San Josemaría Escrivá
Para hablar con Dios

Misericordia y conversión

Etiquetas: Amor de Dios, Conversión, Misericordia, Año de la Misericordia
El Papa está teniendo algunas audiencias especiales con motivo del año de la misericordia. En la del 18 de junio recordaba que "la auténtica conversión se produce cuando experimentamos en nosotros el amor de Dios y acogemos el don de su misericordia; y un signo claro de que la conversión es auténtica es cuando caemos en la cuenta de las necesidades del prójimo y salimos a su encuentro para ayudarle."

Ofrecemos algunos textos de san Josemaría que pueden ser útiles para rezar sobre este tema.

A la conversión se sube por la humildad, por caminos de abajarse.
A la conversión se sube por la humildad, por caminos de abajarse.
Texto de la audiencia del 18 de junio de 2016
La auténtica conversión se produce cuando experimentamos en nosotros el amor de Dios y acogemos el don de su misericordia

Queridos hermanos y hermanas

Jesús se manifestó después de su resurrección varias veces a sus discípulos y les indicó que la predicación se debía centrar en el “perdón de los pecados” y en la “conversión”. Esta última, la conversión, está presente en toda la Sagrada Escritura. Para los profetas, convertirse significa cambiar de rumbo para volver de nuevo a Dios.

También Jesús predicó la conversión y lo hacía desde la cercanía con los pecadores y necesitados; de este modo les manifestaba el amor de Dios. Todos se sentían amados por el Padre a través de él y llamados a cambiar vida.

La auténtica conversión se produce cuando experimentamos en nosotros el amor de Dios y acogemos el don de su misericordia; y un signo claro de que la conversión es auténtica es cuando caemos en la cuenta de las necesidades del prójimo y salimos a su encuentro para ayudarle.

* * * * *

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Que el Señor Jesús nos conceda la gracia de la auténtica conversión de nuestra vida. Si nos abrimos a la misericordia de Dios, encontraremos la verdadera alegría del corazón. Muchas gracias.



Textos de san Josemaría para meditar

Volver de nuevo a Dios

Nunca te desesperes. Muerto y corrompido estaba Lázaro: "iam foetet, quatriduanus est enim" —hiede, porque hace cuatro días que está enterrado, dice Marta a Jesús.
Si oyes la inspiración de Dios y la sigues —"Lazare, veni foras!" —¡Lázaro, sal afuera!—, volverás a la Vida.
Camino, 719

Acercarse un poco más a Dios quiere decir estar dispuesto a una nueva conversión, a una nueva rectificación, a escuchar atentamente sus inspiraciones —los santos deseos que hace brotar en nuestras almas—, y a ponerlos por obra.
Forja, 32

Conviértete ahora, cuando aún te sientes joven... ¡Qué difícil es rectificar cuando ha envejecido el alma!
Surco, 170

A la conversión se sube por la humildad, por caminos de abajarse.
Surco, 178

¡Ahora! Vuelve a tu vida noble ahora. —No te dejes engañar: "ahora" no es demasiado pronto... ni demasiado tarde.
Camino, 254

Si de veras amases a Dios con todo tu corazón, el amor al prójimo —que a veces te resulta tan difícil— sería una consecuencia necesaria del Gran Amor.
Si de veras amases a Dios con todo tu corazón, el amor al prójimo —que a veces te resulta tan difícil— sería una consecuencia necesaria del Gran Amor.
Precisamente tu vida interior debe ser eso: comenzar... y recomenzar.
Camino, 292

“Usted me dijo que se puede llegar a ser «otro» San Agustín, después de mi pasado. No lo dudo, y hoy más que ayer quiero tratar de comprobarlo”.
Pero has de cortar valientemente y de raíz, como el santo obispo de Hipona.
Surco, 838

A Jesús siempre se va y se "vuelve" por María.
Camino, 495

Confía. —Vuelve. —Invoca a la Señora y serás fiel
Camino, 514


Llamados a cambiar de vida

La conversión es cosa de un instante. —La santificación es obra de toda la vida.
Camino, 285

Rectificar. —Cada día un poco. —Esta es tu labor constante si de veras quieres hacerte santo.
Camino, 290

Te aconsejo que intentes alguna vez volver... al comienzo de tu “primera conversión”, cosa que, si no es hacerse como niños, se le parece mucho: en la vida espiritual, hay que dejarse llevar con entera confianza, sin miedos ni dobleces; hay que hablar con absoluta claridad de lo que se tiene en la cabeza y en el alma.
Surco, 145

¡No me seas comodón! No esperes el año nuevo para tomar resoluciones: todos los días son buenos para las decisiones buenas. “Hodie, nunc! —¡Hoy, ahora!
Suelen ser unos pobres derrotistas los que esperan el año nuevo para comenzar..., porque, además, luego... ¡no comienzan!
Forja, 163

