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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

La Misa, centro y la raíz de la vida interior

Etiquetas: Eucaristía, Jesucristo, Santa Misa
Sobre la Santa Misa, sobre la Sagrada Eucaristía, el Fundador del Opus Dei ha dejado páginas bellísimas. Son reflejo de su corazón enamorado, que entendía la Misa como un epitalamio, como un canto de bodas, manifestación de amor.

Es patente el influjo de esos textos, que han llevado a muchísimas almas, en el mundo entero, a saborear la divina realidad de que la Santa Misa es el centro y la raíz de la vida interior, como precisaba constantemente Mons. Escrivá de Balaguer, desde que era un joven sacerdote, y recogería textualmente el Concilio Vaticano II, muchos años después.

Las palabras del Fundador del Opus Dei sobre la Santa Misa mueven y conmueven, porque traslucen una realidad plena y enteramente vivida. “Creo que su chifladura era la Santísima Eucaristía”, estima don Joaquín Mestre Palacio, Prior de Nuestra Señora de los Desamparados en Valencia, que amplia así su testimonio: “Me viene a la memoria el cariño, la unción y la piedad con que al señor Arzobispo (se trata de don Marcelino Olaechea) y a mí nos enseñaba los oratorios de Bruno Buozzi (sede central del Opus Dei), deteniéndose especialmente en el Sagrario. Nos lo mostraba con la misma delicadeza y unción con que un misacantano, enamorado del sacerdocio, podría mostrar el cáliz de su primera Misa”.

Muchas personas han tenido ocasión de asistir a una Misa celebrada por Mons. Escrivá de Balaguer. Sus comentarios son unánimes, acerca del modo intenso, delicado, profundamente piadoso, con que celebraba.

El actual obispo de Sigüenza–Guadalajara, don Laureano Castán Lacoma, no ha olvidado las Misas del sacerdote recién ordenado, don Josemaría, en Fonz, un verano de 1926 ó 1927. Don Laureano, entonces seminarista, pasaba en Fonz –su pueblo natal– las vacaciones. Coincidieron con ocasión de las cortas visitas que don Josemaría, con su familia, hacia a su tío, mosén Teodoro, beneficiado de la capellanía de la casa Moner. Don Laureano le ayudó alguna vez a celebrar la Santa Misa en la capilla de los señores de Otal –Barón de Valdeolivos–, con quienes le unía –también a don Laureano Castán Lacoma– una gran amistad. Y enaltece “la piedad y fervor con que celebraba el Santo Sacrificio, al que yo me unía con piedad y devoción grandes, que no le pasaron inadvertidas a Mons. Escrivá, como en fecha reciente me comentaba por escrito don Álvaro del Portillo. Es fácil de entender que ya entonces vivía lo que años más tarde escribiría: La Misa es acción divina, trinitaria, no humana. El sacerdote que celebra sirve al designio del Señor, prestando su cuerpo y su voz; pero no obra en nombre propio, sino in persona et in nomine Christi, en la persona de Cristo, y en nombre de Cristo”.


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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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