Un día de invierno, cuando Josemaría era un joven de unos 15 años, salió temprano. La nieve alfombraba las calles, y se fijó en unas huellas: eran de un fraile que caminaba descalzo. Lo hacía así para ofrecerle al Señor un sacrificio, y para imitar a Jesús, que llevó una Cruz por nosotros. Sorprendido, Josemaría pensó:
—¿Si otros hacen tantos sacrificios por amor de Dios, yo no voy a ser capaz de ofrecerle nada?
—¿Si otros hacen tantos sacrificios por amor de Dios, yo no voy a ser capaz de ofrecerle nada?