PortadaLibrosApuntes sobre la vida del fundador del Opus DeiManifestaciones de cariño a la Virgen y a San José


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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
Manifestaciones de cariño a la Virgen y a San José
Otro sacerdote, don Ramón Cermeño, repasa unos ejercicios espirituales en el Seminario de Ávila, poco después de terminada la guerra de España: insistía en la importancia de fomentar durante el día la presencia de Dios, llamaba a la Virgen “la Señora” y “Santa María”, y recomendaba invocarla antes de comenzar el estudio con la jaculatoria Sancta María, Mater Dei et Sedes sapientiae, ora pro me, “costumbre que en cuanto a mi se refiere llegó a ser connatural”. Y concluye: “Inculcó también tener gran devoción al 'Señor San José', cosa que se notaba él vivía”.
El Fundador del Opus Dei vivía lo que decía, hablaba de lo que vivía. A propósito de aspectos diversos de la vida cristiana, todos los que le conocieron lo anotan. No hay excepción tampoco, cuando se trata de San José y de Santa María. Afirma el P. Sancho, O.P.: “Era muy devoto de la Virgen, mucho, mucho. Conservo su libro sobre el Santo Rosario, que es todo él una prueba viva de su devoción mariana; si no la hubiera tenido, no hubiera escrito ese libro lleno de una gran ternura con nuestra Madre”.
Diversas manifestaciones de cariño a la Virgen, llenas de delicadeza hacia la que es Madre de Dios y Madre nuestra –así le gustaba reiterar–, se han incorporado a la vida diaria de los socios del Opus Dei, por él recogidas del tesoro de las recias y seculares tradiciones cristianas: el Santo Rosario, el Ángelus, el Acordaos, las tres Avemarías de la noche, el escapulario del Carmen, las imágenes de Santa María que presiden tantos lugares de trabajo y de oración.
Y junto a la devoción a Santa María –inseparable–, recurrió siempre a San José, a quien muy pronto invocó como Padre y Señor. A él se encomendó siempre, como maestro de vida interior. Sobre San José ha dejado páginas espléndidas que glosan su vida de trabajo, su docilidad a los planes divinos, su humilde sentido de responsabilidad, su amor y delicadeza hacia María y Jesús. Del Santo Patriarca tenían que aprender los socios de la Obra a tratar –a contemplar– a Jesucristo y a la Virgen.
En los últimos años de su vida, la presencia de la trinidad de la tierra –Jesús, María y José– que desde que era sacerdote joven fue connatural al Fundador del Opus Dei, se hace de día en día más intensa, más entrañable. Y en esos años finales de su caminar terreno, proclama con ímpetu su amor a San José, al que reserva un trato especial que lo penetra todo. Cabe destacar dos ideas, que el Fundador del Opus Dei invocará con ocasión y sin ella y que, sin duda, están en el centro de su última predicación sobre el Santo Patriarca. Tienen enjundia teológica y, sobre todo, un inextinguible despliegue de consecuencias prácticas. Bien grabadas quedaron a un socio del Opus Dei brasileño, en mayo de 1974, que iba con el Padre en el avión que le llevaba de Río de Janeiro a Sao Paulo. Durante aquel viaje, comenzó a hablar de San José y de su propósito, para aquel mes de mayo, de meter a San José en todo. Esas dos ideas, que enmarcaban todo un programa de vida contemplativa, y que esbozó brevemente durante el vuelo, eran:
–Después de Santa María, es la criatura más perfecta que ha salido de las manos de Dios; yo estoy seguro.
–Pensad que podría aplicarse a San José lo que dicen los teólogos de Santa María: que Dios Nuestro Señor podía llenarla con su gracia, y si pudo, lo hizo...
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
El Fundador del Opus Dei vivía lo que decía, hablaba de lo que vivía. A propósito de aspectos diversos de la vida cristiana, todos los que le conocieron lo anotan. No hay excepción tampoco, cuando se trata de San José y de Santa María. Afirma el P. Sancho, O.P.: “Era muy devoto de la Virgen, mucho, mucho. Conservo su libro sobre el Santo Rosario, que es todo él una prueba viva de su devoción mariana; si no la hubiera tenido, no hubiera escrito ese libro lleno de una gran ternura con nuestra Madre”.
