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Relatos biográficos

La libertad, la política y el Opus Dei

Andrés Vázquez de Prada

Etiquetas: Ciudadanía, Historia, Libertad, Opus Dei, Política
Unas veces de boca y otras por escrito el Fundador no se cansaba de hablar a sus hijos de libertad. Y, ¿por qué les hablaba tanto de libertad? Las insistencias de Mons. Escrivá no contemplaban exclusivamente el escenario de actualidad de éste o aquel país. Su doctrina tenía hondura fundacional; y de ahí el machacar y machacar el tema: "No me cansaré de repetir, hijos míos, que una de las más evidentes características del espíritu del Opus Dei es su amor a la libertad y a la comprensión: en lo humano, quiero dejaros como herencia el amor a la libertad y el buen humor".


Las dificultades que halló la Obra en la década de los años sesenta no provenían tan sólo de la oposición de una persona determinada, o de un grupo en particular. El Fundador se dio de cara con resistencias de todo tipo, como frecuentemente ocurre a cualquier institución de empuje histórico. Unos quedan ya esbozados, por lo dicho con motivo de las turbulencias del Concilio.

Otros, en cambio, surgieron por fuertes presiones en el campo político. De manera que el Fundador hubo de andar atento a las nuevas intrigas, hechas de rumores y falsedades, que, de tiempo en tiempo, se urdían en torno a la Obra. Estas campañas difamatorias, que tuvieron su origen en España, se corrieron pronto a otros países.

Sin embargo, tan acostumbrado estaba a ellas el Fundador que las contradicciones, más que robarle la paz, le robaban tiempo, sin quitarle la alegría. Detrás de los ataques a la Obra acostumbraba ver la mano de Dios, que se servía de los sucesos como herramienta de pulimiento espiritual. Por eso, en medio de una de aquellas campañas escribía con todo sosiego a sus hijos: "Nunca hemos dejado de ver la intervención de la Providencia Divina cuando se suceden periódicamente, con una frecuencia que deja ver la mano poco limpia de algunos santos varones y de sus corifeos, esas oleadas de cieno... Bendigo a Dios: porque cuando el Nilo se salía de madre, volvía pronto a su cauce —todo vuelve victoriosamente a su cauce— y los campos anegados se quedaban secos y llenos de fecundidad"1.

Su empeño no era una pelea a brazo partido con quienes le insultaban. Era pelea de amor y siembra de paz y alegría. En aquellos irremediables choques, en aquellas campañas denigratorias, no faltaban a veces el apasionamiento, el partidismo o la mala fe. En tales casos el consejo del Fundador era éste: "comprender que no nos comprendan"2. Postura liberal y generosa, pronta a disculpar equivocaciones, y a revestirse de los sentimientos de Cristo, tanto para tratar a quienes son hermanos nuestros como a los enemigos de la Iglesia, que pretenden encerrar de nuevo a los cristianos en las catacumbas.

"No saquemos las cosas de quicio" —explicaba el Fundador—: "es lógico que los enemigos de Dios y de su Iglesia no nos quieran. Y es lógico también que, a pesar de todo, nosotros les queramos: caritas mea cum omnibus vobis in Christo Iesu!3.

Unas veces de boca y otras por escrito el Fundador no se cansaba de hablar a sus hijos de libertad. Y, ¿por qué les hablaba tanto de libertad? ¿No sería por el ambiente enrarecido que respiraban en España, después de tan largos años de gobierno autoritario? Sin embargo, las insistencias de Mons. Escrivá no contemplaban exclusivamente el escenario de actualidad de éste o aquel país. Su doctrina tenía hondura fundacional; y de ahí el machacar y machacar el tema: "No me cansaré de repetir, hijos míos, que una de las más evidentes características del espíritu del Opus Dei es su amor a la libertad y a la comprensión: en lo humano, quiero dejaros como herencia el amor a la libertad y el buen humor4." San Josemaría mantenía muy en alto la bandera de la libertad. Agradecía a Dios, de todo corazón, el que le hubiese dejado correr "la gran aventura de la libertad"5y enseñaba esa libertad a sus hijos tan pronto venían a la Obra.

