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¿Santidad? Cosas pequeñas
J. López

Éste es también el sencillo camino de santidad que propone San Josemaría: “¿Quieres de verdad ser santo? –Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces” (Camino, 815).
Las palabras anteriores muestran dos exigencias de la santidad: una material (“haz lo que debes”: cumplir el pequeño deber de cada momento, y cumplirlo sin retrasos: hodie, nunc, hoy, ahora) y otra formal (“está en lo que haces”: cumplirlo con perfección y empeño, por amor a Dios). Estas dos exigencias confluyen en una sola: el cuidado amoroso de las cosas pequeñas. Porque, en la práctica, los propios deberes no son cosas materialmente grandes sino “pequeños deberes” de cada momento; y porque la perfección de su cumplimiento consiste también en “cosas pequeñas” (en actos de virtud en cosas pequeñas).
El infinito valor de "lo pequeño"

Materializar la grandeza interior

Ante todo, no hay que imaginar las “cosas pequeñas” principalmente como realidades externas a nosotros. Por ejemplo, en el caso de “una puerta abierta que debería estar cerrada”, la “cosa pequeña” no es la puerta abierta, sino el acto de cerrarla practicando la virtud del orden por amor a Dios. Es decir, las “cosas pequeñas” son ante todo actos virtuosos interiores, que se califican de “pequeños” no por la intensidad del acto (que como tal puede ser muy grande), sino por algún otro motivo, como su poca duración o su escasa relevancia en el plano humano (como sucede con muchos detalles de orden, independientemente de que, además, puedan tener notables consecuencias: piénsese en lo que puede suponer dejar mal cerrada la puerta de un frigorífico).
Cuando San Josemaría habla de la importancia de las “cosas pequeñas”, se refiere unas veces a “cosas pequeñas espirituales” que son actos únicamente interiores, aunque se realicen con ocasión de actividades externas (por ejemplo, decir una jaculatoria al cerrar una puerta, o renovar en el corazón el ofrecimiento del trabajo a Dios); otras veces, en cambio, piensa en “cosas pequeñas materiales”: actos que tienen por objeto un detalle exterior que contribuye a mejorar objetivamente el estado de cosas a nuestro alrededor, aunque sea en grado mínimo (por ejemplo, arreglar un desperfecto, para servir a los demás por amor a Dios).
Despacito y buena letra...

Ese interés está presente de continuo en los textos de San Josemaría. Ya hemos visto antes que enseña a “estar en lo que haces”; otras veces exhorta a realizar con perfección las propias tareas hasta poner “la última piedra” ; a “dejar las cosas acabadas, con humana perfección” , de modo que sea una “labor primorosa, acabada como una filigrana, cabal” , y recuerda en este sentido los versos de un poeta de Castilla: “el hacer las cosas bien / importa más que el hacerlas” .
Artículo completo en pdf
Fuente: www.collationes.org
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