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Preguntas y Respuestas

¿Creo en Dios, uno y trino?

Etiquetas: Fe, Dios, Trinidad
¿Cómo es Dios? La Santísima Trinidad es el misterio de Dios en sí mismo, el misterio central de la fe y de la vida cristiana. ¿Qué significa en la práctica decir Creo en Dios Uno y Trino? ¿Cómo distinguir y tratar a cada una de las Tres Personanas divinas?

1. ¿Qué significa "Creo en Dios"?
La afirmación "Creo en Dios" es la más importante: la fuente de todas las demás verdades sobre el hombre y sobre el mundo y de toda la vida del que cree en Dios. Creer en Dios, significa creer lo que Dios ha revelado.

Dios, en su bondad y sabiduría, se revela al hombre. Por medio de acontecimientos y palabras, se revela a sí mismo y especialmente se ha dado a conocer a través del Verbo encarnado, su Hijo Jesucristo, hecho Hombre, para abrir el camino que lleva a gozar definitivamente de Dios en el
Cielo.

En la práctica creer en Dios significa para el hombre adherirse a Dios mismo, confiando plenamente en Él y dando pleno asentimiento a todas las verdades por Él reveladas, porque Dios es la Verdad.

Significa creer en un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Contemplar el misterio

Es necesario dejar que esas verdades de nuestra fe vayan calando en el alma, hasta cambiar toda nuestra vida. ¡Dios nos ama!: el Omnipotente, el Todopoderoso, el que ha hecho cielos y tierra.
Dios se interesa hasta de las pequeñas cosas de sus criaturas: de las vuestras y de las mías, y nos llama uno a uno por nuestro propio nombre. Esa certeza que nos da la fe hace que miremos lo que nos rodea con una luz nueva, y que, permaneciendo todo igual, advirtamos que todo es distinto, porque todo es expresión del amor de Dios.
Nuestra vida se convierte así en una continua oración, en un buen humor y en una paz que nunca se acaban, en un acto de acción de gracias desgranado a través de las horas (Es Cristo que pasa, 144).

2. ¿Cómo es Dios?
Dios es Uno y Trino. Un solo Dios y tres Personas divinas: Padre, Hijo y Espiritu Santo. La Santísima Trinidad es el misterio de Dios en sí mismo, el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina.

Una representación de la Santísima Trinidad que se encuentra en la Cripta de la Iglesia Prelaticia de Santa María de la Paz. La pintura se inspira en un cuadro que se encuentra en la catedral de Amiens: cuando san Josemaría pasó por esa ciudad, le gustó la imagen y la hizo fotografiar; ese mismo año, también trajo fotos de otra muy semejante que se conserva en la catedral de Canterbury.
Una representación de la Santísima Trinidad que se encuentra en la Cripta de la Iglesia Prelaticia de Santa María de la Paz. La pintura se inspira en un cuadro que se encuentra en la catedral de Amiens: cuando san Josemaría pasó por esa ciudad, le gustó la imagen y la hizo fotografiar; ese mismo año, también trajo fotos de otra muy semejante que se conserva en la catedral de Canterbury.
Sólo Dios es, desde siempre y por siempre, el que transciende el mundo y la historia. Él es el creador de todas las cosas, quien ha hecho cielo y tierra. Él es el Dios fiel, siempre cercano a su pueblo para salvarlo. Él es el Santo por excelencia, «rico en misericordia» (Ef 2, 4), siempre dispuesto al perdón. Dios es el Ser espiritual, trascendente, omnipotente, eterno, personal y perfecto. Él es la verdad y el amor.

Contemplar el misterio

Si recorréis las Escrituras Santas, descubriréis constantemente la presencia de la misericordia de Dios: ‘llena la tierra’, se extiende a todos sus hijos, ‘super omnem carnem; nos rodea, nos antecede, se multiplica para ayudarnos’, y continuamente ‘ha sido confirmada’. Dios, al ocuparse de nosotros como Padre amoroso, nos considera en su misericordia: una misericordia ‘suave, hermosa como nube de lluvia’.
¡Qué seguridad debe producirnos la conmiseración del Señor! ‘Clamará a mí y yo le oiré, porque soy misericordioso’. Es una invitación, una promesa que no dejará de cumplir (Es Cristo que pasa, n. 7)

Parece que el mundo se te viene encima. A tu alrededor no se vislumbra una salida. Imposible, esta vez, superar las dificultades.
Pero, ¿me has vuelto a olvidar que Dios es tu Padre?: omnipotente, infinitamente sabio, misericordioso. El no puede enviarte nada malo. Eso que te preocupa, te conviene, aunque los ojos tuyos de carne estén ahora ciegos.
Omnia in bonum! ¡Señor, que otra vez y siempre se cumpla tu sapientísima Voluntad! (Vía Crucis).