Su vida fue una continua lucha por la libertad de espíritu, porque solamente esa libertad personal hace al hombre "capaz de merecer u ofender, de perdonar o de guardar resentimiento, de odiar o de amar"6. Además, ese "don precioso de la libertad", que tantas veces exaltó el Fundador, resultaba tan necesario que allí donde no existía libertad se asfixiaban los apostolados del Opus Dei. Y es que "la libertad y la consiguiente responsabilidad son como el contrasello de la actividad laical, también en el apostolado"7.

La libertad, como "característica esencial del espíritu" del Opus Dei, estaba implícita, desde 1928, en lo que sería forma de vida y apostolado de sus miembros.

"Es frecuente, aun entre católicos que parecen responsables y piadosos, el error de pensar que sólo están obligados a cumplir sus deberes familiares y religiosos, y apenas quieren oír hablar de deberes cívicos. No se trata de egoísmo: es sencillamente falta de formación"8.

Por otro lado, como contrapartida al deber propio de todo ciudadano, el Fundador defendía enérgicamente el derecho de los católicos a intervenir activamente en la vida pública. Y a quienes se dedicaban específicamente a labores de partido político, de administración o de gobierno, les advertía y recalcaba que lo hacían a título personal.

Este principio estaba ya fijado desde los comienzos. Así, por ejemplo, en 1932 escribía don Josemaría que en política cada miembro de la Obra era personalmente libre y, por consiguiente, responsable único de su actuación: "Nunca los Directores de la Obra pueden imponer un criterio político o profesional —temporal, en una palabra—, a sus hermanos"9, señalaba con energía.

A quienes habían escogido la política como vocación profesional van dirigidas las siguientes palabras: "Como todos los demás miembros de la Obra en sus ocupaciones temporales, al actuar en ese campo, lo hacéis sin hacer valer vuestra condición de católicos ni de miembros del Opus Dei, sin serviros de la Iglesia ni de la Obra: porque sabéis que no podéis mezclar ni a la Iglesia de Dios, ni a la Obra, en cosas contingentes [...]. Los que os encontráis con vocación para la política, trabajad sin miedo y considerad que, si no lo hacéis, pecaréis de omisión. Trabajad con seriedad profesional, ateniéndoos a las exigencias técnicas de esa labor vuestra: con la mira puesta en el servicio cristiano a todas las gentes de vuestro país, y pensando en la concordia de todas las naciones" 10. El Opus Dei quedaba, pues, al margen de la política: "Libertad, hijos míos. No esperéis jamás que la Obra os dé consignas temporales"11.

El derecho de opción y actuación política de que debe gozar todo ciudadano no siempre fue respetado, como sucedió en la España de entonces. El régimen de Franco tenía sus orígenes en la guerra civil española (1936-1939) y estaba montado sobre un planteamiento que justificaba un poder autoritario y personal. Cuando en 1957 Franco hubo de renovar el gobierno 12, remodeló la representación de las fuerzas políticas integradas en el Movimiento Nacional: falangistas, tradicionalistas carlistas, demócratas cristianos franquistas, monárquicos dinásticos e, igual que desde su primer gobierno, personas que le merecían confianza por sus conocimientos profesionales, al pertenecer a los altos cuerpos de la Administración del Estado13.

Objeto del cambio fue el análisis y el impulso de las reformas sociales, políticas, administrativas y económicas que, según el parecer de Franco, la nación necesitaba. A la vez, el nuevo gabinete era el reflejo de las ideas básicas de unidad nacional, política y social que configuraban el pensamiento del Jefe del Estado y que, a su vez, impedían el pluralismo político y social 14.

