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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
Dios creó al hombre para trabajar
En Mons. Escrivá de Balaguer se dieron las condiciones para que Dios pudiera utilizarlo, como instrumento, con el fin de recordar a los cristianos que, según está escrito en el Génesis, Dios creó al hombre para trabajar. Pues, ante todo, y desde joven, trabajó. Siempre tuvo tiempo para rezar, para celebrar con calma la Santa Misa, para predicar, para confesar, para la labor de su ministerio; para atender el trabajo de dirección del Opus Dei; para escribir –son muchos sus escritos–; para repasar periódicamente los tratados de Teología y Ciencias eclesiásticas; para leer obras de Literatura; para seguir habitualmente la prensa y las imágenes de los telediarios.
No desperdició sus horas ni en momentos en que hubiera parecido excusable, como, por ejemplo, durante los meses de su andar escondido por el Madrid en guerra. Por supuesto, su gran preocupación era entonces –como siempre– la vida de la Iglesia y las dificultades y sufrimientos de tantos hombres.
Durante una temporada estuvo refugiado con otras personas en un piso de la calle Sagasta, n.° 29, propiedad de la familia Sainz de los Terreros. Fueron días interminables, en los que no salieron a la calle para nada. En esas circunstancias, aparte de que se exigía más en su vida de piedad, no dejaba de leer temas que pudiera tener interés cultural, porque aun en aquella situación mantenía un criterio claro de lo que es aprovechar, el tiempo.
Las condiciones externas cambiaron cuando pudo ingresar en: la Legación de Honduras, donde el ambiente se caracterizaba por un clima de ansiedad, que –según testigos presenciales– daba pie para buscar la relajación, de manera que cualquier manifestación de comodidad podía tener disculpa y aun justificación pues en unos pocos metros cuadrados se alojaban muchísimas personas, de edades y caracteres muy distintos, generosamente acogidas por la familia que llevaba el Consulado.
Algunos aspectos de la vida en aquella Legación, y el espíritu que inculcaba a los demás, han quedado descritos en el número 697 de Camino:
Los acontecimientos públicos te han metido en un encierre, voluntario, peor quizá, por sus circunstancias, que el encierro di una prisión. –Has sufrido un eclipse de tu personalidad.
No encuentras campo: egoísmos, curiosidades, incomprensiones y susurración. –Bueno; ¿y qué? ¿Olvidas tu voluntad libérrima y tu poder de “niño”? =La falta de hojas y de flores (de acción externa) no excluye la multiplicación y la actividad de las raíces (vida interior). Trabaja: ya cambiará el rumbo de las cosas, y darás más frutos que antes, y más sabrosos.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
No desperdició sus horas ni en momentos en que hubiera parecido excusable, como, por ejemplo, durante los meses de su andar escondido por el Madrid en guerra. Por supuesto, su gran preocupación era entonces –como siempre– la vida de la Iglesia y las dificultades y sufrimientos de tantos hombres.
Durante una temporada estuvo refugiado con otras personas en un piso de la calle Sagasta, n.° 29, propiedad de la familia Sainz de los Terreros. Fueron días interminables, en los que no salieron a la calle para nada. En esas circunstancias, aparte de que se exigía más en su vida de piedad, no dejaba de leer temas que pudiera tener interés cultural, porque aun en aquella situación mantenía un criterio claro de lo que es aprovechar, el tiempo.
Las condiciones externas cambiaron cuando pudo ingresar en: la Legación de Honduras, donde el ambiente se caracterizaba por un clima de ansiedad, que –según testigos presenciales– daba pie para buscar la relajación, de manera que cualquier manifestación de comodidad podía tener disculpa y aun justificación pues en unos pocos metros cuadrados se alojaban muchísimas personas, de edades y caracteres muy distintos, generosamente acogidas por la familia que llevaba el Consulado.
Algunos aspectos de la vida en aquella Legación, y el espíritu que inculcaba a los demás, han quedado descritos en el número 697 de Camino:
Los acontecimientos públicos te han metido en un encierre, voluntario, peor quizá, por sus circunstancias, que el encierro di una prisión. –Has sufrido un eclipse de tu personalidad.
No encuentras campo: egoísmos, curiosidades, incomprensiones y susurración. –Bueno; ¿y qué? ¿Olvidas tu voluntad libérrima y tu poder de “niño”? =La falta de hojas y de flores (de acción externa) no excluye la multiplicación y la actividad de las raíces (vida interior). Trabaja: ya cambiará el rumbo de las cosas, y darás más frutos que antes, y más sabrosos.
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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
- Clases en la Academia Cicuéndez
- Capellán de las las Damas Apostólicas
- Millares de horas confesando niños
- Capellán de las Agustinas Recoletas del Monasterio de Santa Isabel
- Los enfermos más desamparados
- Don José María Somoano
- Todo lo tenía que hacer el Padre
- Trabajar con una sonrisa
- ¿Virtud sin orden? –¡Rara virtud!
- Las pupilas que ha dilatado el amor
- Dios creó al hombre para trabajar
- El trabajo es enfermedad incurable para los del Opus Dei
- La santificación del trabajo
- Amar el propio trabajo profesional
- El ejemplo de Jesús en Nazareth
- La santidad no es cosa para privilegiados
- Como los primeros Cristianos
- Una verdadera mentalidad laical
- La materia prima
- Mujeres del Opus Dei
- 14 de febrero de 1930
- Dos borriquillos que tiran del mismo carro
- El inicio de la Sección femenina del Opus Dei
- María Ignacia García Escobar, la primera mujer del Opus Dei
- El cimiento del Opus Dei
- En la calle de Jorge Manrique
- La fundación del Opus Dei: hombres y mujeres
- La fundación del Opus Dei: La sociedad sacerdotal de la Santa Cruz
- Todos los sacerdotes del Opus Dei son hijos de mi oración
- El 14 de febrero de 1943
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