Testimonios
Directiva de la empresa familiar
Cecilia Royals, Presidente del NIW (Instituto Nacional de la Mujer), madre de familia, Estados Unidos
10 de enero de 2002
Casada y madre de 8 hijos, dos de ellos con Síndrome de Down. Presidente del NIW (Instituto Nacional de la Mujer). Ha participado en conferencias de las Naciones Unidas y ha hablado ante el Departamento de Relaciones internacionales del Senado de USA y los Comités del Congreso. Interviene en numerosas Conferencias Internacionales sobre mujer, familia, educación y sociedad.La influencia de Josemaría Escrivá en mi vida ha sido radical. Ha llegado a lo más íntimo de mi ser y ha dado sentido a mi vida. Me ha enseñado a amar mi trabajo como una ofrenda a Dios unida al Sacrificio de la Misa para mi santificación y la del mundo entero. Me ha enseñado a hacerlo lo mejor posible para la gloria de Dios y que sea una ofrenda digna de Dios. Me ha enseñado a amar el trabajo ordinario, a dedicar el tiempo y estudio necesarios para mejorar mi eficacia. Y he aprendido gradualmente a extender mi trabajo, a no acobardarme, a hacer más, antes y mejor.
Soy ama de casa. Dedico todo mi tiempo y talentos a mi familia. En mayo se cumplen 24 años de nuestro matrimonio. Mi marido y yo tenemos cuatro hijos y cuatro hijas. La mayor tiene 22 años y el menor siete. Son gente maravillosa cuyas vidas se han forjado con los normales altibajos de los niños de todo el mundo.
Sin embargo, hemos tenido que afrontar muchos retos con la salud de mis hijos, empezando por el difícil parto de nuestro primer hijo, que desde entonces ha sido sometido a muchas transfusiones de sangre; ha sufrido numerosas fracturas; tres operaciones a corazón abierto y tres veces ha habido que reemplazar los marcapasos por funcionar mal. Dos de nuestros hijos tienen Síndrome de Down, con dificultades en el habla, retraso en su desarrollo, y necesitan terapia física y educación especial.
Nuestra tarea de padres es muy diferente a cualquier otro trabajo. Sólo la dedicación a mi familia puede llevar 24 horas al día, y de hecho así fue durante un tiempo. Al principio el afán de ser eficaz en mi trabajo estaba centrado en el núcleo de mi familia. Tenía que preparar muy bien la cena para mi marido, y también estimular las mentes en pleno desarrollo de mis hijos pequeños. Había que orientar bien sus errores, e instruirles en el crecimiento de las virtudes. A veces me consumía el trabajo de la casa, dando cinco medicinas diferentes a mi hija que tiene insuficiencia cardíaca, lavando la ropa, quitando el polvo, estudiando, planificando los menús de acuerdo con las alergias de mis hijos. Y no había que planear y cocinar bien solo el menú de la primera semana, sino también el de la semana 27, y la 351, y hasta la 7221 y las siguientes. Había muchos detalles que atender y mejorar y me parecía que tenía muy poco tiempo.
Poco a poco me di cuenta de que mis 24 horas tenían que incluir además el darme a otras personas. Vi que tenía que ser más generosa y que podía poner mis talentos al servicio de otras personas, que podía ayudar más a mis amigos y conocidos si los veía regularmente. La idea de sacar tiempo con más frecuencia para mis amigas me abrió nuevas posibilidades que habría dejado de lado si me hubiese dejado llevar sin más por los imprevistos del momento, y esto habría sido negligencia por mi parte.
El mensaje de Josemaría Escrivá me abrió nuevas perspectivas de servicio a otras personas. Al principio todo era sencillo: me metí en un club de lectura. Nos reuníamos unas cuantas amigas una vez al mes para comentar un libro. Muchas veces charlábamos de temas de actualidad. En estas conversaciones a menudo comentábamos la necesidad de que hubiera mujeres con criterio acerca de lo que es la mujer, que influyeran en el debate público. No pasó mucho tiempo cuando nos dimos cuenta de que no eran otras personas las que lo tenían que hacer sino que era una oportunidad para nuestra propia contribución. La enseñanza de San Josemaría me ha llevado a cambiar de actitud, antes todo era teoría y ahora lo he llevado a la práctica; al principio veía claro que alguien lo tenía que hacer y después vi claramente que yo tenía que dar lo mejor de mí misma en esta tarea.
