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¡Fin de las vacaciones!

Victoria Florit

Etiquetas: Descanso, Hijos, Lucha ascética
Se ha acabado (casi) el verano y como todos los años he recibido la visita de los hijos que viven en España; ellos y sus parejas , han disfrutado comiendo y yo cocinando, berenjenas rellenas, patatas con tomates al horno, caldereta de pescado, pastisets, pimientos asados, paellas ... nos hemos acercado a las fiestas de los pueblos, disfrutando de los saltos de los caballos en los “jaleos”, bailado en las verbenas, cantado con nuestros amigos, divertido a nuestros niños, y no tan niños, con un sin fin de actividades,…

Espero, tengo mucha ilusión en ello, que estas vacaciones me hayan servido para “emplear rectamente el descanso del espíritu y para cuidar la salud de la mente y del cuerpo” (Gaudium et spes, 62)

Y todo esto, se lo he ofrecido a los pies de la Virgen de Monte Toro y a la de Gracia ¿qué más puedo pedir?

Sólo se me ocurre una cosa. Como decía San Agustín: “Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que sí puedo y sabiduría para reconocer la diferencia”, a la hora de guiar, acompañar, preparar, formar a mis hijos para que saquen lo mejor que llevan dentro. Darles criterios para valerse por sí mismos, para ahogar la vulgaridad, la sensualidad y la indolencia actual en abundancia de bien; para que se conviertan en ciudadanos responsables, profesionales competentes, en amigos leales,… en una palabra, en buenos hijos de Dios (San Josemaría Escrivá).

Y para ello, ¿qué mejor ocasión que estos días de tranquilidad para repasar algunos flecos de mi “ oficio de madre”, en los que parece más necesario insistir en estos momentos en que por unos días hemos vuelto a estar juntos, y en muchas ocasiones han pedido el consejo de su en otras épocas “ pesada madre que siempre tenía que decir su última palabra”.

Como pueden ver, soy de las que piensa que la cantidad de tiempo que pasemos con nuestros hijos es tan importante como la calidad.

Se necesita tiempo, roce, para la educación y el cuidado de nuestros hijos. Se necesitan horas para pensar con serenidad en las necesidades e inquietudes de cada uno de los miembros de la familia, para tomar decisiones, llevar la iniciativa, poner una pizca de creatividad e ingenio y actuar con eficacia, cariño, dedicación y firmeza según las necesidades de cada uno de nuestros para nosotros siempre “ niños y niñas”.

Y para esto, se necesita estar con ellos, intentar crear entre todos un ambiente familiar que favorezca la convivencia, el buen gusto, el trabajo y la educación de las virtudes. Suele ayudar, por ejemplo, aprovechar las comidas en familia para conversar y conocernos en profundidad o tener las puertas de tu casa siempre abiertas a los amigos de tus hijos para charlar, divertirnos, compartir alegrías y penas, cuidarlos y que nos cuiden, ayudarnos, comprendernos…en una palabra, dar y darnos.

Y he intentado sonreír siempre y sonreír a todos; porque todos esperaban mi sonrisa y todos necesitaban de ella; bastante tienen durante todo el año de ver malas situaciones y caras poco agradables.

Se me olvidaba. Ahora que las vacaciones para nosotros han pasado, recuerdo que otros han trabajado para que disfrutáramos de unos días de asueto.

Es más, “no todos pueden gozar de vacaciones, y no son pocos los que, por diversos motivos, se ven obligados a renunciar a ellas. Pienso, en particular, en quienes viven solos, en los ancianos y en los enfermos, los cuales a menudo, en este período, sufren aún más la soledad. A estos hermanos y hermanas nuestros quisiera manifestarles mi cercanía espiritual, deseando de corazón que a ninguno de ellos le falte el apoyo y el consuelo de personas amigas” (Benedicto XVI).

Victoria Florit, Diario Menorca (España), 7 de septiembre de 2008

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