Diversas manifestaciones de cariño a la Virgen, llenas de delicadeza hacia la que es Madre de Dios y Madre nuestra –así le gustaba reiterar–, se han incorporado a la vida diaria de los socios del Opus Dei, por él recogidas del tesoro de las recias y seculares tradiciones cristianas: el Santo Rosario, el Ángelus, el Acordaos, las tres Avemarías de la noche, el escapulario del Carmen, las imágenes de Santa María que presiden tantos lugares de trabajo y de oración.
Y junto a la devoción a Santa María –inseparable–, recurrió siempre a San José, a quien muy pronto invocó como Padre y Señor. A él se encomendó siempre, como maestro de vida interior. Sobre San José ha dejado páginas espléndidas que glosan su vida de trabajo, su docilidad a los planes divinos, su humilde sentido de responsabilidad, su amor y delicadeza hacia María y Jesús. Del Santo Patriarca tenían que aprender los socios de la Obra a tratar –a contemplar– a Jesucristo y a la Virgen.
En los últimos años de su vida, la presencia de la trinidad de la tierra –Jesús, María y José– que desde que era sacerdote joven fue connatural al Fundador del Opus Dei, se hace de día en día más intensa, más entrañable. Y en esos años finales de su caminar terreno, proclama con ímpetu su amor a San José, al que reserva un trato especial que lo penetra todo. Cabe destacar dos ideas, que el Fundador del Opus Dei invocará con ocasión y sin ella y que, sin duda, están en el centro de su última predicación sobre el Santo Patriarca. Tienen enjundia teológica y, sobre todo, un inextinguible despliegue de consecuencias prácticas. Bien grabadas quedaron a un socio del Opus Dei brasileño, en mayo de 1974, que iba con el Padre en el avión que le llevaba de Río de Janeiro a Sao Paulo. Durante aquel viaje, comenzó a hablar de San José y de su propósito, para aquel mes de mayo, de meter a San José en todo. Esas dos ideas, que enmarcaban todo un programa de vida contemplativa, y que esbozó brevemente durante el vuelo, eran:
–Después de Santa María, es la criatura más perfecta que ha salido de las manos de Dios; yo estoy seguro.
–Pensad que podría aplicarse a San José lo que dicen los teólogos de Santa María: que Dios Nuestro Señor podía llenarla con su gracia, y si pudo, lo hizo...
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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
- Un sacerdote cien por cien
- Alma sacerdotal y mentalidad laical
- La Misa, centro y la raíz de la vida interior
- Amor a la Sagrada Eucaristía
- Una Misa en pleno monte
- Pues sé tú también muy loco, hijo mío
- Yo soy anticlerical porque amo al sacerdote
- Un sacerdote que sólo hablaba de Dios
- Tres amores: Cristo, María, el Papa
- Manifestaciones de cariño a la Virgen y a San José
- En los momentos decisivos de la historia del Opus Dei
- Padre cura, ésta no vale 'na' ¡la nuestra es la que vale!
- La Virgen y por fin, el Papa, el dulce Cristo en la tierra
- Diréis que el Padre amaba al Papa con toda su alma
- Un sacerdote español 'muy romano'
- Afán por todas las almas
- Solicitud sacerdotal
- Contagiar de entusiasmo sacerdotal a los sacerdotes
- Retiros que dejan huella
- Rezad por todos los sacerdotes
- Amor a los religiosos
- El tesoro de la Iglesia
- Muchas vocaciones
- Madrid, 2 de octubre de 1928
- Instrumento inepto y sordo
- Viejo como el Evangelio, y como el Evangelio nuevo
- Se escapaban las almas como las anguilas en el agua
- Una nueva visión del trabajo
- La característica más decisiva de su personalidad
- Y el Fundador del Opus Dei siguió trabajando
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