Uno de los objetivos del nuevo gobierno fue la integración de la economía española en el marco del mundo occidental. Las consultas realizadas con el Fondo Monetario Internacional y la OCDE mostraron la necesidad de un plan de Estabilización y de medidas liberalizadoras propias de una economía de mercado. Esa operación económica estaba pilotada por el Ministro de Hacienda, Mariano Navarro Rubio, y el de Comercio, Alberto Ullastres, y contaba con el consenso de la mayor parte de los agentes económicos. El plan de Estabilización se aprobó en julio de 1959. Dos años después comenzaron los estudios que condujeron a los Planes de Desarrollo, con la consiguiente expansión de la economía.

La presencia de miembros del Opus Dei en el Gobierno de España —Navarro Rubio y Ullastres— suscitó comentarios de diversa índole en los ambientes políticos y sociales. Sectores del Movimiento Nacional los calificaron, en sentido despectivo, de tecnócratas 15. Con esta palabra querían designar, de modo críptico, su pertenencia al Opus Dei, y descalificarlos políticamente. Ante todo, es necesario afirmar que si fueron ministros, se debió a la voluntad de Franco, que asumía todos los poderes del Estado. Y también, por supuesto, a la libre aceptación de su nombramiento. Su pertenencia al Opus Dei no condicionó su decisión en el aspecto político, aunque sí debía reflejarse en el rigor profesional y en la sensibilidad moral al ejercer sus cargos. Al igual que sus colegas de gobierno, católicos ellos también 16, trataban de tomar sus decisiones en las materias políticas y sociales de acuerdo con su conciencia y eran conscientes de que su acción política debía reflejar la fe que profesaban 17.

Cuentan varios testigos que, al enterarse del nombramiento de Alberto Ullastres como ministro, un Cardenal se creyó obligado a felicitar al Fundador con tan fausto motivo. Ni tiempo tuvo de proponer sus plácemes. Monseñor Escrivá de Balaguer le atajó con ademán decisivo: "A mí no me va ni me viene" —le dijo—; "no me importa; me da igual que sea ministro o barrendero, lo único que me interesa es que se haga santo en su trabajo" 18.

El éxito del Plan de Estabilización configuró las condiciones que hacían posible los Planes de Desarrollo 19. A la vez, a lo largo de 1962, corrieron rumores de cambios en el Gobierno, por la necesidad de dar respuesta a los desafíos que surgían de una sociedad cada vez más consciente de sus derechos políticos y sociales 20.

Durante el desarrollo de la crisis de gobierno 21 le llegaron noticias al Fundador, de las que se deducían que sectores de la vida pública española consideraban a la Obra como un grupo político. Ante estos rumores la Secretaría General del Opus Dei emitió un comunicado del que son las siguientes frases: “Los socios del Opus Dei son libérrimos en su pensamiento y en su actuación política, lo mismo que cualquier otro ciudadano católico. Dentro de la Asociación caben, y de hecho hay, personas de distintas y aún opuestas ideas políticas, sin que el Opus Dei tenga nada que ver de ningún modo en los méritos o deméritos de la gestión personal de sus socios. Quede, pues, claro que el Opus Dei no está ligado a ninguna persona, a ningún régimen, ni a ninguna idea política” 22.

Eran muchas las visitas que recibía el Fundador, tanto de autoridades civiles como de autoridades eclesiásticas. Todos tenían preguntas que hacerle. ¿Por qué no asumía el Opus Dei una postura política definida, para saber a qué atenerse? ¿Por qué no daba a sus hijos consignas u orientaciones en este campo? Y el Fundador no se cansaba de repetir que "la actuación política —con la intensidad que vean oportuna—, la hacen los miembros del Opus Dei libérrimamente y, por tanto, con personal responsabilidad, según les dicte su conciencia de ciudadano cristiano, sin tolerar que impliquen a nadie en las decisiones que legítimamente cada uno ha sabido tomar"23.

Recibía presiones de distintas instancias, instándole a que obligase a los miembros del Opus Dei a retirarse del gobierno. Pero no estaba en sus manos —les decía— el mermar o coaccionar la libertad de cualquier hijo suyo. En cuanto al pronunciarse con autoridad sobre un régimen político desde el punto de vista doctrinal, no le correspondía a él sino a la Santa Sede o a los Obispos del país de que se tratase 24. Mandar a sus hijos retirarse de ese gobierno, o de cualquier otro no rechazado por la autoridad eclesiástica, hubiera significado traicionar el espíritu del Opus Dei.

