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Para los más jóvenes

Los veranos en Fonz

Etiquetas: Descanso, Familia Escrivá, Para los más jóvenes
© Paulina Mönckeberg
© Paulina Mönckeberg
Las vacaciones en Fonz en los meses de julio y agosto eran muy esperadas; cargaban maletas, baúles y todo tipo de enseres para los meses de verano. De Fonz provenían los abuelos paternos de Josemaría, don José y doña Constancia.


La abuela los esperaba gozosa cada verano. Con los brazos abiertos salía cariñosa a recibirlos.

—¡¡Lola!!, ¡¡Pepe!! ¡Qué alegría!
—¿Cómo ha sido el viaje?

Y los pequeños... ¿os habéis portado bien? ¡Venid, tengo refrescos en la heladera!

La abuela Constancia era muy piadosa y rezaba el rosario a todas horas; de ella aprendió Josemaría una pequeña oración que repetía su abuela entre rosario y rosario.

—“Las doce han dado, Jesús no viene. ¿Quién será el dichoso que lo detiene?“

Enseñó a Josemaría que, al recibirlo en la Sagrada Comunión, él era aquel niño dichoso que detenía a Jesús en su corazón.


La Virgen de la Dormición
En la Parroquia de la Asunción se veneraba la Santa Virgen de la Dormición. Durante las vacaciones, el 15 de agosto, celebraban la fiesta de la Asunción. Era un gran acontecimiento al que asistían todas las familias que se encontraban en Fonz y llevaban también a los niños.

Chon, quien celebraba no sólo su día sino también su cumpleaños, lucía su mejor vestido. Niños y angelitos partían felices a celebrar a la Santísima Virgen. Nada más entrar, el Relojerico con una profunda reverencia adoraba a Jesús sacramentado y saludaba a los miles de ángeles que custodiaban a Jesucristo en el Sagrario.

Todos los ángeles del Santuario se fijaron en Josemaría. El Relojerico sonreía con aire de importancia; sabía que Jesús y la Virgen lo querían con predilección.

En la ceremonia descubrían la Santa Imagen de la Dormición que aparecía rodeada de flores. Esta imagen de la Virgen dormida permanecía expuesta a los fieles sólo ocho o diez días después de la fiesta; el resto del tiempo se guardaba cubierta con un velo.

Aquello impresionaba vivamente a los niños, prendiendo en ellos desde muy pequeños una tierna devoción a la Dormición de la Santísima Virgen.

Llevando consigo a Chon, Carmen y Josemaría se acercaban lentamente para mirar por largo rato el rostro dormido de la Virgen, su cara ligeramente rosada y esa expresión de serena quietud. Entonces los niños se acercaban a besar su rostro y Chon con ellos.

Del cascarón al agua
Josemaría y Chon no se separaron aquel verano. Juntos se entretenían leyendo o corriendo por el campo y casi no se sabía de ellos...
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Paulina Mönckeberg, Vida y venturas de un borrico de noria©, 2004
Ediciones Palabra, S.A., 2004