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Testimonios

"Tenemos problemas, pero los demás no tienen por qué saberlo"

Marta Tuñón. Madrid. Estudiante de Empresariales.

Madrid, 26 de octubre de 2010

Etiquetas: Justicia, Juventud, Pobreza, Kenya
Cuando decidí volar a Kenya en verano, desempolvé un hecho que durante años había pasado desapercibido a mis ojos: san Josemaría empezó trabajando entre los pobres y enfermos de Madrid para poner en marcha el Opus Dei.

Yo ya conocía su mensaje y su vida desde pequeña. Había estudiado en un colegio impulsado por sus enseñanzas y, además, varios miembros de mi familia pertenecen a esta institución de la Iglesia. Pero me hizo falta verlo hecho realidad en África para darme cuenta de que la pobreza es un aspecto esencial en la vida de San Josemaría y en el Opus Dei.

Ahora que he vuelto, veo que es igual allí que aquí, que sus miembros viven su vocación cristiana en las circunstancias normales de cada país y que el espíritu es exactamente el mismo. Pero mi paso por Kenya hizo que viera más allá del colegio y de lo que había estado recibiendo toda mi vida.

Allí me alojé en una residencia universitaria que se llama Keri. Vivíamos unas treinta residentes. Cuando entré en el cuarto que me asignaron, encontré dos cosas: una cama y una estantería. La casa, bien puesta, contaba con una sobria pero elegante decoración. No había nada de más, sólo lo indispensable para hacer de la vivienda un hogar.

"No parece que ninguna esté pasándolo mal"
Una de las personas de las que más aprendí fue de Frankie. Ella se encargó de enseñarme todo Kimlea y me pidió que moviera a la generosidad a otras personas que pudieran donar dinero a este proyecto. En una ocasión, me fue explicando a grandes rasgos algunas de las historias de las niñas que allí estudiaban. De una me contó que sus padres tenían sida; de otra que tiene muchos hermanos y viven en la miseria; había otra que hizo para cenar una sopa cociendo simplemente una cebolla y con eso comió toda la familia; otra que igual come una vez al día, etc. Yo, que veía cómo trabajaban, se reían y lo alegres que eran en general, le debí comentar algo así como "no parece que ninguna esté pasándolo mal" a lo que ella me contestó: "Tenemos problemas, pero los demás no tienen por qué saberlos".

Todas se ayudaban, aprendían, estudiaban mucho, hacían grandes sacrificios como andar varios kilómetros para ir a la escuela y, en el día a día, cada una carga con lo suyo discretamente. Lo que sobrevolaba en el ambiente es que confiando en Dios, los problemas se vuelven más pequeños.

Objetivo
El objetivo de mi viaje fue trabajar en un orfanato del Estado que conocían estas personas del Opus Dei. Porque hacen voluntariado no sólo en iniciativas impulsadas por ellas, sino en donde se detecten carencias que puedan paliarse al menos un poco. De hecho, en la universidad de Strathmore, -dependiente del Opus Dei- hay una serie de créditos que ganan las estudiantes cuando realizan una labor social y, entre otras, asisten con frecuencia a los comedores de la Madre Teresa para ayudar a las monjas. Todos los proyectos del Opus Dei están al servicio del país.

Un euro por doce horas de trabajo
Clases de cocina, confección, inglés.. son pinceladas de la formación que se imparte en Kimlea. La mayoría de las asistentes provienen de la enseñanza primaria y del campo. Viven en las plantaciones de té y, en el momento en el que la enseñanza no es gratis, se ponen a trabajar en dichas plantaciones, donde la remuneración es de un euro al día tras doce horas de trabajo. Kimlea sale al paso de esa situación ofreciéndoles una formación más cualificada para poder alcanzar un oficio que dé más prosperidad a sus familias. Le ponen un precio irrisorio a la formación o se les pide a las candidatas a recibirla que a cambio de la misma trabajen. Es la única forma de que valoren lo que les dan: aprender a trabajar bien. Cualquier alternativa es mejor que ganar sólo un euro al día. Con el dialecto de esos poblados no van a ningún lado, por eso aprender inglés es esencial.

También hay guarderías gratis para los hijos de las madres que asisten a Kimlea. Desde hace cuatro años en el mismo recinto de Kimlea hay un dispensario, porque la sanidad no es gratuita. Se les atiende y se les da medicinas. Quien puede paga y quien no, trabaja.

Por encima de todo... la libertad
Además, en Kimlea se imparte formación espiritual para quien quiera. Y en este aspecto hay de todo: algunas deciden bautizarse al descubrir la fe católica, otras no. Y no es condición. Cabe todo y caben todas. Por encima de todo, como siempre, está la libertad. En el mismo Kimlea se atiende a estas niñas y a sus madres. A ellas sí que se les ofrecen clases de costura gratis. El profesorado de Kimlea lo integran personas del Opus Dei que se desplazaron a Kenya para desarrollar la labor apostólica y, ahora que han pasado suficientes años, las propias antiguas alumnas de Kimlea (nacidas en Kenya).

En una ocasión tuve la oportunidad de ser recibida por el embajador de España en Kenya. Al preguntarle si conocía el Opus Dei la respuesta fue para mí sorprendente: "Cómo no lo voy a conocer con todo lo que están haciendo por este país".