En la década de los sesenta, con ocasión de una fuerte campaña que se desató en varios países contra la Obra, uno de los directores de la Comisión Regional de España recuerda haberle oído esta frase, de apariencia tan simple, aunque detrás de ella se esconde un sinfín de penalidades: "hijo mío, me quitarían muchos problemas si esos hermanos tuyos no fueran ministros, pero si yo insinuase eso no respetaría su libertad y destrozaría la Obra" 25.

(...) Ni su ausencia de España ni sus silencios en Roma mantuvieron tranquilos a ciertos sectores, que se exasperaban, sin motivo alguno. El tratamiento injusto que se daba al Fundador de la Obra, o las calumnias que le dedicaban algunos periódicos no le quitaban la paz, no le importaban gran cosa. Pero llegó un momento en que los ataques contra la Obra se volvieron contra la Iglesia; y el Fundador, por salir en su defensa, cambió aquella su vieja táctica de soportar en silencio las injurias. Esto ocurrió en los primeros meses de 1964, cuando se desencadenó en Holanda una durísima campaña contra el Opus Dei, con repercusiones internacionales. ¿El motivo? Que la princesa Irene, una hija de la reina de Holanda, se había convertido al catolicismo; un sacerdote del Opus Dei había sido instrumento de Dios para su conversión.

El Padre, para borrar tristezas y temores en sus hijos de Holanda, les escribía repitiéndoles el programa que tan buen resultado le había dado en su vida: "Cuando el Señor permite que se desahoguen, con tantas cosas calumniosas, esos grupos de fanáticos, es señal de que vosotros y yo hemos de saber callar, rezar, trabajar, sonreír... y esperar. No deis importancia a esas insensateces: quered de veras a todas esas almas. Caritas mea cum omnibus vobis in Christo Iesu!" 26.

De la gravedad y vileza de dicha campaña da idea la carta que el 27 de marzo de 1964 enviaba el Fundador a Mons. Jan Van Dodewaard, Obispo de Haarlem, para felicitarle la Pascua de Resurrección: "Continúan llegándome publicaciones de esa querida Nación, en la que se nos llena de injurias, de falsas interpretaciones y de calumnias, tan descomunales que, a pesar de ser casi un anciano sacerdote, no había podido jamás imaginármelas, ni siquiera de lejos. Pero no se preocupe, Excelencia, porque esto me hace amar aún más a Holanda y a todos los holandeses" 27.

El caso es que, en su acostumbrado programa de conducta a la hora de la contradicción ("callar, rezar, trabajar y sonreír"), sustituyó la recomendación del silencio por la proclamación de la verdad, asumiendo la defensa del honor de Dios, de su Iglesia y del Romano Pontífice. Y luego la puso inmediatamente en práctica.

Este cambio de comportamiento, valiente y caritativo a la vez, responde al propósito firme del Fundador de no tolerar infamias contra Dios y sus servidores. Caso distinto eran las injurias hechas a él personalmente, que estaba dispuesto a seguir aguantando como antes.

(...) "Debéis siempre estar alerta" —les avisaba—: "vigilate et orate!, siempre serenos, con la alegría, la paz y la valentía del que está en la rectitud. No podemos callar, porque esta Madre nuestra es y será —aunque pasen los años— menor de edad: y necesita que sus hijos la defiendan veritatem facientes in caritate: yo he escrito al Santo Padre tres veces, y una cuarta hoy, porque es necesario quitarse el cieno de encima. He de decir que el Papa tiene mucho cariño, y lo demuestra" .

Y una semana más tarde les repetía lo dicho: "Ahora es preciso que no os olvidéis del consejo evangélico: vigilate et orate! No podemos tolerar más la calumnia, ni la insinuación venenosa: y, de cada cien casos, los cien tienen su origen en esa España mía queridísima. ¡Basta!"29.

Se había comprometido a no guardar silencio si ello afectaba a la Iglesia o a la Obra. En varias ocasiones tuvo que coger la pluma, pues hasta Roma llegaban las salpicaduras de ciertas campañas de prensa, francesa y española, que desvirtuaban la naturaleza espiritual del Opus Dei y negaban su dimensión universal . Entonces exponía al Papa la realidad objetiva de los hechos, la falsedad de las acusaciones y el origen de los ataques. Como era natural, estos desagradables sucesos, aunque no le quitaban la paz interior, algo le afectaban.

Contemplados desde arriba eran un cúmulo de bajezas, pequeñas y rastreras: "Me dio pena leer aquella mordacidad obscena, que enviaron anónimamente desde España. Es inevitable que el demonio no esté contento: cuando va bien para los corderos, no va bien a los lobos. Quemé el papelucho. Estad tranquilos, porque vuestro trabajo y el de vuestros hermanos —el Opus Dei— llega al cielo en olor de suavidad"31.

¿Cómo hacer frente a la maledicencia difundida por los enemigos de Dios y de su Iglesia? El Fundador había pensado el modo: conceder entrevistas a corresponsales de diversas naciones y periódicos. La primera de ellas la concedió a un corresponsal de Le Figaro, y apareció publicada en mayo de 196632. Su proceder era sencillo: contar claramente la verdad, repitiendo incansablemente que en el Opus Dei todos obran con completa libertad personal, sin que la diversidad en el actuar o en el opinar constituya ningún problema para la Obra, porque "la diversidad que existe y existirá siempre entre los miembros del Opus Dei es, por el contrario, una manifestación de buen espíritu, de vida limpia, de respeto a la opinión legítima de cada uno"33.

El Fundador era verdaderamente un “romántico”, que luchaba por la libertad sin meterse en política34. Porque si bien la política es arte de gobierno, con muchas posibilidades y muy variada inspiración, no hay que olvidar que es también puerta de acceso al poder. Para Mons. Escrivá, el respeto a la libertad humana era la mejor garantía de la unidad interna de la Obra; mientras que la ambición de poder llevaría derechamente a su desintegración. Tal es la condición común del hombre: una perenne tentación de imponer la propia voluntad a sus conciudadanos. Razones en las que, aparte las sobrenaturales, se apoyaba el Fundador para afirmar que "un Opus Dei metido en política es un fantasma que no ha existido, que no existe y que nunca podrá existir: la Obra, si sucediera ese caso imposible, inmediatamente se disolvería" 35.


