Testimonios
Las alegrías vividas en familia se multiplican y las penas se dividen
Rafael Pich, ingeniero, empresario y padre de 16 hijos, España
31 de marzo de 2008
Rafael Pich*, también miembro y Cofundador de la Fondation Internationale de la Famille y vice-chairman de la International Federation for Family Development (IFFD), una ONG con estatuto consultivo ante la ONU.- ¿Cuándo y cómo conoció a san Josemaría?
Mi primer contacto con el fundador del Opus Dei fue en 1947 a través de “Camino”. Posteriormente, tuve ocasión de asistir a encuentros con él en diversas ocasiones.
- En algún sentido, ¿Ha marcado su vida haberle conocido?
Desde 1957 medité y estudié varios de sus escritos. Es difícil ante estas lecturas y participando en algunas actividades de formación cristiana del Opus Dei no reaccionar a fondo. También por entonces empecé a colaborar en actividades cívicas de interés familiar.
- ¿Cómo lo recuerda?
Como en la portada de una de las ediciones de “Conversaciones”, donde sale con su expresión muy natural e iniciando una sonrisa. Tenía una gran capacidad de comunicación, aun sin hablar.
- Su mujer falleció hace pocos años. Cuando se conocieron y decidieron casarse ¿habían pensado en tener una familia tan numerosa?
Tengo 5 hermanos y ella también. Nos hemos divertido mucho desde pequeños. A veces comentábamos: “si dependiera de nosotros, ¡seis mínimo!” Cuando estás en seis y llega el séptimo es sólo un 15%. Cuando llegó el décimo era sólo un 10%; casi no se nota. Los hijos van llegando según Dios te los concede. Tenemos tantos amigos que quieren tener hijos y no pueden...
- ¿Podría decir que han tenido una vida feliz?
Hemos tenido una vida muy feliz. La verdadera vida de familia –y más si se enfoca positivamente–, es una experiencia incomparable.
- Algunos pueden pensar que han sido locos o irresponsables, incluso, perdone las expresión, ignorantes.
Hay matrimonios que cuentan: un hijo = una carga, dos hijos igual a doble carga, tres hijos, el triple, … Si no se educan bien, pueden tener razón; pero, si les enseñas desde pequeños, que estamos en este mundo para trabajar y ayudar a sus padres: la mesa, la cama, la ropa sucia,… descubren vitalmente la maravilla del trabajo y entonces 1 hijo = 1 ayuda, 2 hijos = 2 ayudas, 3 hijos = 3 ayudas ...
- ¿Qué les ha ayudado en los momentos difíciles?, porque algunos habrán tenido ¿no? ¿Ha valido la pena el sacrificio que habrá supuesto en muchas ocasiones?
No recuerdo ninguno especialmente porque hemos contado con la gracia de Dios, y en particular con la fuerza de los sacramentos. Hemos tenido una vida familiar espiritualmente intensa con la participación en la misa dominical todos juntos y con el rezo del rosario en familia. Muchos no saben que las alegrías vividas en familia se multiplican y las penas se dividen.
- ¿Por qué empezó a promover iniciativas para la educación de los padres? ¿Hay que aprender a ser padres?
Durante la primera mitad de siglo XX, lo más habitual era que las tres generaciones de una familia vivieran en la misma casa. Desayuno, comida y cena, todos en la mesa. Ahí se producía el intercambio de opiniones y decisiones. La abuela decía: “Pepe, esto no se hace”. El abuelo: “Juanito, ¡muy bien! Pero comenzó a desaparecer la convivencia de tres generaciones, y había que suplir estas carencias. Ejercer de padre y de madre ha ido ganando en importancia y complejidad. Por eso, empezamos unos cursos de orientación familiar. Hay que aprender esta profesión-oficio como cualquier otra.
- Todas estas actividades, ¿no le quitaban tiempo de dedicación a sus hijos?
A unos padres de familia normales no les sobra tiempo nunca. Pero también es cierto que uno tiene tiempo para lo que quiere. Los hijos responsables colaboran con los trabajos de sus padres. Hay que aprender a hacer dos cosas a la vez y, cuando lo logras, metes la tercera.
- Usted continúa viajando e impulsando en todos los continentes una institución que confía en la perennidad de la familia. ¿Tiene acogida entre las parejas jóvenes de Europa?, ¿en países de otras culturas?
La familias que quieren de verdad a sus hijos, saben que deben esforzarse –mucho más hoy– en tener una vida de familia verdadera. En Japón, Hong Kong,… los niños lloran a media noche, de forma similar a los europeos. Las malas crianzas existen en todo el mundo y las ganas de mejorar la educación familiar es creciente. Sólo hay que ver las películas, aumenta la sobreprotección de los hijos..., pero hay familias estupendas en todos los países y con gran interés en mejorar.
Los matrimonios jóvenes sintonizan más rápidamente con el Curso de Primeros Pasos, especializado en padres con hijos entre 0 y 4 años. Se dan cuenta de todo lo que pueden aprender y se ilusionan con “profesionalizar”, si se puede decir así, su tarea.
- En el mensaje de la Jornada Mundial de la Paz, Benedicto XVI se ha referido a la familia como “la primera e insustituible educadora de la paz”. Con su experiencia, ¿podría ilustrarnos con algún ejemplo esta afirmación del Papa?
Juan Pablo II ya nos decía que “la recristianización del mundo pasa a través de la familia”. A mí me gusta concretar un poco más: pasa a través de la vida de familia verdadera que supone horarios razonables, calendario bien estudiado, puntualidad, asambleas familiares, dedicación con “tiempo de reloj”, convivencia,…
- ¿Querría añadir algo a esta entrevista para la página web de san Josemaría?
En los cursos de orientación familiar que promueve mi institución hay seis cursos secuenciales, como una carrera universitaria. Se empieza con los Curso de Primeros Pasos, para niños pequeños hasta 4 años. Aplican lo aprendido y vuelven después de un par de años a cursar Primeras Letras, especializado para padres con hijos entre 4 y 8 años. Así sucesivamente, hasta el último de Abuelos jóvenes. Además, se intercala el curso de “Amor Matrimonial” en el momento oportuno.
* Falleció en Barcelona a los pocos meses de realizar esta entrevista.

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