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Relatos biográficos

Londres, agosto de 1958: ¡tú, no puedes!; ¡Yo, sí!

Andrés Vázquez de Prada

Etiquetas: Apostolado, Descanso, Fe, Oración
El fundador del Opus Dei fue a Londres por primera vez en 1958. Pasó allí una larga estancia, desde primeros de agosto hasta mediado el mes de septiembre. Y también fue a esa isla los años siguientes, hasta 1962. El 4 de agosto de 1958 se presentó el Fundador en Inglaterra. Uno de esos días escribió en el dorso de una fotografía: "Sancta Maria, Sedes Sapientiae, filios tuos adiuva (Santa María, Asiento de la sabiduría, ayuda a tus hijos); Oxford, Cambridge, 5-VIII-58" (1).


Hizo un recorrido por Londres. Se llegó a la City. Por sus calles se apresuraba la gente: oficinistas, empleados con hongo, traje oscuro y cuello almidonado. Había un tráfico denso de autobuses rojos y taxis de charol negro. Todo apretado, con prisas y febril.

Por todas partes aparecían rótulos con fechas antiguas: Established in 1748; ...in 1760; ...1825... La mente del Padre penetraba su significado histórico, abarcándolo en sus consecuencias: continuidad en el trabajo, transacciones con todos los continentes, riqueza, poderío económico...; una costra secular y resistente. Era la City como un viejo árbol centenario, con las raíces al aire. Y, circulando entre la multitud, cada cual a su tarea, se veían rostros y atuendos de lo más exótico: indios, africanos, chinos y árabes.

En los primeros días recorrió algunos lugares de Londres y de otras ciudades próximas: el Parlamento, Fleet Street, Westminster, Whitehall; Oxford, Saint Albans... La mañana del domingo día 10, fue de nuevo a la City. Más impresionante resultaba ahora, ausente de vida. Con el weekend el cambio era brusco: calles totalmente desiertas, donde no se veía un paseante, vacías de tráfico; edificios cerrados a cal y canto, muertos, en silencio.

Ese domingo escribió a Michael Richards, el primero que había pedido la admisión en Inglaterra, que estaba entonces en el Colegio Romano: "Esta Inglaterra, bandido, è una grande bella cosa! Si nos ayudáis, especialmente tú, vamos a trabajar de firme en esta encrucijada del mundo: rezad y ofreced, con alegría, pequeñas mortificaciones" (2).

Fueron días de oración y trabajo. Pensando en la gente que deambulaba por las calles, en tantos que no amaban a Dios, o tenían un conocimiento superficial de Cristo, se sentía impotente para hacer algo. Esa impotencia le llevaba a Dios, como niño que acude a su padre. Y hacía oración, que es el secreto de la eficacia del Opus Dei, y, según les dijo en Londres, servía como un gran paraguas contra las incidencias del tiempo y las contrariedades.

El lunes 11, estuvo en Cambridge. Y el miércoles, en una tertulia en la residencia Netherhall House, por la tarde, les habló de las posibilidades apostólicas desde Inglaterra, que era una encrucijada del mundo; por allí pasaban gentes de todos los continentes y naciones. Países a los que no había llegado aún la Obra en su expansión apostólica y donde se les esperaba. Sus hijos le escuchaban atentos.

Estuvo en Michaelham Priory, Eastbourne... Renovó la consagración de la Obra al Corazón de María en el santuario de Willesden, el día 15. ¿Podría remover Inglaterra?

Debió ser por entonces cuando el Señor le contestó claramente con una locución, una de tantas como tuvo, y que tan firmes quedaron en su memoria: «¡tú, no!; ¡Yo, sí!» Tú, ciertamente, no podrás; pero Yo sí que puedo .

A esa experiencia sobrenatural se refirió, a su vuelta a Roma, cuando contaba a sus hijos en una meditación: "Me encontraba hace poco más de un mes en una nación a la que quiero mucho. Allí pululan las sectas y las herejías, y reina una gran indiferencia ante las cosas de Dios. Al considerar ese panorama me desconcerté y me sentí incapaz, impotente: Josemaría, aquí no puedes hacer nada. Estaba en lo justo: yo solo no lograría ningún resultado; sin Dios, no alcanzaría a levantar ni una paja del suelo. Toda la pobre ineficacia mía estaba tan patente, que casi me puse triste; y eso es malo. ¿Que se entristezca un hijo de Dios? Puede estar cansado, porque tira del carro como un borrico fiel; pero triste, no. ¡Es mala cosa la tristeza!
De pronto, en medio de una calle por la que iban y venían gentes de todas las partes del mundo, dentro de mí, en el fondo de mi corazón, sentí la eficacia del brazo de Dios: tú no puedes nada, pero Yo lo puedo todo; tú eres la ineptitud, pero Yo soy la Omnipotencia. Yo estaré contigo, y ¡habrá eficacia!, ¡llevaremos las almas a la felicidad, a la unidad, al camino del Señor, a la salvación! ¡También aquí sembraremos paz y alegría abundantes!".

El 26 de agosto y el 3 de septiembre fue a Canterbury, a la iglesia de San Dunstan, a orar ante la tumba de los Roper, lugar donde reposa la cabeza de santo Tomás Moro.

Terminaba su estancia en Londres y se le esperaba en Roma. La víspera de su partida dio la bendición a los de Inglaterra. El día 16 por la mañana, franqueada la aduana del puerto de Dover, les despidió con un " Sancta Maria, Regina Angliae, filios tuos adiuva! Dejó Inglaterra con muy gratas impresiones.


Notas
(1) Cfr. Diario de Netherhall House, Londres, 4-5-VIII-1958: en AGP Sec. N, 3 leg. 0285-29.
(2) Carta, desde Londres, en EF-580800-3.
(3) Cfr. Álvaro del Portillo, PR, p. 1506; y Javier Echevarría, Sum. 2782.
(4) Meditación, 2-XI-1958, citada por Álvaro del Portillo en Sum. 1642.
(5) Cfr. Juan Antonio Galarraga Ituarte, RHF, T-04382, p. 9.


Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, (III): Los caminos divinos de la tierra, Ed. Rialp, Madrid, 2002, pp. 340-345