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Mi encuentro con San Josemaría en las catacumbas

Fue un día a fines de septiembre, durante las Jornadas Europeas del Patrimonio en las Catacumbas de San Sebastián -en Roma-, donde trabajo como guía en francés, italiano y español.

6 de mayo de 2010

Etiquetas: Amistad, devoción, Santa María de la Paz, Oración estampa san Josemaría, Roma, Francia
Estaba explicando el lugar a un grupo de españoles, muy interesados. Al final de la visita, una chica vino a agradecerme la explicación por su profundidad y lo bien que hablo castellano. Luego quiso darme la estampa de San Josemaria, pero le dije que no me
interesaba.

Cuando supo que soy francesa de la Bretaña y el colegio donde estudié, me preguntó si conocía a Constance B. y nos intercambiamos el correo electrónico.

Al poco tiempo, un buen amigo mio me pidió que lo acompañara a Santa Maria de la Paz, donde está entrerrado el fundador del Opus Dei. Allí rezamos dos horas... ¡y me gustó muchísimo! Después de unas semanas, le pregunté a mi amigo si quería volver, a la vez que intentaba fijar una cita con la chica con la que hablé en las catacumbas. Finalmente, pudimos quedar. Charlé despacio con ella y con la chica francesa de Bretaña y comencé a conocer a san Josemaría y el Opus Dei. Este encuentro con la Obra ha sido, de verdad, muy interesante. Ha estado lleno de pequeñas señales del Señor. Se dice que cuando nos busca hace de todo ¡y mi historía es una buena prueba de esto!

Como aún tengo dudas, pregunto y también ruego cada día San Josemaria para que me obtenga gracias. Recojo dos ejemplos muy sencillos. En una ocasión, antes de partir desde Nantes hasta París (después tenía que tomar un avión para Roma), cuando revisé si tenía el billete de tren, resultó que ya no estaba en mi bolso y me preocupé mucho porque era un billete de TGV -de alta velocidad- comprado tres meses antes por Internet, no intercambiable, no reembolsable. Entonces me confié a San Josemaria y diez minutos después lo encontré intacto en la basura de mi casa, aunque mi madre aseguraba que ya la había echado: ¡pueden imaginar cómo fue mi alegría!

Otra vez al bajar del autobús cogí el metro y después de dos paradas me dí cuenta de que había olvidado en el autobús un portafolios que contenía diplomas originales y copias legalizadas de otros documentos. Bajé del Metro –mientras empezaba a confiar a San Josemaría el problema- para volver a cogerlo en dirección opuesta e intentar localizar el autobús y el portafolios. Sorprendentemente encontré el autobús en el mismo lugar y la cartera con todos los documentos.

Es a través de las cosas pequeñas de cada día como se manifiesta el Señor y mi insólito encuentro con el Opus Dei -en las catacumbas de S. Sebastián- ha sido el cauce para acercarme a Él.

Gersende. Roma, Italia.