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Relatos biográficos

Los crespillos, un recuerdo de familia

Etiquetas: Familia Escrivá, Para los más jóvenes
Dolores, la madre de san Josemaría, festejaba su santo en la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, que se celebraba el Viernes anterior a la Semana Santa. Era costumbre familiar conmemorar esta fecha con los crespillos, un postre sencillo y económico que san Josemaría y toda la familia apreciaban mucho.

El 23 de marzo de 1877, a las dos de la madrugada, nacieron en Barbastro dos niñas gemelas: María de los Dolores –que sería la madre de san Josemaría- y María de la Concepción Albás.

Dolores, a la que llamaron Lola y celebraba su santo en la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, conocería a José Escrivá desde que tenía 15 años, pues se trasladó en 1892 a Barbastro y era casi vecino de la casa de los Albás.

José Escrivá y Dolores Albás se casaron el 19 de septiembre de 1898 en la Catedral de Barbastro. Residían desde entonces en una casa de la calle Mayor, esquina con la Plaza del Mercado. Allí nació su primera hija, María del Carmen, y el segundo hijo, José María (quien años después, por devoción a San José y a la Virgen, unió sus dos nombres en uno). A estos dos hijos siguieron tres niñas —María Asunción, María de los Dolores y María del Rosario— y, cuando ya la familia residía en Logroño, un nuevo hijo varón, Santiago.

De sus padres diría san Josemaría: "Dios nuestro Señor fue preparando las cosas para que mi vida fuese normal y corriente, sin nada llamativo. Me hizo nacer en un hogar cristiano, como suelen ser los de mi país, de padres ejemplares que practicaban y vivían su fe".

Carmen Escrivá de Balaguer al contar pequeños detalles de la vida de su madre decía que "poseía sensibilidad y ternura; contraste entre una gran vivacidad de inteligencia y algo de timidez en el decir; amistoso sentido del humor".

Aunque no le gustaba demasiado la cocina, sabía cómo debía hacerse el trabajo; entendía de menús y procuraba que se preparasen comidas sanas, abundantes y variadas, que se presentaban de una forma cuidada. Elaboraba algunos postres de dulce en las fiestas: natillas, flanes, torrijas...y los crespillos, que convirtió en una tradición el día de su santo.

Cada año, todos los niños esperaban gozosos el postre fijo de ese día:

... Se abría la puerta del comedor y aparecían... ¡Los crespillos! Todos gritaban aplaudiendo. Ver ilustración.