Notas
1. Carta a Florencio Sánchez Bella, en EF-640229-2.
2. Cfr. Vicente Mortes Alfonso, Sum. 7234.
3. Carta a sus hijos de España, en EF-651002-1. Sobre esta santa tolerancia y comprensión refiere uno de los testigos en el proceso sobre la vida y virtudes del Fundador del Opus Dei una curiosa anécdota: En una ocasión le visitó una persona, que le dijo: —Padre, yo soy hebreo. Mons. Escrivá le contestó: —¿Y qué? —Además soy masón. —Pero también eres hijo de Dios. ¿No? Y le dio un abrazo (Fernando Valenciano Polack, Sum. 7097).
Ante las críticas calumniosas de fuentes marxistas contra el Opus Dei, comentaba el Fundador: Es lógico que los comunistas hablen mal del Opus Dei, pero no es lógico, ni lo será jamás, que los miembros del Opus Dei hablen mal de los comunistas; del comunismo no tenemos más remedio que decir la verdad: que es un cúmulo de herejías y que reduce al hombre a pura materia, sin tener en cuenta los derechos más elementales de la persona humana (Javier Echevarría, Sum. 2264).
4. Carta 31-V-1954, n. 22.
5. Carta 8-XII-1949, n. 61.
6. Carta 30-IV-1946, n. 1.
7. Carta 12-XII-1952, n. 37.
8. Carta 9-I-1932, n. 46. Quería el Fundador que ya en los catecismos de la doctrina cristiana para los niños se expusieran los principios que deben regir la vida cívica de todo cristiano, en los que no se puede ceder al actuar de un modo o de otro en la vida pública; y que se afirmara, al mismo tiempo, el deber de actuar, de no abstenerse, de prestar la propia colaboración para servir con lealtad, y con libertad personal, al bien común (ibidem, n. 45).
Como respuesta a quienes pretenden encerrar la religión en el fondo privado de las conciencias, se lee en Surco, n. 301: No es verdad que haya oposición entre ser buen católico y servir fielmente a la sociedad civil. Como no tienen por qué chocar la Iglesia y el Estado, en el ejercicio legítimo de su autoridad respectiva, cara a la misión que Dios les ha confiado.
Mienten —¡así: mienten!— los que afirman lo contrario. Son los mismos que, en aras de una falsa libertad, querrían “amablemente” que los católicos volviéramos a las catacumbas.
9. Carta 9-I-1932, n. 50.
10. Carta 9-I-1959, n. 51.
11. Ibidem, n. 36. La actuación política de un miembro del Opus Dei, Rafael Calvo Serer, dentro de la acción de los monárquicos partidarios de don Juan de Borbón, le llevó a escribir en 1953, en la revista francesa Écrits de Paris, un artículo, que representaba una severa crítica, desde los mismos principios del régimen franquista, a la acción del gobierno español de 1951. Fue destituido de sus
12. Los anteriores cambios de Gobierno, de cierta entidad, se dieron en septiembre de 1942, en julio de 1945, y en julio de 1951.
13. El gobierno de 1957 era el siguiente: Subsecretario de la Presidencia: Luis Carrero Blanco, militar, identificado plenamente con las ideas de Franco; Asuntos Exteriores: Fernando María de Castiella y Maiz, Demócrata cristiano franquista; Gobernación: Camilo Alonso Vega, militar, franquista y monárquico; Justicia: Antonio Iturmendi Bañales, tradicionalista carlista; Ejército: Antonio Barroso y Sánchez-Guerra, militar y monárquico; Aire: José Rodríguez y Díaz de Lecea, militar; Marina: Felipe José Abárzuza Oliva, militar; Hacienda: Mariano Navarro Rubio, Letrado del Consejo de Estado; Industria: Joaquín Planell Riera, militar e ingeniero
industrial; Comercio: Alberto Ullastres Calvo, Catedrático de Economía; Obras Públicas: Jorge Vigón Suerodíaz, militar y monárquico dinástico; Agricultura: Cirilo Cánovas García, Ingeniero Agrónomo; Trabajo: Fermín Sanz-Orrio y Sanz, falangista; Vivienda: José Luis Arrese y Magra, falangista; Educación: Jesús Rubio García-Mina, falangista; Información y Turismo: Gabriel Arias-Salgado y de Cubas, franquista; Secretario General del Movimiento: José Solís Ruiz, falangista; Sin cartera: Pedro Gual Villalbí, economista.
14. Cfr. Declaración programática del nuevo gobierno, del 27-II-1957, en ABC, YA, Arriba, etc., del 28-II-1957.
15. A este respecto, Alberto Ullastres manifestó años después: “Éramos servidores del Estado y tenían una cierta razón en llamarnos así. Habíamos sido llamados porque los políticos no entendían de economía, que entonces era una ciencia prácticamente nueva en España y nos llamaron a los técnicos; concretamente a mí que me consideraba y me considero un técnico. A algunos políticos les molestó bastante”. (citado por Laureano López Rodó, Memorias, tomo I, Madrid 1990, p. 91).
16. Algunos ministros eran miembros de Asociaciones de fieles, y hay que afirmar que ellos no representaban a dichas asociaciones en el Gobierno.
17. Conviene recordar que la Jerarquía de la Iglesia en España nunca se pronunció en contra de la participación de los católicos en las instituciones políticas del régimen de Franco.
18. Julián Herranz Casado, Sum. 3905.
19. La Comisaría del Plan de Desarrollo se creó el 26 de enero de 1962, por sugerencia, entre otros motivos, del Banco Mundial y de la OCDE. Fue nombrado Comisario del Plan de Desarrollo Laureano López Rodó. La Comisaría dependía institucionalmente de la Presidencia de Gobierno, a pesar de la oposición de Navarro Rubio, que deseaba que dependiera del ministerio de Hacienda. Al no conseguir su objetivo, Navarro Rubio presentó su dimisión, que no fue aceptada, de momento, por Franco. Cfr. testimonio de Mariano Navarro Rubio en Franco visto por sus ministros, Enrique Baón editor, Barcelona 1981, p. 90.
20. Para formarse una idea de la evolución de la sociedad española y de los problemas a los que se enfrentaba, conviene recordar algunos acontecimientos significativos que tuvieron lugar a lo largo del año 1962: graves problemas laborales y sindicales, especialmente agudos en Vizcaya, Asturias y Barcelona; conciencia de crisis en el sindicato único universitario; primer encuentro de la oposición
interior y exterior, con ocasión del Congreso del Movimiento Europeo celebrado en Munich, en el mes de junio; petición, por parte del Gobierno Español, de ingreso en el Mercado Común; intensificación del disenso de las organizaciones obreras católicas... Además, en mayo contrajo matrimonio el Príncipe Juan Carlos de Borbón, consolidándose la opción del Jefe del Estado por el Príncipe y, en la vida de la Iglesia, la apertura del Concilio Vaticano II, que tantas repercusiones tendría también en la vida de España.
21. Hay historiadores que consideran que uno de los cambios más significativos del gobierno de 1962 es la entrada de Manuel Fraga Iribarne como Ministro de Información y Turismo. Fraga se había propuesto, como objetivo importante de su trabajo ministerial la promulgación de una Ley de Prensa que garantizara una mayor libertad de información. Entre los nuevos ministros se encontraba Gregorio López Bravo, Ingeniero Naval, que desde 1960 desempeñaba el cargo de Director General del Instituto Español de Moneda Extranjera. López Bravo era miembro supernumerario del Opus Dei.
22. Comunicado de la Secretaría General del Opus Dei, Roma, 17-VI-1962. Para entender un poco el porqué del origen de estas apreciaciones equivocadas sobre la Obra hay que tener presente que, al no existir en la España de entonces libertad de asociación política ni cauces para la expresión del pluralismo, podían adquirir matiz político manifestaciones religiosas, culturales y sociales que, por su naturaleza, son ajenas al campo de la lucha política. Por otra parte, quienes mantenían estas apreciaciones no tenían presente en su horizonte mental el hecho de que el Opus Dei es por naturaleza —y entonces ya empezaba a serlo de hecho— una realidad universal. Quizá por eso, en sus razonamientos, dieron categoría universal a lo que no eran más que circunstancias contingentes y coyunturales de un país concreto, en este caso España.