3. ¿Qué significa el misterio de la Santísma Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo?
La fe católica es ésta: que veneremos un Dios en la Trinidad y la Trinidad en la unidad, no confundiendo las Personas, ni separando las substancias; una es la persona del Padre, otra la del Hijo, otra la del Espíritu Santo; pero del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo una es la divinidad, igual la gloria, coeterna la majestad.
No hay más que un solo Dios, el Padre todopoderoso y su Hijo único y el Espíritu Santo.

Contemplar el misterio
El corazón necesita distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas. De algún modo, es un descubrimiento, el que realiza el alma en la vida sobrenatural, como los de una criaturica que va abriendo los ojos a la existencia. Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo; y se somete fácilmente a la actividad del Paráclito vivificador, que se nos entrega sin merecerlo: ¡los dones y las virtudes sobrenaturales! (Amigos de Dios, 306)

Aprende a alabar al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Aprende a tener una especial devoción a la Santísima Trinidad: creo en Dios Padre, creo en Dios Hijo, creo en Dios Espíritu Santo; espero en Dios Padre, espero en Dios Hijo, espero en Dios Espíritu Santo; amo a Dios Padre, amo a Dios Hijo, amo a Dios Espíritu Santo. Creo, espero y amo a la Trinidad Beatísima.
—Hace falta esta devoción como un ejercicio sobrenatural del alma, que se traduce en actos del corazón, aunque no siempre se vierta en palabras (Forja, 296).

4. ¿Qué consecuencias tiene creer en un solo Dios?
Creer en Dios, el Único, comporta: conocer su grandeza y majestad; vivir en acción de gracias; confiar siempre en Él, incluso en la adversidad; reconocer la unidad y la verdadera dignidad de todos los hombres, creados a imagen de Dios; usar rectamente de las cosas creadas por Él.

Contemplar el misterio
Esa es la gran osadía de la fe cristiana: proclamar el valor y la dignidad de la humana naturaleza, y afirmar que, mediante la gracia que nos eleva al orden sobrenatural, hemos sido creados para alcanzar la dignidad de hijos de Dios. Osadía ciertamente increíble, si no estuviera basada en el decreto salvador de Dios Padre, y no hubiera sido confirmada por la sangre de Cristo y reafirmada y hecha posible por la acción constante del Espíritu Santo ( Es Cristo que pasa, 133).

Un bajorrelieve que representa simbólicamente –y de modo pedagógico– el misterio trinitario. El modelo se halla en Calais: san Josemaría lo vio en 1959 y quiso que se reprodujera en la Cripta de la Iglesia de Santa María de la Paz
Un bajorrelieve que representa simbólicamente –y de modo pedagógico– el misterio trinitario. El modelo se halla en Calais: san Josemaría lo vio en 1959 y quiso que se reprodujera en la Cripta de la Iglesia de Santa María de la Paz
5. Si Creer es tener fe en Dios, ¿qué es la fe?
La fe, don gratuito de Dios, accesible a cuantos la piden humildemente, es la virtud sobrenatural necesaria para salvarse. El acto de fe es un acto humano, es decir un acto de la inteligencia del hombre, el cual, bajo el impulso de la voluntad movida por Dios, asiente libremente a la verdad divina. Además, la fe es cierta porque se fundamenta sobre la Palabra de Dios; «actúa por medio de la caridad» (Ga 5,6); y está en continuo crecimiento, gracias, particularmente, a la escucha de la Palabra de Dios y a la oración. Ella nos hace pregustar desde ahora el gozo del cielo.


Contemplar el misterio
La historia no está sometida a fuerzas ciegas ni es el resultado del acaso, sino que es la manifestación de las misericordias de Dios Padre. Los pensamientos de Dios están por encima de nuestros pensamientos, dice la Escritura, por eso, confiar en el Señor quiere decir tener fe a pesar de los pesares, yendo más allá de las apariencias. La caridad de Dios –que nos ama eternamente– está detrás de cada acontecimiento, aunque de una manera a veces oculta para nosotros.

Cuando el cristiano vive de fe –con una fe que no sea mera palabra, sino realidad de oración personal–, la seguridad del amor divino se manifiesta en alegría, en libertad interior. Esos nudos que atenazan a veces el corazón, esos pesos que aplastan el alma, se rompen y se disuelven. Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? . Y la sonrisa viene enseguida a los labios. Un hijo de Dios, un cristiano que viva vida de fe, puede sufrir y llorar: puede tener motivos para dolerse; pero, para estar triste, no (Las riquezas de la fe).


Para saber más:
Catecismo de la Iglesia Católica: Dios Padre, Dio Hijo y Dios Espíritu Santo
Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio