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Relatos biográficos

Obras son amores y no buenas razones

Mons. Javier Echevarría

Etiquetas: Generosidad, Javier Echevarría, Lucha ascética
Mons. Javier Echevarría recuerda la locución divina que dio origen al punto 933 de Camino: «Cuentan de un alma que, al decir al Señor en la oración "Jesús, te amo", oyó esta respuesta del cielo: "Obras son amores y no buenas razones". Piensa si acaso tú no mereces también ese cariñoso reproche» (Ibid., n. 933).


Muchas veces se refirió san Josemaría a ese episodio, ocurrido el 16 de febrero de 1932, pero hablaba siempre de modo que no se pudiera reconocer al protagonista. Sólo tras su marcha a la casa del Cielo hemos conocido con detalle ese suceso, como consta en sus Apuntes íntimos y se recoge en una de las biografías publicadas.

Nuestro Fundador llevaba varios días con un fuerte resfriado, y —así se expresa en sus notas personales— «eso era ocasión para que mi falta de generosidad con mi Dios se manifestara, aflojando en la oración y en las mil pequeñas cosas que un niño (...) puede ofrecer a su Señor cada día. Yo me venía dando cuenta de esto» —continúa— «y de que daba largas a ciertos propósitos de emplear mayor interés y tiempo en las prácticas de piedad, pero me tranquilizaba con el pensamiento: más adelante, cuando estés fuerte, cuando se arregle mejor la situación económica de los tuyos... ¡entonces!» (Apuntes íntimos, n. 606 (16-II-1932). Cfr. Andrés Vázquez de Prada, "El Fundador del Opus Dei", vol. I, p. 417).

¡Qué humana se nos presenta la figura de San Josemaría! También debía luchar, como nosotros, en tantas pequeñas cosas. También le afectaban, como a nosotros, los achaques de salud, las dificultades económicas, la escasez de tiempo, la desgana... ¿Cómo no va a entendernos, cuando le pedimos que nos ayude a superar nuestras limitaciones? Acudamos con confianza a su intercesión, pues entiende muy bien nuestras necesidades. Pero actuemos a toda hora dispuestos a reconocer la Voluntad de Dios en las más diversas circunstancias, y asumámosla sin escondernos detrás de las excusas, que fácilmente nos forjamos para justificar nuestras carencias de generosidad.

Y sigo con la narración de san Josemaría. Aquel 16 de febrero, mientras administraba la Comunión a las religiosas de Santa Isabel, hablaba con Jesucristo en su corazón y, sin palabras exteriores, le manifestaba algo que tantas veces le repetía, de día y de noche: «"Te amo más que éstas". Inmediatamente —añade—, entendí sin palabras: "obras son amores y no buenas razones". Al momento vi con claridad lo poco generoso que soy, viniendo a mi memoria muchos detalles, insospechados, a los que no daba importancia, que me hicieron comprender con mucho relieve esa falta de generosidad mía. ¡Oh, Jesús! Ayúdame, para que tu borrico sea ampliamente generoso. ¡Obras, obras!» (Ibid).

Comentaba don Álvaro que esta intervención del Señor removió mucho a san Josemaría, no porque estuviera flojo en la oración, sino porque Dios le pedía más y, con esa loquela, iluminó su inteligencia y fortaleció su corazón para que descubriese «muchos detalles, insospechados», en los que cabía afinar más. Así se comportó nuestro Fundador, y la memoria de aquel «cariñoso reproche» de Jesús le estimuló a lo largo de su existencia, para rendir más en el servicio de Dios y de las almas.


Carta del Prelado de febrero de 2007, a los fieles y cooperadores del Opus Dei