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Miles de peregrinos visitan cada año Santa María de la Paz

30 de junio de 2007

Etiquetas: devoción, Santa María de la Paz
San Josemaría descansa en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz. Desde su fallecimiento en 1975, cada año miles de peregrinos pasan a rezar delante de sus restos, a confiar a su intercesión los problemas y a agradecer las alegrías de la vida ordinaria.

Personas de los cinco continentes visitan Santa María de la Paz: parroquias, colegios, familias, y muchos devotos que han prometido una visita al santo.

Ante la urna con los restos del Fundador, situada bajo el altar en el que cada día se celebra la Eucaristía, dejan ramos de flores y algunos “encargos”: cartas dirigidas a san Josemaría, fotografías de seres queridos, radiografías de enfermos...

La iglesia prelaticia se encuentra a media hora a pie del Vaticano. Algunos de los peregrinos que acuden al centro de la cristiandad para “romanizarse” incluyen en su peregrinación la tumba de san Josemaría.
Un grupo de chicas rezan ante la tumba de san Josemaría.
Un grupo de chicas rezan ante la tumba de san Josemaría.

Es el caso de Philippe y Laura, dos jóvenes de Washington (EEUU) que a comienzos de junio se presentaron vestidos de novios en la puerta de la Iglesia. Venían de una audiencia con el Santo Padre, y aún con el traje de boda, acudían a dejar en las manos de san Josemaría sus ilusiones en esta nueva etapa de su vida.

También recientemente, un autobús trajo a Santa María de la Paz a un grupo de feligreses de una parroquia de Split (Croacia). Muchos de los que llegan conocen ya a san Josemaría. Para otros, en cambio, es la primera vez que lo encuentran. Por eso, en la entrada de la iglesia se ofrece una estampa del santo –disponible en decenas de idiomas- y una explicación de la vida y el mensaje de Josemaría Escrivá.

Muchas personas ilusionadas con llevar el mensaje del santo a países donde es menos conocido acuden a él para que les ayude en su tarea
Como ocurre con parroquias de otros países, la mayoría de grupos aprovechan para celebrar la Misa en la iglesia, por lo que no es infrecuente que se oigan cantos en polaco, español, alemán, francés u otros idiomas.

Si la iglesia se llena de chicos o chicas, es que acaba de llegar un grupo de un colegio. En las últimas semanas, han rezado ante san Josemaría escolares de Dublín, Sidney, Hong Kong, Versalles, Barcelona y Pamplona. En la cripta de la iglesia, muchos aprovechan para confesarse en su idioma.

El silencio de la iglesia de Santa María de la Paz ayuda a encomendar al fundador del Opus Dei los retos de la vida familiar y laboral. Así lo hizo Enzo, un militar italiano, que un día antes de partir hacia Kabul acudió a pedir por el éxito de su misión de paz, que sabía arriesgada. Prometió volver cuando su trabajo profesional termine en el lejano Afganistán.

Llevar el mensaje
Muchas personas ilusionadas con llevar el mensaje del santo a países donde es menos conocido acuden a él para que les ayude en su tarea: entre ellos, Miguel y Katy, argentinos que desde hace pocos años viven en Eslovenia, que rezaron ante san Josemaría junto con sus 12 hijos; Agustín y Sorofina, de Kenya; Red y Elsa, de Iloilo City (Filipinas)...

Cada vez es más frecuente quien llega a la puerta de Santa María de la Paz con la única seña de un folio impreso: han conocido al santo gracias a su página web en Internet, y del conocimiento virtual han decidido pasar al real. Así ocurrió con Antonieta, Pina, Norbert y otras muchas personas.

San Josemaría ha pasado por la vida de muchas personas de manera diferente: José Miguel y María de los Ángeles (Castellón, España), le conocieron en una tertulia en 1972, y recientemente acudieron con motivo de sus bodas de plata. Al santo pidieron la curación de una enfermedad que padece José Miguel. En cambio Carmen, que acudió con su marido Antonio para celebrar en Roma sus 25 años de casados, oyó hablar de san Josemaría en su colegio siendo niña. Desde entonces le reza todos los días y le pide ayuda en su trabajo como enfermera.

Agradecer
Otros regresan para agradecer. Así, Paolo y Alessandra viajaron desde Verona a Roma con su hija Benedetta. A quien les mostraba la iglesia, dijeron señalando a la pequeña: “Ésta está aquí gracias a San Josemaría”. Contra el diagnóstico de todos los médicos, la madre superó un mal embarazo gracias a la intercesión del sacerdote.

No faltan los recurrentes. En la localidad marítima italiana de Minturno-Scauri se organiza todos los años un autobús para seguir las “huellas de san Josemaría”, que comienza con una visita fija a la tumba del santo.