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Para los más jóvenes

Carmen, Chon y Lolita

Etiquetas: Familia Escrivá, Infancia espiritual, Para los más jóvenes
© Paulina Mönckeberg
© Paulina Mönckeberg
A Carmen la peinaban con trencitas. Era muy buena y muy piadosa: encantadora. Pero de pequeñita le gustaba mandar...

—¡Josemaría, ven acá...!

No sólo no lograba nada con él; al contrario, al primer descuido le tiraba de las cintas... y allá partía Carmen a hacerse las trenzas por segunda o tercera vez en el día. Escondido esperaba verla pasar para tirar de sus trenzas otra vez y salir corriendo victorioso.

Tenía además Josemaría una hermanita pequeña, de casi dos años, María Asunción, a la que llamaban Chon, muy dulce y rubia. A menudo lograba deslizarse sigiloso en la pieza de Chon para mecer la cuna; lo hacía con tanta energía, que la pequeña terminaba por despertar y llorar... entonces salía antes que llegara doña Dolores.

Por aquel tiempo, otra hermanita venía en camino. De modo que al cumplir él los cinco años, eran ya cuatro hermanos: Carmen, Josemaría, Chon y María Dolores, a quien decían Lolita.
El Relojerico estaba dichoso. Ahora contaba con dos ángeles más en la familia, aunque sabía que aquella compañía no duraría por mucho tiempo.

Entre los cuatro angelitos, lograban que los niños jugaran felices. En un gran caballo de cartón con ruedas, Josemaría paseaba a las más pequeñas por la casa, tirándolo de una cuerda. Y las divertía mucho. El paseo causaba gran alboroto, pues Josemaría no tardó en advertir que, a mayor velocidad, las niñas gritaban con más fuerza.

En otras ocasiones, mientras las niñas dormían, jugaba con soldaditos de plomo. Se entretenía solo inventando ingeniosas guerras, simulando ruidos de balaceras y cañones.
Su Ángel le soplaba al oído,

—Niño bueno: dile a Jesús muchas veces al día: te amo, te amo, te amo...