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Relatos biográficos

¡Ni de broma!

Etiquetas: 14 de febrero, Opus Dei, Mujer
Desde aquel 2 de octubre de 1928 la vida de san Josemaría sólo tenia un sentido: cumplir la Voluntad de Dios; ser instrumento fiel para abrir aquel camino de santidad en medio del mundo que Dios le había encomendado: un camino de santidad para los cristianos corrientes, por medio del trabajo. Se han abierto —decía— los caminos divinos de la tierra; y explicaba: Simples cristianos. Masa en fermento. Lo nuestro es lo ordinario, con naturalidad. Medio: el trabajo profesional. ¡Todos santos!

Un camino de santidad que pensaba que era sólo para hombres. Nunca habrá mujeres —ni de broma— en el Opus Dei, escribió a comienzos de febrero de 1930. Sin embargo, el 14 de febrero, mientras celebraba la Santa Misa, descubrió otro aspecto decisivo de aquel querer divino: en contra de lo que había pensado desde el principio, Dios quería que hubiera mujeres en su Obra.

Era como si aquella primera luz que había recibido menos de año y medio antes, el 2 de octubre de 1928, hubiese sido tan poderosa, tan cegadora, que no le hubiese permitido captar, a causa de su resplandor, algunos perfiles decisivos "el querer de Dios. Ahora, acostumbrados ya sus ojos a esa luz, Dios le mostraba unas perspectivas insospechadas.

Aquel 14 de febrero de 1930, el Señor hizo que sintiera lo que experimenta un padre que no espera ya otro hijo, cuando Dios se lo manda. Y, desde entonces, me parece que estoy obligado a teneros mas afecto — comentaba a sus hijas en el Opus Dei—: os veo como una madre ve al hijo pequeño.

Este modo de actuar, es típicamente divino: Dios suele darnos a conocer su Voluntad paulatinamente, muchas veces envuelta en la penumbra, para que ejercitemos la virtud de la fe. Muestra primero un aspecto de su querer; luego otro; luego otro... Es una manifestación de la profunda sabiduría de Dios y de su paciente pedagogía con los hombres.

Si —en 1928— hubiera sabido lo que me esperaba —comentaba San Josemaría muchos años más tarde—, hubiera muerto: pero Dios Nuestro Señor me trató como a un niño: no me presentó de una vez todo el peso, y me fue llevando adelante poco a poco...