El trabajo para mi familia tiene que ser también para la familia en general. Si yo pido al Ayuntamiento mejores carreteras o lucho en las Naciones Unidas por una libertad fundamental, estoy haciendo el trabajo de un ama de casa, estoy trabajando para mis hijos y para los hijos de mis hijos, estoy trabajando para mis vecinos y sus familias, estoy trabajando para el individuo que todavía no tiene familia. Este trabajo de convertir nuestra civilización en una familia donde la persona humana puede prosperar, es el trabajo de un ama de casa. Es mi trabajo.
Ahora déjenme contarles sobre el Instituto que hemos fundado. El Instituto Nacional de la Mujer (NIW) busca concienciar a todas las mujeres de la dignidad de ser mujer y de crear y mantener una cultura de respeto a la mujer. NIW supone una fuerte corriente de pensamiento que trabaja con retos importantes, promoviendo un diálogo constructivo sobre temas relacionados con el desarrollo de la persona, de la familia y de la sociedad a través de la opinión pública, del análisis de distintas formas de gobierno y el desarrollo de líderes. También proporcionamos resultados de investigaciones a las ONG y a individuos que asisten a conferencias en las Naciones Unidas u otras conferencias internacionales en temas sobre la mujer.
Los esfuerzos realizados para mantener las actividades regulares se han convertido en un reto importante. Algunas veces debido a las necesidades de nuestros hijos, hemos tenido que suspender los foros mensuales y la publicación de los boletines informativos. No nos podemos mover a la misma velocidad que las Naciones Unidas. Contribuimos en lo que podemos y cuando podemos. En este “negocio” las cosas tardan en cambiar décadas o incluso siglos. Hay que dar una gran importancia en este trabajo a las personas que hemos conocido, a las conversaciones que hemos compartido y a los puentes que hemos construido. Nunca habría soñado poder conocer y tratar a esas personas si no hubiese sido por el empuje recibido a través de las enseñanzas de San Josemaría.
Tanto mi familia como NIW pueden llenar todas las horas de una semana; y no sería suficiente el tiempo suficiente dedicado a ellos. Aquí viene en mi ayuda, una vez, más San Josemaría. Nos ha dado tantos ejemplos, y modos de hacer para perseverar hasta el final. Por ejemplo, sus sugerencias sobre cómo vivir el orden y el aprovechamiento del tiempo, son muy útiles para mejorar en efectividad. De entre las muchas cosas que hay que hacer con un poco de sentido común se puede discernir qué tareas podemos delegar y delegarlas. Josemaría nos recordó que "una regla fundamental para un buen gobierno es dar responsabilidad a los otros sin que esto sea el camino para que busques el anonimato o la comodidad.” En concreto, delego el lavado y planchado de la ropa. En nuestra casa cada persona mayor de 10 años se responsabiliza de su ropa, incluyendo mi marido. Les enseñamos a los niños a usar las máquinas, a tener un horario, y según se van haciendo mayores, a echar una mano en el lavado de toallas y cosas de uso común, y a ayudar a los más pequeños. Mi marido ha sido el que más ha fomentado esta disciplina con su ejemplo, especialmente cuando las cosas no van bien. Por otro lado, yo preparo la comida y los niños preparan postres como brownies o galletas con chips de chocolate.
Ciertamente tanto mi familia como el NIW a veces me exigen un esfuerzo extraordinario que supone cambios en los compromisos adquiridos. Estos trastornos de horario son muy frecuentes en mi familia, yo diría que casi normales. Por eso nos esforzamos por moderar el trabajo extra para poder reorganizarnos antes de la crisis siguiente.
Con el paso de los años han cambiado las necesidades de mi horario y he aprendido a organizar mis prioridades. He puesto esfuerzo en mantener un equilibrio entre todos los aspectos de mi vocación de ama de casa. Supone aprender a dirigir los esfuerzos a lo que es más importante y no a lo que es urgente. Puede que sea urgente que hoy compre unas nuevas deportivas, que lleve el coche al taller, que solicite fondos para la organización y que quite el desorden que hay en el dormitorio. Estas cosas hay que hacerlas pero también hay que buscar tiempo para estudiar, escribir y dar respuesta a las cuestiones de nuestra edad.
Para mi, tener equilibrio no consiste en hacer todo perfecto, sino en saber qué tarea requiere más mi atención ahora y cual puede dejarse de lado por el momento. Y esto supone redirigir mis esfuerzos cuando sea necesario hasta llegar al fin último y en saber que tarde o temprano llegaremos si es importante. Significa también desprenderse de buscar prestigio personal y estar siempre con el ojo puesto en el fin aunque estemos yendo en dirección contraria. Se parece mucho a la navegación con vela: el recorrido desde el punto A al punto B es casi siempre tortuoso.

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