23. Carta 7-X-1950, n. 36. Vicente Mortes Alfonso, uno de los testigos del proceso, era miembro supernumerario del Opus Dei. Desde abril de 1957 desempeñó altos cargos políticos; y de octubre de 1969 a junio de 1973 fue Ministro de la Vivienda. He aquí su testimonio en este punto: «En varias ocasiones le expuse mi dolor por la incomprensión e, incluso, las calumnias que determinadas personas o grupos políticos en España lanzaban respecto del Opus Dei y la política. Él siempre me respondió con que debía practicar la caridad, ahogar el mal en abundancia del bien, dar liebre por gato y comprender que no nos comprendieran. Esto no obstante, me señalaba que tenía obligación, por el buen nombre de la Iglesia y de la Obra, de aclarar la verdad con toda la fortaleza necesaria, pero cuidando de no ofender a las personas, sino de señalar los errores. Y ello siempre en tono cordial y distendido. Me recomendaba siempre escuchar a los demás, dejarles expresar sus opiniones con toda libertad y, al exponer yo las mías, partir de la idea de que no hay más dogmas que los que ha definido la Iglesia y que, por lo tanto, casi todo en política es discutible» (Sum. 7234).
24. Cfr. Javier Echevarría, Sum. 2247.
25. César Ortiz-Echagüe Rubio, Sum. 6845. Cfr., también, Entrevistas con Jacques Guillemé-Brûlon, del 16-V-1966, y con Tad Szulc, del 7-X-1966, en Conversaciones, nn. 38 y 48.
26. Carta a sus hijos de Holanda, en EF-640320-2. Con serenidad sobrenatural les escribía dos meses más adelante:
Queridos hijos: que Jesús me guarde a todos vosotros siempre in laetitia!
Espero —sé— que tendremos muchas cosas y muy buenas en esa estupenda tierra de los tulipanes. Comed, dormid, divertíos con todo, porque no hay motivo para otra cosa (Carta, en EF-640519-1).
27. Carta, en EF-640327-1.
28. Carta a sus hijos de España, en EF-651002-1.
29. Carta a Florencio Sánchez Bella, en EF-651009-2. Acerca del origen de los errores sobre el Opus Dei, decía el Fundador en 1971: En España y sólo en España está el origen, por la celotipia religiosa de algunos, por la pasión política de otros pocos —muy pocos— y por la superficialidad de quienes repiten lo que oyen, porque les divierte (ABC, Madrid 24-III-1971: entrevista del corresponsal Julián Cortés Cavanillas).
bibliófilos a Pablo VI (cfr. Carta, en EF-660125-1); y la de un ejemplar de la primera edición polaca al Cardenal Stefan Wyszynski (cfr. Carta, en EF-661220-3); la expansión de la Obra en Nigeria y el proyecto apostólico de crear una Universidad en África (cfr. Carta, en EF-650524-1); y la exhortación a los fieles sobre la llamada universal a la santidad, hecha en una de las audiencias generales de la Basílica Vaticana, como mensaje del Concilio, y que tanto conmovió al Fundador (cfr. Carta, en EF-660322-1).
De singular importancia es la audiencia privada que obtuvo del Santo Padre, a través de Mons. Dell’Acqua: No consigo —escribe— habituarme a estos felices encuentros, aunque siempre me halle a mi gusto, como hijo que conversa con su Padre (Carta, en EF-660129-2).
La audiencia tuvo lugar el 25 de enero de 1966; en ella entregó al Santo Padre una nota sobre la diócesis de Barbastro, ya que corrían rumores de que pronto sería suprimida. Trató también del proyecto de crear una Facultad de Medicina en la Universidad Católica de Friburgo y un par de residencias universitarias en dicha ciudad (cfr. ibidem).
30. Sobre noticias falsas difundidas por el diario Le Monde, cfr. Cartas a Mons. Angelo Dell’Acqua, en EF-641112-1; en EF-650919-1; en EF-650921-1; y por el periódico La Croix: artículos del 26 de abril de 1966 y días sucesivos: cfr. Carta, en EF-660511-1; y también la campaña organizada por Le Nouvel Observateur y Le Canard Enchaîné (cfr. Carta, en EF-660611-1).
31. Carta a Richard Stork, Consiliario del Opus Dei en el Reino Unido, en EF-661121-3.
32. Jacques Guillemé-Brûlon, corresponsal de Le Figaro, preparó la publicación de la entrevista. Con esa y otras entrevistas sobre temas de actualidad, en los años 1967 y 1968 (corrientes y movimientos posconciliares, organizaciones religiosas, apostolados del Opus Dei, etc.) fue editado un libro que lleva por título Conversaciones. El artículo de Le Figaro aparece con el título: El apostolado del Opus Dei en los cinco continentes (cfr. nn. 34 y ss).
33. Ibidem, n. 34.
34. Cfr. Carta a don Juan de Borbón y Battenberg, en EF-661121-1.
35. ABC (Madrid), 24-III-1966.


Andrés Vazquez de Prada, El fundador del Opus Dei, Tomo III, Ediciones Rialp, Madrid 2003, pp. 524-545.