Testimonios

¿San Josemaría? Una persona "realizada"
Małgorzata Burta es de Siedlce, Polonia. Ha estudiado Filología Polaca y trabaja en la universidad
Siedlce, Polonia, 25 de julio de 2011
Me encontré con el mensaje de San Josemaría gracias a una amiga mía. Era antes de su beatificación, en el Centro del Opus Dei que había en la calle Piękna, en Varsovia. Me gustaba verla tan comprometida y, a la vez, me despertaba una cierta intriga.Como estudiante de filología y cultura polacas, enseñaba polaco a extranjeros. Así fui a parar a la calle Piękna. Me sorprendía que mi nueva alumna estuviera tan bien preparada, que se empeñara con tanto entusiasmo y sin quejas en la intrincada gramática, y que venciera las dificultades fonéticas de nuestro idioma. En el fondo, era yo quien más estaba aprendiendo pues me enseñaba a trabajar a conciencia, con puntualidad y laboriosidad, con generosidad...

Para mí todos los libros de San Josemaría tienen un subtítulo invisible: "Camino", porque invitan a un constante caminar, a avanzar en la vida interior.
En su momento me ayudó mucho la lectura de Camino. Y supuse que haría un bien recomendándolo: son pensamientos cortos que no asustan al esforzado estudiante, que no tiene tiempo ni ganas de profundizar gruesos tratados teológicos. Camino hace que, sin darnos cuenta, disminuyamos nuestro aceleramiento, reflexionemos e intentemos simplificar los senderos de nuestro ajetreo diario, para que nos lleven más cerca de Dios. Para mí todos los libros de San Josemaría tienen un subtítulo invisible –Camino – porque invitan a un constante caminar, a avanzar en la vida interior. En sus hojas se entrevé el fulgor de la nostalgia de Dios, que a su vez nos contagia. Fluye de él un estímulo para llegar a la cumbre y –lo que es tan importante– contiene concretos consejos sobre como enfrentarse con lo cotidiano de modo que nos conduzca a la santidad.
El autor de Camino me ha enseñado la importancia de trazarme un horario, en el que incluyo momentos fijos para una oración personal recogida y para la Santa Misa. También, a saber a Quién acudir para buscar ayuda, en Quién centrar la vida. De esta forma las circunstancias de mi vida –la preocupación por mi familia, la pasión científica y didáctica– se llenan de sentido sobrenatural.
Cuando miro la estampa de San Josemaría puesta como marca en un libro o dejada sobre el escritorio al lado de una agenda o del teclado del ordenador, veo una persona sonriente, “realizada”, que sin palabras y pacientemente me anima: ¡vale la pena!

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