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Nuestra familia no es de cuento, sino de verdad

Etiquetas: Matrimonio, Familia, Costa Rica , Noviazgo, Amor, Alemania, educación de los hijos
Tendría unos catorce años cuando una amiga me aconsejó: “Encomiéndate al Arcángel San Rafael y pídele que le haga honor al día y que te consiga un buen esposo". En aquel tiempo se celebraba su fiesta el 24 de octubre, día también de mi cumpleaños. No sospechaba yo el alcance de ese consejo, ni tampoco el poder con el que se iba a lucir San Rafael.

Pasaron algunos años. Mi hermana mayor estudiaba medicina en Frankfurt (Alemania), donde vivía junto a su esposo. Cuando tuvieron su primer hijo me pidieron viajar desde Costa Rica para ayudarles con el bebé. Allí, me inscribí en un curso de baile y conocí a Norbert, un chico atento que me ayudaba con el idioma. Trabajaba con Lufthansa, formaba parte de un grupo especial de policías antiterroristas que, vestidos con el uniforme de la tripulación, viajaban de incógnito, para asegurar la seguridad de los pasajeros. Viajaba varias veces a la semana a distintos lugares del mundo pero, al regresar a Frankfurt, nos encontrábamos y conversábamos, nos reíamos…

Al cumplir Norbert veinte años, me llevó por primer vez a la casa de sus padres, en un pueblo a unas tres horas de distancia de Frankfurt. Al visitar la iglesia del lugar, me fijé en que uno de los frescos representaba al Arcángel San Rafael con Tobías, ¿Era ésa una señal?
Pero el tiempo pasaba y llegó el día en que le dije que tenía que regresar a Costa Rica.

¿Cómo llevasteis la separación? ¿es posible un noviazgo a distancia?
No sé cómo describir ese dolor tan grande, cuando uno sabe que tiene que separarse de la persona querida. Quizás por eso, entendí perfectamente ese pasaje que escribió San Josemaría en "Es Cristo que pasa", cuando habla del milagro de la Eucaristía, refiriéndose a cuando dos enamorados tienen que separarse.

Durante todo ese tiempo nos escribíamos….. En aquel entonces, los años 80, no había ni internet, ni skype, ni móviles, ni nada, llamar por teléfono era casi impagable y la única opción era el correo ordinario. Una carta mía duraba aproximadamente una semana en llegar a Alemania y tenía que esperar al menos otra semana para recibir su respuesta, éso en el mejor de los casos; a veces había que esperar más.

Seis años estuvimos escribiéndonos y, en un momento, me empecé a cuestionar si de verdad tenía sentido seguir esperando y escribiendo. ¿Y si no lo volvía a ver? ¿Y si era todo sólo una ilusión? Era todo una locura, la distancia con el océano Atlántico de por medio.
Todo esto ha valido y vale la pena y al recordar estos años, ¡sólo puedo darle gracias infinitas a Dios por tantos cuidados y bendiciones!

1985 fue el año decisivo. Se me presentó la oportunidad de viajar con mi mamá y hermanas a Roma en marzo. Al ver suelo europeo se me avivó el deseo de ponerme en contacto con él. En Roma lo llamé y le dije que estaba en Europa. El sólo se limitó a preguntarme "¿Quieres que vaya?“. Dudé unos momentos, no sabía qué responder y finalmente le dije que sí. Llegó a los dos días y se quedó otros dos. Me dijo que iría a Costa Rica a principios de agosto y que teníamos que decidir si nos casábamos o dejábamos de escribirnos. Ya teníamos acumuladas torres de cartas. Recuerdo que regresé a Costa Rica con el corazón en la mano, con una decisión tan importante y con tantas consecuencias encima. Recordé otro de los consejos que me ayudaron tanto en ese apuro: acogerme a la ayuda de la Virgen: "Corazón dulcísimo de María, prepárame un camino seguro". Miles de veces lo repetí y le pedí mucho a Ella que me lo hicera ver con claridad, pues si decía que sí, tenía seguramente que irme a Alemania con todas sus consecuencias.
Justo el día 15 de agosto recibí la señal clara que necesitaba. Ese día le dije que sí.

Norbert y yo, después de tanta espera nos casamos y vivimos felices. Pero nuestra vida no es un cuento, sino vida, y la vida comporta también dificultades, problemas y sufrimiento.

