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San Josemaría, hijo adoptivo de Pamplona

Etiquetas: Agradecimiento, Ciudadanía, Universidad, Navarra
Hace 50 años, el 25 de octubre de 1960, tuvo lugar la ceremonia de entrega a Josemaría Escrivá de Balaguer del título de hijo adoptivo de la ciudad de Pamplona, en la sala de recepciones del Ayuntamiento. Asistieron el Nuncio de Su Santidad, Mons. Hildebrando Antoniutti y el Arzobispo de Pamplona, D. Enrique Delgado.

San Josemaría pronuncia unas palabras en el momento de ser nombrado hijo adoptivo de Pamplona, en presencia del Alcalde de la ciudad, del Nuncio apostólico y del Arzobispo de Pamplona
San Josemaría pronuncia unas palabras en el momento de ser nombrado hijo adoptivo de Pamplona, en presencia del Alcalde de la ciudad, del Nuncio apostólico y del Arzobispo de Pamplona
El Alcalde de Pamplona, D. Miguel Javier Urmaneta, le dirigió las siguientes palabras: "Hoy la alegría es completa, porque lo que faltaba ya no falta: Monseñor está lleno de virtudes, pero le faltaba una, y ésta era haber nacido en Pamplona. Pero desde ahora ya es pamplonés. (…) Le pediré que no nos falte nunca su espíritu, que esté aquí siempre para ayudarnos en el trabajo diario, en el pasar de los días".

San Josemaría respondió, entre otras palabras: "Tengo una especial debilidad –todos tenemos alguna-, y esa debilidad es Navarra, porque esta tierra jugosa, de hayedos y rastrojeras, con su fe inquebrantable, su apego a la tradición, su laboriosidad callada y su moral sin tacha, parece como si hubiera sido especialmente dispuesta por Dios para que en ella fructifiquen las obras de apostolado universal que siembran aquí a manos llenas, seguras de que habrá buena cosecha. Y eso es lo que ha venido a hacer el Opus Dei, con amplios horizontes".

Esa misma mañana, había tenido lugar en el antiguo Refectorio de la Catedral el solemne acto académico de proclamación del Estudio General de Navarra como Universidad.

En el discurso pronunciado para la ocasión, explicó también en breves trazos el papel de la Universidad: "Queremos hacer de Navarra un foco cultural de primer orden al servicio de nuestra Madre la Iglesia; queremos que aquí se formen hombres doctos con sentido cristiano de la vida; queremos que en este ambiente, propicio para la reflexión serena, se cultive la ciencia enraizada en los más sólidos principios y que su luz se proyecte por todos los caminos del saber".