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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Los sacerdotes diocesanos en el Opus Dei

Etiquetas: Opus Dei, Sacerdocio, Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, Sacerdotes diocesanos, Vocación
Desde entonces, periódicamente, con toda naturalidad y sencillez, se ha ido repitiendo esa leva de sacerdotes, que ofrece un balance extraordinario. Como dijo el Cardenal Casariego en 1975, “por primera vez en la historia de la Iglesia, un sacerdote, mientras vivió, ha llevado al sacerdocio cerca de un millar de profesionales, especialistas en muchas ciencias humanas y nativos de los cinco continentes”. Aunque no hubiera hecho otra cosa –comentó por aquellos días un sacerdote sevillano– “ya habría hecho algo realmente admirable”.

Sin embargo, la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz no quedó completa, por decirla así, hasta que pudieron incorporarse también sacerdotes que no habían sido del Opus Dei antes de su ordenación. Al Fundador le sucedió –ante estos sacerdotes diocesanos– algo semejante a lo que habla experimentado con la ordenación de los primeros socios de la Obra. Tenía clara la idea, pero no encontraba el modo jurídico de llevarla a la práctica, pues no había ningún camino abierto en el Derecho canónico entonces vigente.

Desde el punto de vista teológico, la vocación al Opus Dei era la misma para los laicos y para los sacerdotes diocesanos: el mismo fenómeno teológico vocacional, solía decir el Fundador. Pero no vela la solución jurídica (como con tantos otros problemas, que hoy parecen fáciles y elementales, porque están resueltos).

Llegó a decidirse a abandonar el Opus Dei, para dedicarse a una nueva fundación para sacerdotes diocesanos: por amor vuestro, que es amor a Jesucristo, aseguraría con palabras emocionadas el 14 de noviembre de 1972 en La Lloma (Valencia) a un grupo numeroso de sacerdotes. Lo comunicó a los directores y directoras del Opus Dei. Se pusieron tristes, y alegres, porque comprendían la necesidad apostólica. Avisó a su hermana Carmen y a su hermano Santiago de que si comenzaban otra vez las calumnias, no se preocupasen: –Es esto. Antes había informado a la Santa Sede, que le dio su visto bueno.

Había sacerdotes que estaban esperando la solución del problema, algunos desde que habían conocido al Fundador de la Obra. Desde entonces le habían manifestado sus deseos de formar parte del Opus Dei. Él tenía que hacerles esperar.

Pero, en un momento dado, el Señor le hizo comprender que no era necesaria una nueva fundación y que, por tanto, no debía abandonar la Obra.

Como expondría luego muchas veces, Dios arregla las cosa muy bien, y como todos –sacerdotes y laicos– tienen la misma vocación, también jurídicamente han cabido en el Opus Dei los sacerdotes diocesanos. Muchos años después, en 1972, en Islabe (Derio, Vizcaya), confesaba a un buen grupo de ellos:
Agradezco a Nuestro Señor que vosotros seáis hermanos de vuestros hermanos, y que no haya habido necesidad de escindir un corazón de padre y de madre.


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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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