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Testimonios

Llegar al corazón de cada persona

Lucia Vinco, Italia

1 de enero de 2009

Etiquetas: Amor de Dios, Servicio, Trabajo
He trabajado varios años en distintas escuelas de hostelería y al mismo tiempo en el sector de los servicios de base; actualmente estoy asistiendo a un curso de licenciatura en Dietética porque me parece esencial la formación, también científica, para hacer mi trabajo con competencia profesional. En las circunstancias actuales en las que la eficacia y el interés económico son con frecuencia el modelo de comprensión y gestión del mundo he percibido, gracias a las enseñanzas de san Josemaría, la necesidad de recorrer un camino que lleva a la satisfacción de la persona precisamente al tomar en serio su cuidado y atención.

En mi trabajo me siento responsable de llegar al corazón de cada persona con la particularidad de prestar una atención tan esmerada que sea capaz de mostrar esa locura, “amor loco”, sin medida, que Dios siente por cada uno de nosotros. Este deseo se concreta en cosas sencillas, habituales, que adquieren una tercera dimensión y se muestran muy eficaces tanto para quien las recibe como para quien las pone en práctica.

Los efectos no son siempre manifiestos, pero tengo la seguridad de que con mi trabajo puedo colaborar en el cambio de rumbo de los acontecimientos; puedo realizar obras maravillosas en la profundidad de cada persona, en definitiva, puedo devolver “a la materia y a las situaciones su noble y original sentido”( Cfr. Conversaciones, 114.).

Cada trabajo responde a una necesidad real de la sociedad y, para mí, cuidar atentamente de todos los componentes ligados a una existencia más agradable se ha convertido en mi trabajo profesional. El motor de fondo es fomentar que la persona se sienta acogida, y esa acogida se compone de una gran diversidad de elementos, que me gustaría considerar desde tres puntos de vista: el primer punto —unido a mi percepción de la realidad— es la actitud interior de sorpresa ante ese ser prodigioso que es la persona; el segundo está unido a los lugares en los que la persona debe sentirse acogida (orden, armonía, limpieza) y el tercero se refiere a las necesidades de base de cada uno (alimento, descanso, ropa, etc.).

Es entusiasmante encontrar cada día alguna cosa con la que sorprender a los que tenemos alrededor, con la que asombrar con pequeños detalles simpáticos, alegres. Normalmente lo que nos sorprende es una actitud, una expresión, una cosa sencilla cuya importancia es relativa, pero que percibimos como dirigido al bien de nuestra persona.

En mi jornada de trabajo se me presentan muchas posibilidades de “asombrar”, y lo mismo pienso en otros trabajos; se trata de saber descubrir y usar esas posibilidades para hacer feliz a quien es objeto de nuestro trabajo, de nuestro cuidado y atención, pero sobre todo porque así se llega a ser una continuación de la mano de Dios que se dedica a lo que ha creado y de modo especial de las criaturas que más quiere: los hombres.