Háblenos un poco de esa "vida" llena de alegrías, pero también de pequeños o grandes sufrimientos.
Como yo no quería vivir en Alemania decidimos instalarnos en Costa Rica, donde vivimos los primeros 4 años y donde nacieron nuestros tres primeros hijos. Fue Providencia divina que las cosas se pusieran difíciles para poder quedarnos ahí. Eso lo veo hasta ahora en que ha pasado el tiempo, porque me resistí cuanto pude ante la idea de irnos a vivir a Alemania. El trasladarnos significaría que tendríamos que vivir por un tiempo en la casa de mis suegros, mientras construíamos nuestra propia casa...En esto pasaron otros 4 años más… Años en los que no teníamos nada, había que comenzar desde cero.
Con la ayuda de Dios y el esfuerzo de Norbert salimos adelante y pudimos comprar (con préstamos del banco, por supuesto) un terreno y empezar a construir. Norbert mismo hizo los planos de la casa y, aparte de su trabajo normal, los fines de semana trabajaba en la construcción.

Una vez oí decir que los arquitectos todavía no han podido inventar una cocina donde quepan dos mujeres, y el dicho tiene toda la razón: es indispensable que una familia joven tenga sus propias paredes.

Esa época fue muy intensa y agotadora. Había días en que me sentía como un “zombie”, ya que nuestros 5 primeros hijos no dormían nada bien por las noches.

Siguiendo con el tema de los hijos, en el noviazgo, ¿hablaron de la familia que querían construir?
Antes de casarnos, habíamos hablado que queríamos tener hijos: los que llegaran, pero estando él en Alemania y yo en Costa Rica me hicieron unas pruebas médicas y me dijeron no podría tener hijos. Se lo escribí a él y le dije que, si no se quería casar conmigo, lo entendería. Norbert me respondió que no importaba, que los adoptaríamos.

Después, gracias a Dios, llegaron nuestros propios hijos. Norbert y yo convinimos en que yo me quedaría en la casa ocupándome de los niños y él ganaría el dinero. Aunque por un espacio de tiempo renuncié al trabajo fuera de casa, tengo la convicción de que ese tiempo no fue perdido, sino el más valioso de mi vida: tener la oportunidad de acompañar los primeros pasos de mis hijos en la aventura de la vida, procurar formarlos cristianamente, inculcándoles valores…

Ahora, mientras escribo, pienso en nuestros cinco hijos mayores, que ya “dejaron el nido",y le doy gracias a Dios, que casi once años después del quinto hijo, nos dio la dicha de tener a Eva María, quien ahora tiene once años. Nació cuando yo tenía 44 años y, naturalmente, al principio tuve un poco de miedo pero, afortunadamente, todo fue normal y finalmente Stefanie (la mayor) tuvo su tan anhelada hermanita.

Norbert, tan trabajador como siempre, ayuda a sostenerse a los hijos que todavía están en la universidad; aún seguimos pagando préstamos al banco… pero ya falta poco para terminar. Dios siempre ayuda, pero como dice el refrán “A Dios rogando y con el mazo dando“.

El matrimonio, la familia, como nos ha contado, nos presenta retos que nunca antes habíamos imaginado, ¿cómo afrontó la dificultad de estar en un país nuevo, sin conocer bien el idioma y las costumbres?

Me costaba “hacerme” a mi nuevo país, con otras costumbres y con otra mentalidad y muchas veces me sentía con deseos de regresar. Menos mal que contaba con un buen “respaldo espiritual“ que me ayudaba a enfocar las cosas desde otra perspectiva y me daba ánimos para superar los agobios económicos, los malentendidos con la suegra, el “mal de Patria“ (la nostalgia hacia tu país y tu gente), etc. y me hacía ver que todos esos sacrificios y esfuerzos valían la pena. Y, de verdad, valió la pena.

Llevo en Alemania casi 25 años. He tenido que aprender muchísimo, entre otras cosas, el modo de ser de la gente de aquí: mientras en Latinoamérica somos, por lo general, muy comunicativos y emotivos, y cuando hablamos, lo hacemos con todo lujo de detalles; aquí la gente es más bien reservada y moderada, pero con una riqueza interior inmensa; si tienes la suerte de tener un(a) amigo(a) aquí, lo tendrás para toda la vida. Al principio yo no los conocía y esas diferencias de caracteres me hacían sufrir bastante. Tenía que aprender a conocerlos y , mientras tanto, dejar pasar por alto cosas que yo no entendía y que me molestaban; buscar perdonar y olvidar… Todo esto ha valido y vale la pena y al recordar estos años, ¡sólo puedo darle gracias infinitas a Dios por tantos cuidados y bendiciones!

Ya llevamos casi treinta años de casados, con seis hijos, y de cuando en cuando paso a la "iglesita" del pueblo de mi esposo para saludar a mi querido San Rafael.

"Tendría un pobre concepto del matrimonio y del cariño humano quien pensara que, al tropezar con esas dificultades, el amor y el contento se acaban. Precisamente entonces (...) la donación y la ternura se arraigan y se manifiestan como un afecto auténtico y hondo, más poderoso que la muerte."
San Josemaría





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