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Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa

Etiquetas: Santo Rosario, Virgen, devoción, Santuario Mariano
1830. El panorama político francés y, sobre todo, la mentalidad de la gente han cambiado mucho desde la Revolución francesa de 1789. Sin embargo, el clima en el país es cada vez más tenso. En medio de estas vicisitudes internas, la voz de la Santísima Virgen se hace oír: venid al pie de este altar, aquí las gracias serán derramadas sobre todos.

Santa María se apareció a Catalina Labouré, joven de veinticuatro años que acababa de empezar el noviciado en las Hijas de la Caridad, en aquel lejano 19 de julio de 1830
Santa María se apareció a Catalina Labouré, joven de veinticuatro años que acababa de empezar el noviciado en las Hijas de la Caridad, en aquel lejano 19 de julio de 1830
La invitación urgente de Nuestra Madre en su primera aparición en la Rue du Bac ha sido acogida por millones de personas, de culturas y orígenes diversísimos, que se arrodillan a los pies de La Milagrosa, en una capilla situada en pleno corazón de la capital francesa.
Pero, ¿a quién y por qué se apareció Santa María en aquel lejano 19 de julio de 1830? Catalina Labouré era por entonces una joven de veinticuatro años que acababa de empezar el noviciado en las Hijas de la Caridad, una institución fundada por San Vicente de Paúl, con la misión de ocuparse de los enfermos y ancianos.

Lo que en esos momentos le dijo la Santísima Virgen, lo puso Catalina por escrito en 1876, pocos meses antes de morir: el buen Dios, hija mía, quiere encargarte una misión. Será causa de muchas tribulaciones, pero las superarás pensando que lo haces por la Gloria de Dios. Te perseguirán pero no te faltará mi gracia, no tengas miedo. Verás ciertas cosas de las que tendrás que informar, pero yo te inspiraré en la oración el modo de hacerlo.
Los tiempos son malos. En el mundo entero ocurrirán desgracias de toda clase.


El mensaje de la Virgen indicaba el remedio: venid al pie de este altar. Aquí, las gracias serán derramadas sobre todas las personas que las pidan con confianza y piedad. Se derramarán sobre grandes y pequeños.

Don José Escrivá, padre de San Josemaría, le inculcó la devoción a la Medalla de la Virgen Milagrosa
Don José Escrivá, padre de San Josemaría, le inculcó la devoción a la Medalla de la Virgen Milagrosa
Durante una segunda aparición, el 27 de noviembre de 1830, sábado, víspera del primer domingo de Adviento, Catalina ve a la Virgen y alrededor de Ella un halo, sobre el que aparece escrito en caracteres de oro: Oh, María, sin pecado concebida, rogad por nosotros, que recurrimos a Vos. Y un deseo de Santa María: haz grabar una medalla según este modelo. Las personas que la lleven recibirán grandes gracias; las gracias serán muy abundantes para todos aquellos que tengan confianza.

Las primeras medallas son difundidas en mayo de 1832 y los frutos no se hacen esperar. A partir de ese momento, se atribuyen a la Medalla Milagrosa -así llamada por la devoción popular- numerosas conversiones y curaciones.

La vida de Catalina después de las apariciones es discreta y escondida. Vive cuarenta y seis años en un asilo-hospital en las afueras de París, encargándose siempre de humildes menesteres. Muere el 31 de diciembre de 1876, a los setenta años. Pío XII la canonizó el 27 de julio de 1947. Su fiesta se celebra el 28 de noviembre.

San Josemaría y la Virgen de la Medalla Milagrosa

Durante su vida San Josemaría fue a París varias veces para rezar en la Rue du Bac a la Virgen de la Medalla Milagrosa
Durante su vida San Josemaría fue a París varias veces para rezar en la Rue du Bac a la Virgen de la Medalla Milagrosa
Dios inspiró el Opus Dei a San Josemaría mientras hacía su retiro espiritual precisamente en la casa de los Padres Paúles junto a la iglesia conocida como La Milagrosa, en uno de los ángulos que forman las calles Fernández de la Hoz y García de Paredes, en Madrid.

Durante su vida San Josemaría fue a París varias veces para rezar en la Rue du Bac a la Virgen de la Medalla Milagrosa.

Esta advocación está unida a dos hechos de la historia del Opus Dei.

En la fiesta de la Virgen de la Medalla Milagrosa, el 27 de noviembre de 1924, falleció don José Escrivá, padre de san Josemaría después de rezar un momento ante la imagen que tenían en casa. Don José tenía una gran devoción a Nuestra Señora, especialmente bajo la advocación de la Medalla Milagrosa. De él recibió San Josemaría esa devoción.

También un 27 de noviembre, en 1982, se hizo pública la erección de la Obra en Prelatura Personal.

Mons. Javier Echevarría, actual Prelado del Opus Dei, se refería en una ocasión a la coincidencia de estos aniversarios: "Fue como si el Señor hubiera querido recordarnos que ante todas nuestras necesidades hemos de recurrir a la Santísima Virgen, que es la Omnipotencia Suplicante. También ante el aparente imposible de nuestra santidad personal –somos tú y yo, nada, miseria, lodo-, acudiremos llenos de confianza a nuestra Madre del Cielo" (Carta del 1 de noviembre de 1995).

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