Si has cometido un error, pequeño o grande, ¡vuelve corriendo a Dios!
—Saborea las palabras del salmo: “cor contritum et humiliatum, Deus, non despicies —el Señor jamás despreciará ni se desentenderá de un corazón contrito y humillado.
Forja, 172

En la vida nuestra, en la vida de los cristianos, la conversión primera —ese momento único, que cada uno recuerda, en el que se advierte claramente todo lo que el Señor nos pide— es importante; pero más importantes aún, y más difíciles, son las sucesivas conversiones. Y para facilitar la labor de la gracia divina con estas conversiones sucesivas, hace falta mantener el alma joven, invocar al Señor, saber oír, haber descubierto lo que va mal, pedir perdón.
Es Cristo que pasa, 57

«Nunc coepi!» —¡ahora comienzo!: es el grito del alma enamorada que, en cada instante, tanto si ha sido fiel como si le ha faltado generosidad, renueva su deseo de servir —¡de amar!— con lealtad enteriza a nuestro Dios.
Surco, 161

Antes, solo, no podías... —Ahora, has acudido a la Señora, y, con Ella, ¡qué fácil!
Camino, 513

Ama a la Señora. Y Ella te obtendrá gracia abundante para vencer en esta lucha cotidiana. —Y no servirán de nada al maldito esas cosas perversas, que suben y suben, hirviendo dentro de ti, hasta querer anegar con su podredumbre bienoliente los grandes ideales, los mandatos sublimes que Cristo mismo ha puesto en tu corazón. —"Serviam!"
Camino, 493

Otra caída... y ¡qué caída!... ¿Desesperarte?... No: humillarte y acudir, por María, tu Madre, al Amor Misericordioso de Jesús. —Un "miserere" y ¡arriba ese corazón! —A comenzar de nuevo.
Camino, 711

¿Hay algo en tu vida que no responde a tu condición de cristiano y que te lleve a no querer purificarte?
—Examínate y cambia.
Forja, 480


Salir al encuentro del prójimo

Es verdad que fue pecador. —Pero no formes sobre él ese juicio inconmovible. —Ten entrañas de piedad, y no olvides que aún puede ser un Agustín, mientras tú no pasas de mediocre.
Camino, 675

Si profesamos esa misma fe, si de verdad ambicionamos pisar en las nítidas huellas que han dejado en la tierra las pisadas de Cristo, no hemos de conformarnos con evitar a los demás los males que no deseamos para nosotros mismos. Esto es mucho, pero es muy poco, cuando comprendemos que la medida de nuestro amor viene definida por el comportamiento de Jesús. Además, El no nos propone esa norma de conducta como una meta lejana, como la coronación de toda una vida de lucha. Es —debe ser, insisto, para que lo traduzcas en propósitos concretos— el punto de partida, porque Nuestro Señor lo antepone como signo previo: en esto conocerán que sois mis discípulos.
Amigos de Dios, 223

Los hijos de Dios nos forjamos en la práctica de ese mandamiento nuevo, aprendemos en la Iglesia a servir y a no ser servidos, y nos encontramos con fuerzas para amar a la humanidad de un modo nuevo, que todos advertirán como fruto de la gracia de Cristo. Nuestro amor no se confunde con una postura sentimental, tampoco con la simple camaradería, ni con el poco claro afán de ayudar a los otros para demostrarnos a nosotros mismos que somos superiores. Es convivir con el prójimo, venerar —insisto— la imagen de Dios que hay en cada hombre, procurando que también él la contemple, para que sepa dirigirse a Cristo.
Amigos de Dios, 230

La caridad con el prójimo es una manifestación del amor a Dios. Por eso, al esforzarnos por mejorar en esta virtud, no podemos fijarnos límite alguno. Con el Señor, la única medida es amar sin medida. De una parte, porque jamás llegaremos a agradecer bastante lo que El ha hecho por nosotros; de otra, porque el mismo amor de Dios a sus criaturas se revela así: con exceso, sin cálculo, sin fronteras.
Amigos de Dios, 232

Si de veras amases a Dios con todo tu corazón, el amor al prójimo —que a veces te resulta tan difícil— sería una consecuencia necesaria del Gran Amor. —Y no te sentirías enemigo de nadie, ni harías acepción de personas.
Forja, 869


Un propósito firme en la amistad: que en mi pensamiento, en mi palabra, en mis obras respecto a mi prójimo —sea quien sea—, no me conduzca como hasta ahora: es decir, que nunca deje de practicar la caridad, que jamás dé paso en mi alma a la indiferencia
Surco, 748

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