Bajo su impulso
Salud y Familia en Venezuela
Con ese empeño, el Centro Educativo Asistencial CEA, primer "embrión" de Salud y Familia, extendió su labor a la prestación de una amplia gama de servicios educativos y médicos y organizaron cursos de capacitación laboral y de formación humana y cristiana. Es así como nace INCAINFA, Instituto de Capacitación Integral para la Familia.
Nélida fue atendida desde niña en Salud y Familia. Ahora lleva ahí a sus hijos, no sólo por la calidad de los servicios médicos que se prestan: «la salud que he recibido —asegura—, no sólo es física: ya bauticé a mi segunda hija. ¡Cuánto bien se está haciendo en INCAINFA!, por eso, lo recomiendo primero a mi familia, y también lo he dado a conocer entre mis amistades».
La doctora Teresa Gómez, gineco-obstetra, cuenta que, para disuadir a algunas mujeres embarazadas que llegaban con la intención de abortar, compraron un equipo de ecosonografía tridimensional que les permitiera ver con toda claridad el ser humano que se gestaba en su seno. No podían limitarse a decirles que allí no se practicaban abortos. Gracias a ese aparato, muchas mujeres han decidido llevar a término su embarazo.
Salud y Familia cuenta con tres centros que prestan atención de tipo ambulatorio en Baruta, Catia la Mar y Plaza Morelos. Sus prioridades son la medicina preventiva y social, y la educación del núcleo familiar.
Para entender la puesta en marcha de Salud y Familia, hay que remontarse al año 1975, cuando San Josemaría Escrivá de Balaguer estuvo en Venezuela. «En varias oportunidades comentó su deseo de que en nuestro trabajo apostólico no olvidáramos los ranchitos, lugares donde viven muchas personas que llegan a la capital a buscar trabajo y con la ilusión de mejorar sus condiciones de vida», explica el doctor Juan Carlos Otero.
El doctor George Simon, cirujano, considera muy importante hacer amable al paciente su paso por los distintos servicios de cada centro. También en eso se ha de notar el respeto a la dignidad de la persona humana. «Cobramos a los pacientes según sus posibilidades, así reconocen el trabajo realizado y aprenden a destinar cierta parte de su presupuesto a la salud familiar; de este modo, además, se llega a un amplio abanico de personas de diversos estratos». George es protestante y acude al Centro de Educación para la Familia y el Trabajo (CEFT). Afirma que procura incorporar a su vida la orientación en valores y principios que allí recibe, porque le ayuda a ejercer su profesión con mayor responsabilidad.
Natividad, que trabaja como enfermera en Salud y Familia, dice que en estos centros se procura un ambiente acogedor, digno, agradable y limpio, así como el buen trato y la atención de cada paciente: que no encuentren una barrera al entrar, sino que, al contrario, se sientan acogidos desde un principio.
Las sesiones de orientación familiar, dedicadas a la atención de casos particulares, abren a muchas familias un panorama amplísimo que les ayuda a educar a sus hijos y mejorar el ambiente de sus hogares.
El área de psicopedagogía siempre está llena. El Programa de Prevención de la Deserción Escolar brinda atención médica, psicopedagógica y de orientación familiar a niños y niñas (y sus familias) con alta probabilidad de desertar del sistema educativo. Mientras se atiende a los niños los padres reciben también orientación. «Desde hace cuatro meses no se oye un grito en mi casa, afirma Yelitza. Mi vida ha cambiado, antes pensaba que para que mis hijos me obedecieran debía hablarles en voz alta, con amenazas; ahora entiendo —lo he aprendido aquí— que la autoridad se ejerce con el ejemplo y la constancia. Atenerme a eso me está costando mucho».
Un laboratorio de productos médicos buscaba una institución que se ocupara de un proyecto que, a largo plazo, apoyara a aquellas familias que lo habían perdido todo. Había que rehabilitar a esas personas, haciéndoles recobrar nuevamente la alegría.
Gracias a la ayuda de dicho laboratorio, Salud y Familia llevó a cabo un proyecto de rehabilitación del estrés postraumático, que incluía un tratamiento psiquiátrico y una adecuada administración de medicamentos no dependientes. El número de pacientes que asistía al centro ubicado en Catia la Mar fue en aumento: «se hizo una gran labor —recuerda el doctor Otero—; más de un tercio de la población estaba afectada. El proyecto está en marcha desde hace varios años. Hay menos cantidad de pacientes, lo que nos ha permitido emprender atención médica para otras necesidades de la zona».
Los directivos del dispensario consideran que lo prioritario es la gente con la que trabajan; son ellos quienes sacan adelante la labor, con su trabajo y su compromiso social.
Más información: www.saludyfamilia.org.ve
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