Testimonios

Mi trabajo ya no depende de las fluctuaciones de la bolsa
Juan Carlos Fierro, asesor financiero, Estados Unidos
1 de enero de 2002
Mi encuentro con las enseñanzas de san Josemaría referentes a la Santa Misa, ha influenciado en mi modo de trabajar. Tratando de poner en práctica lo que dicen sobre la centralidad y radicalidad de la Santa Misa, por ejemplo en Forja, “lucha para conseguir que el Santo Sacrificio del Altar sea el centro y la raíz de tu vida interior, de modo que toda la jornada se convierta en un acto de culto —prolongación de la Misa que has oído y preparación para la siguiente—, que se va desbordando en jaculatorias, en visitas al Santísimo, en ofrecimiento de tu trabajo profesional y de tu vida familiar” (Forja, 69), mi trabajo ha experimentado una serie de cambios.Pero antes de entrar en este tema, es necesario que explique a qué me dedico. Soy asesor financiero, lo que coloquialmente se llama broker. Trabajo para una conocida empresa de inversiones en Washington D.C. Mi ocupación consiste en asesorar a mis clientes —situados en distintas partes del mundo— sobre las diversas oportunidades de inversión, aconsejándoles una u otra según sus deseos y necesidades. Se trata de un trabajo ciertamente estresante y competitivo, muy en dependencia de la situación puntual del mercado ya que, muchas veces, enterarse de una noticia o saber interpretarla “antes que el resto” hace la “diferencia”. Mi jornada comienza alrededor de las 8.00 am, pero no siempre puedo prever cuándo terminará.
El encuentro con los escritos de san Josemaría me animó a recibir formación cristiana y a luchar por vivir unas determinadas prácticas de piedad a lo largo de cada jornada, que me recordasen y me remitiesen a Dios. Esto trajo consigo, un modo diverso de enfocar mi trabajo pero, y es aquí donde me quería detener, fue cuando caí en la cuenta de la importancia que san Josemaría daba a la Misa cuando mi trabajo adquirió, si se puede hablar así, una nueva “dimensión”, la de convertir la jornada en un acto de culto. Este “descubrimiento” de la Misa como algo “central” y “radical” en mi jornada me llevó a incorporarla diariamente a mi horario de trabajo.
La Misa se une al trabajo. Cuando voy a Misa tengo claro que no se trata simplemente de asistir, de hacer un mero acto de presencia. Es poco tiempo y en mi profesión el “tiempo es dinero”: soy consciente de que tengo que aprovechar bien esos pocos minutos. Durante la Misa ofrezco a Dios mi trabajo, mi familia, amigos y clientes ; trato de alabar a Dios y también pido, sobre todo, durante la comunión. Pido, no sólo por el buen término de las operaciones sino también luces, ayuda, para las gestiones y decisiones de la jornada y por las personas que han depositado su confianza en mí. Agradezco tantas cosas... y dejo en las manos de Dios tantas incertidumbres. En esta media hora parece que todo se calma. Pienso entonces que estoy ante el “motor” que dará sentido, después, a tantas prisas, que me ayudará a mantener la paz y la serenidad ante los imprevistos y dificultades.
También el trabajo se une a la Misa. De nuevo ya en la oficina, al teléfono, en una reunión o visita, ante la pantalla del computer, etc. procuro tener presente lo que estoy por vivir o acabo de vivir: el sacrificio de la Misa. Esto se traduce en una serie de manifestaciones concretas. De todos modos, siendo consciente de que hay aspectos en mi modo de enfocar y plantear el trabajo que realmente han cambiado, no soy consciente de todos ellos, de algunos no sé explicar exactamente por qué han cambiado y, me imagino, que otros tantos no han terminado de cambiar, es decir, que todavía están en fase de cambio. Por ello, solo comentaré tres aspectos que, por lo demás, se me presentan como evidentes:
El primero de ellos es el trato con la gente. El hecho de cómo la Misa ha influido exactamente en este cambio no lo sabría explicar aunque estoy convencido de que ha sido así. Ahora ya no veo cada persona como una fuente de inversiones a gestionar sino, más bien, alguien que ha puesto su confianza en mí y al que debo ayudar. Esto me lleva a tener un trato mas profundo, sincero y cordial con cada cliente. Este trato planteado como un verdadero servicio atraviesa el ámbito meramente profesional. El paso de lo estrictamente profesional a lo personal es debido a este modo de actuar. Suele ser a través de pequeños detalles, una llamada felicitándole por un evento familiar, preguntarle sobre la familia, contarle mi experiencia en el trabajo, etc., cuando salen a relucir sus preocupaciones, sus pequeños o grandes conflictos familiares y, entonces, trato de ayudarles.
Un segundo aspecto que es cómo la Misa ha actuado. Me doy cuenta de cómo mi trabajo no depende ya tanto de la situación puntual del mercado, de sus subidas y bajadas, de sus fluctuaciones. La Misa constituye el motor, la fuerza, de la que trato de sacar serenidad y paz para el resto del día. No es que se hayan acabado los problemas e imprevistos, lo que ha cambiado es el modo de afrontarlos.
Y, un último aspecto es el de la unidad que ahora posee mi jornada. Este modo de vivir la Misa me ha llevado a encontrar como el hilo con que unir todos los aspectos del día... y, de la vida. Es decir, antes vivía como moviéndome entre pequeñas ‘islas’: la isla familiar, la del trabajo, la de los amigos..., islas con poca o casi ninguna relación entre ellas. El hecho de unirlas a la Misa ha supuesto, fuera estrictamente del momento del sacrificio, encontrarlas y verlas unidas en la práctica.
Lo dicho aquí son no más de unas pinceladas y, además, muy personales. Con ellas he querido manifestar lo que ha supuesto para mí, en la práctica, el descubrir la Misa como centro y raíz de la vida interior y el hecho de tratar de convertir la jornada en un acto de culto. Mientras escribía estas líneas pensaba en el desastre del “World Trade Center” el 11-S en New York. Yo trabajaba allí, en el piso 63, donde hace pocos meses han perdido la vida varios amigos míos. Mientras pido a san Josemaría por ellos, le doy las gracias porque, a través de sus enseñanzas, he comenzado a profundizar en algo tan importante para un cristiano.

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