogía deportiva de la lucha ascética tan característica del espíritu del Opus Dei, del ascetismo sonriente connatural a Mons. Escrivá de Balaguer, a todo auténtico hijo de Dios.
Proponía un modo de esforzarse por hacer la voluntad de Dios que, de hecho, venía a dar un giro copernicano en el planteamiento convencional de la lucha interior. Durante años –incluso, siglos– muchos escritores ascéticos y directores de almas habían de ordinario cargado las tintas en los aspectos negativos del cristianismo. Se insistía demasiado en el cumplimiento del deber a palo seco, por miedo a la sanción divina que todo pecado lleva consigo. Se olvidaba habitualmente, en la práctica, que el cristiano es hijo de Dios, y que un hijo debe a su padre piedad, reverencia, afecto, e incluso temor: pero temor filial –explicaba Mons. Escrivá de Balaguer–, pena por el disgusto que se le da, nunca miedo, en el sentido literal y usual del término.
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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
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