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Testimonios

Bohemio y sin chapuzas

Miguel Aranguren es novelista y padre de cuatro hijos.

19 de noviembre de 2011

Etiquetas: Belleza, Juventud, Trabajo, Profesión
Soy escritor, novelista, articulista de opinión; estoy casado y tengo cuatro hijos. Me dedico a una profesión preciosa que se concreta en contar historias. He tenido la suerte de nacer en un hogar cristiano que estuvo impregnado, con mucha naturalidad, de la predicación de san Josemaría. Digo lo de “mucha naturalidad” porque más que de forma teórica, mis padres vivían el mensaje de sobre la santidad en medio de lo ordinario.

La profesión de "pellizcar el alma"
Además de escritor, Miguel pinta acuarelas, como ésta
Además de escritor, Miguel pinta acuarelas, como ésta
Una de las cosas que me llamaron la atención de este mensaje -a mí, una persona dedicada a una labor bohemia- es que a Dios no se le pueden ofrecer cosas mal hechas. Uno ha de reconocer los dones que ha recibido del cielo, de forma gratuita, y saber sacarles el máximo provecho.

Poco después, cuando descubrí que lo mío era contar historias en papel, me di cuenta de que tampoco allí podía ofrecer chapuzas. Las novelas, dentro de mis posibilidades, debían llevar el máximo de talento para convertir esos papeles en un servicio a los demás. Quería que ningún lector se quedara indiferente después de leer una de mis novelas: que los personajes, la ambientación, la acción... de alguna manera les pellizcara el alma y que les hiciera sentirse un poquito mejor personas.

La posibilidad que tenemos los cristianos de entrelazar nuestro trabajo con la Voluntad de Dios es como poder encender la hogera del
joven Abel
y perfumar el cielo, con el deseo de dar gloria a Dios, acabando bien las cosas, de hacer primero aquello que cuesta un poquito más, de trabajar para servir...

He visto cómo nunca se envejece
También me llamó la atención descubrir que san Josemaría era un hombre joven. Yo lo conocí a través de las tertulias filmadas, es decir, cuando empezaba a ser mayor. Ahí comprendí que la juventud no es una cuestión de edad sino de corazón enamorado. Es decir, que las personas que encuentran un motivo por el cual jugarse la vida, son personas que no envejecen nunca.
"Atardecer en Praga"

Me he encontrado con personas muy mayores en el Opus Dei que son entusiastas como los más jóvenes. O personas de pocos años que apenas acabaron la carrera se han marchado
a trabajar a otros países
, países del frío por ejemplo, a derretir aquellas nieves poniendo amor de Dios en su trabajo. Allí donde reina la indiferencia ellos ofrecen la calidez de su amistad.

He visto también la juventud de la que san Josemaría hacía vida, en muchísimos hogares. Procuro que también brille un poco en mi casa y que sean de verdad un hogar divertido, donde lo que más suene sea la carcajada y lo que más valor tenga sea el juego de los niños, el tiempo de la familia, el tiempo de los consejos.
El autor ha ilustrado el libro
El autor ha ilustrado el libro "El arca de la isla" con sus propios dibujos

También he visto en los moribundos cómo convierten esa situación en antesala del cielo y agonizan jóvenes, mueren jóvenes con la ilusión de que su dolor cobre sentido. Vi cómo pasan de la tierra al cielo muriendo de amor.

Sueña, tú también puedes escribir
He tenido la suerte de publicar una novela siendo muy joven. Teniendo 19 años ya dedicaba novelas en las ferias, y recibía buenas críticas en los medios de comunicación. Eso me hizo pensar que aquello era un don y que llegado el momento debería ponerlo al servicio de los demás. Otra vez el trabajo entendido como servicio.

Entonces puse en marcha “excelencia literaria” para alentar en otros adolescentes los deseos de contar historias en papel, calentar vocaciones literarias y decirles: sueña, tú también puedes escribir. Tengo la esperanza de encontrar jóvenes escritores que sean capaces de trascender el oficio literario devolverlo a su origen. Un escritor es un faro que ha de iluminar el mundo a través de lo entretenidas que son sus novelas y de los valores humanos que ofrece.