San Josemaría Escrivá
La Vida

Recomenzar

Etiquetas: Camino, Esperanza, Guerra civil, Administración
Al terminar el paso de los Pirineos, tras una breve estancia en Pamplona, se estableció en Burgos. Desde allí, en un país devastado y en medio de muchas estrecheces, desarrolló un intenso apostolado.

San Josemaría ante los escombros de la academia DYA
San Josemaría ante los escombros de la academia DYA
En Burgos alquiló un cuarto en un hotel modesto. Desde allí, en medio de muchas estrecheces materiales, desarrolló un intenso apostolado, y puso los medios para entrar en contacto de nuevo con las personas a las que trataba apostólicamente en Madrid y a las que el conflicto había dispersado. Muchos habían sido movilizados por uno u otro de los ejércitos en guerra. A pesar de sus carencias económicas y en un país devastado, con muchos puentes derruidos y las vías de comunicación fuertemente dañadas, hizo largos viajes.

Algunos viajaban hasta Burgos para hablar con él, aprovechando breves permisos militares. San Josemaría les confortaba, abriéndoles grandes horizontes. “Tenía la costumbre de salir de paseo por la orilla del Arlanzón, mientras conversaba con ellos, mientras oía sus confidencias, trataba de orientarles con el consejo oportuno que les confirmara o les abriera horizontes nuevos de vida interior; y siempre, con la ayuda de Dios les animaba, les estimulaba, les encendía en su conducta de cristianos. A veces, nuestras caminatas llegaban al monasterio de las Huelgas, y en otras ocasiones nos escapábamos a la Catedral.

Me gustaba subir a una torre, para que contemplaran de cerca la crestería, un auténtico encaje de piedra, fruto de una labor paciente, costosa. En esas charlas les hacía notar que aquella maravilla no se veía desde abajo. Y para materializar lo que con repetida frecuencia les había explicado, les comentaba: ¡esto es el trabajo de Dios, la obra de Dios!: acabar la tarea personal con perfección, con belleza, con el primor de estas delicadas blondas de piedra”.

Apóstol de apóstoles

Les hacía soñar con el fecundo servicio a la Iglesia que prestaría el Opus Dei, cuando el Señor los esparciese por los cinco continentes, y pensaba ya en personas concretas para comenzar en diversos países. “Hacíamos tú y yo nuestra oración, cuando caía la tarde. Cerca se escuchaba el rumor del agua. —Y, en la quietud de la ciudad castellana, oíamos también voces distintas que hablaban en cien lenguas, gritándonos angustiosamente que aún no conocen a Cristo. Besaste el Crucifijo, sin recatarte, y le pediste ser apóstol de apóstoles”.

Viajó para hablar de la Obra a muchos obispos, y de ellos todos recibió cariño y estímulo. Mientras tanto, iba consiguiendo objetos litúrgicos y todo lo que pudiera servir para recomenzar la labor en Madrid en cuanto fuera posible. Sobre todo pedía libros, consciente de que había que llevar a Cristo los diversos campos del saber, del arte y la cultura.

Tesis, viajes, correspondencia

Pero sobretodo predicó con el ejemplo. Había perdido, a causa de los azares de la guerra, todo el material que había preparado para su tesis doctoral; sin embargo, no se desalentó: inició una nueva tesis, con un tema distinto. Al mismo tiempo, mantenía una amplia correspondencia con las personas del Opus Dei, los que habían participado en sus apostolados, amigos y conocidos. Cartas llenas de esperanza cristiana donde les transmitía su optimismo y su afecto paternal. Pero, ¿hasta cuándo iba a durar aquella espera? San Josemaría la condimentaba con mortificaciones, ayunos, penitencias muy severas, y con su decisión de abandonar en el Señor toda preocupación económica. Los escasos ingresos que entre todos podían reunir no alcanzaban ni para sobrevivir.

De nuevo en Madrid

Al fin pudo regresar a Madrid el 28 de marzo de 1939. Descubrió que la residencia DYA, que había puesto en marcha con tantos sacrificios, estaba completamente en ruinas. Conmovido, encontró entre los escombros una cartela que se había salvado de las rapiñas y bombardeos, en la que había hecho poner las palabras del Mandamiento nuevo: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”.
San Josemaría con algunos universitarios que frecuentaban la residencia
San Josemaría con algunos universitarios que frecuentaban la residencia

Recomenzó, con esperanza y espíritu de sacrificio, una nueva residencia, a la que se trasladó con su madre y sus hermanos. Doña Dolores y Carmen Escrivá se ocuparon de la administración doméstica, y a ellas se debe, en muy buena parte, el ambiente familiar, el calor de hogar que tienen los centros del Opus Dei. En junio predicó un curso de retiro para estudiantes cerca de Valencia, que supuso un gran impulso para la labor de la Obra en aquella ciudad. En el mes de septiembre, en Valencia, se editó Camino. Fueron llegando muchas personas que deseaban entregarse a Dios por entero en el Opus Dei, viviendo su vocación cristiana en el ámbito familiar o en el celibato apostólico. Continuó la expansión por otras ciudades españolas; deseaba comenzar lo antes posible en nuevos países, pero la difícil situación europea, que presagiaba la II Guerra Mundial, le obligó, de nuevo, a retrasar la expansión apostólica.