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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
En busca de la oveja perdida
No obstante, sería un error confundir libertad con indiferencia. El Fundador del Opus Dei quería que todos perseverasen en su vocación, y ponía los medios: formarlos, rezar por ellos, tratarlos con más cariño si atravesaban momentos difíciles. Más de una vez, supo hacerse el encontradizo con el que flojeaba, como el Señor ante el desaliento de los discípulos de Emaús. Cuando fue necesario, abandonó todo, para salir en busca de la oveja perdida...
Antonio Ivars recapitula la doble faceta –comprensión y exigencia– que hunde sus raíces en idéntico espíritu de amor: “Pienso que, de algún modo, reflejaba como nadie la persona de Cristo: cariñoso y dulce con los niños, los pecadores públicos, y exigente y hasta aparentemente airado con los fariseos e incluso con sus propios apóstoles. La ternura maternal de don Josemaría se compaginaba armónicamente con su reciedumbre. Podía comprender las mayores miserias, acoger con el mayor cariño al más grande pecador, y reprender seriamente a uno de sus hijos por la omisión del más pequeño detalle”.
Por último, para completar este rápido panorama, es preciso referirse a su actitud hacia los no católicos.
No hacía una frase cuando declaraba que estaba dispuesto a dar cien veces su vida para defender la libertad de una conciencia. De hecho, tuvo que luchar mucho, con un filial forcejeo, para que la Santa Sede aprobase algo inédito en la historia de las asociaciones de la Iglesia: que pudieran ser Cooperadores del Opus Dei personas sin fe católica.
En 1966 contó a un periodista, Jacques Guillémé–Brûlon, de Le Figaro, lo que una vez había comentado al Santo Padre Juan XXIII, movido por el encanto afable y paterno de su trato: “Padre Santo, en nuestra Obra siempre han encontrado todos los hombres, católicos o no, un lugar amable: no he aprendido el ecumenismo de Vuestra Santidad”. El se rió emocionado, porque sabía que, ya desde 1950, la Santa Sede había autorizado al Opus Dei a recibir como asociados Cooperadores a los no católicos y aun a los no cristianos.
Poco antes, el periodista le había preguntado sobre la “posición de la Obra” ante la Declaración del Concilio Vaticano II acerca de la libertad religiosa. La respuesta surgió bien clara:
En cuanto a la libertad religiosa, el Opus Dei, desde que se fundó, no ha hecho nunca discriminaciones: trabaja y convive con todos, porque ve en cada persona un alma a la que hay que respetar y amar. No son sólo palabras; nuestra Obra es la primera organización católica que, con la autorización de la Santa Sede, admite como Cooperadores a los no católicos, cristianos o no. He defendido siempre la libertad de las conciencias. No comprendo la violencia: no me parece apta ni para convencer ni para vencer; el error se supera con la oración, con la gracia de Dios, con el estudio; nunca con la fuerza, siempre con la caridad. Comprenderá que siendo ése el espíritu que desde el primer momento hemos vivido, sólo alegría pueden producirme las enseñanzas que sobre este tema ha promulgado el Concilio.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Salvador Bernal, Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1976.
Antonio Ivars recapitula la doble faceta –comprensión y exigencia– que hunde sus raíces en idéntico espíritu de amor: “Pienso que, de algún modo, reflejaba como nadie la persona de Cristo: cariñoso y dulce con los niños, los pecadores públicos, y exigente y hasta aparentemente airado con los fariseos e incluso con sus propios apóstoles. La ternura maternal de don Josemaría se compaginaba armónicamente con su reciedumbre. Podía comprender las mayores miserias, acoger con el mayor cariño al más grande pecador, y reprender seriamente a uno de sus hijos por la omisión del más pequeño detalle”.
Por último, para completar este rápido panorama, es preciso referirse a su actitud hacia los no católicos.
No hacía una frase cuando declaraba que estaba dispuesto a dar cien veces su vida para defender la libertad de una conciencia. De hecho, tuvo que luchar mucho, con un filial forcejeo, para que la Santa Sede aprobase algo inédito en la historia de las asociaciones de la Iglesia: que pudieran ser Cooperadores del Opus Dei personas sin fe católica.
En 1966 contó a un periodista, Jacques Guillémé–Brûlon, de Le Figaro, lo que una vez había comentado al Santo Padre Juan XXIII, movido por el encanto afable y paterno de su trato: “Padre Santo, en nuestra Obra siempre han encontrado todos los hombres, católicos o no, un lugar amable: no he aprendido el ecumenismo de Vuestra Santidad”. El se rió emocionado, porque sabía que, ya desde 1950, la Santa Sede había autorizado al Opus Dei a recibir como asociados Cooperadores a los no católicos y aun a los no cristianos.
Poco antes, el periodista le había preguntado sobre la “posición de la Obra” ante la Declaración del Concilio Vaticano II acerca de la libertad religiosa. La respuesta surgió bien clara:
En cuanto a la libertad religiosa, el Opus Dei, desde que se fundó, no ha hecho nunca discriminaciones: trabaja y convive con todos, porque ve en cada persona un alma a la que hay que respetar y amar. No son sólo palabras; nuestra Obra es la primera organización católica que, con la autorización de la Santa Sede, admite como Cooperadores a los no católicos, cristianos o no. He defendido siempre la libertad de las conciencias. No comprendo la violencia: no me parece apta ni para convencer ni para vencer; el error se supera con la oración, con la gracia de Dios, con el estudio; nunca con la fuerza, siempre con la caridad. Comprenderá que siendo ése el espíritu que desde el primer momento hemos vivido, sólo alegría pueden producirme las enseñanzas que sobre este tema ha promulgado el Concilio.
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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Salvador Bernal, Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1976.
Relación de contenidos
- Perdonar y pedir perdón
- ¿Qué sería de un cuadro si no hubiera sombras?
- Una nueva herejía
- Signos cabalísticos y jeroglíficos
- Estos son los herejes por cuya conversión me pidió usted que ofreciera la Misa
- Créame, el Opus es verdaderamente Dei
- Acusaban al Opus Dei de ser “una rama judaica de los masones”
- Con el aliento y el consuelo de los obispos
- Quien critica al Opus Dei critica al Patriarca
- Si Tú no necesitas mi honra, yo ¿para qué la quiero?
- Callar, rezar, perdonar
- En carne viva
- Sin libertad no se puede amar a Dios
- Apostolado personal
- Oración sin anonimato
- Virtudes y devociones cristianas de siempre, con libertad
- Tener corazón
- Libertad en la vocación, en la entrega en el Opus Dei
- En busca de la oveja perdida
- Somos una familia ecuménica
- El hijo de un pastor calvinista suizo que se entusiasma con "Camino"
- No hay dogmas en las cuestiones temporales
- En defensa de la legítima libertad de los cristianos
- Jugar al fútbol con los anarcosindicalistas
- Para el Fundador del Opus Dei el respeto a la libertad política no era indiferencia
- Aquí nunca te preguntarán de política
- Una misión puramente espiritual
- Yo sólo os puedo hablar de Dios
- Una residencia de estudiantes que rebosaba libertad
- El Opus Dei no es anti–nada, ni anti–nadie
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