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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Dar a conocer a Dios a todas las almas

Etiquetas: Apostolado, Caridad, Brasil
Como muestra de la fertilidad de aquella tierra, le contaron la anécdota de que en un sitio pusieron los maderos de una portería de fútbol, y les salieron ramas... Brasil tiene, como se sabe, infinidad de fuentes de riqueza que están por explotar. Ante ese panorama el Fundador del Opus Dei encarecía a los brasileños:
Hay mucho trabajo, mucha labor. Hay muchas almas buenas en el Brasil. Y vosotros tenéis en el corazón el fuego de Dios, el que Jesucristo vino a traer a la tierra. ¡Hay que pegarlo a los otros corazones! Tenéis simpatía y bondad, capacidad humana y sobrenatural para hacerlo (...) Pues, ¡hala!, a moverse, a multiplicarse y hacer muchas cosas buenas en esta tierra, que es tan feraz.

No se le ocultaban los problemas. Era consciente, por ejemplo, de las grandes diferencias sociales que hay en aquel país, como en el resto del mundo. Pero prefería poner el acento en lo positivo, porque sólo la caridad cristiana, el Amor, puede cambiar a las personas y borrar las injusticias.
En este país –razonaba con calor–, abrís con naturalidad los brazos a todo el mundo, y lo recibís con cariño. Querría que eso se convirtiera en un movimiento sobrenatural, en un empeño grande de dar a conocer a Dios a todas las almas; de uniros; de hacer el bien no sólo en esta nación, sino, desde este gran país, a todo el mundo. ¡Podéis! ¡Y debéis! Y puesto que el Señor os da los medios, os dará también las ganas de trabajar.

Lo reiteraba en la fiesta de Pentecostés, dirigiéndose a varios miles de personas. Despacio, pronunciando las palabras con calma, como si temiese que la dificultad del idioma crease algún obstáculo para entenderlo:
Tenéis que hacer sobrenaturalmente lo que hacéis naturalmente; y después, llevar este afán de caridad, de fraternidad, de comprensión, de amor, de espíritu cristiano, a todos los pueblos de la tierra. Entiendo que el brasileño es y será un gran pueblo misionero, un gran pueblo de Dios, y que las grandezas del Señor las sabréis vosotros cantar en toda la tierra.

A los testigos presenciales les resulta difícil describir la impresión que estas palabras causaron en ellos, pues significaban un giro de ciento ochenta grados. Siempre habían pensado que el Brasil era tierra de misión y, en cambio, Mons. Escrivá de Balaguer lo dibujaba como un gran pueblo misionero, que debería llevar a otros países la riqueza sobrenatural de la Fe.


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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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