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Bajo su impulso

50 años de Condoray, líder en el desarrollo del mundo rural

Etiquetas: Educación, Pobreza, Perú
Hace 50 años, Condoray se planteó el reto de conseguir un desarrollo integral y sostenido de la mujer de Cañete (Perú). Inició su andadura en 1963 con el impulso de San Josemaría. Esta gran aventura convocó la solidaridad de muchas personas y de jóvenes voluntarias de diversos países que han dejado lo mejor de sí para hacer realidad este proyecto social.

Las promotoras rurales son una pieza clave en la enseñanza de Condoray.
Las promotoras rurales son una pieza clave en la enseñanza de Condoray.
“La educación ha sido la clave para lograr una verdadera promoción de la mujer en estas tierras. No hay desarrollo sin educación”, dice Milagros Panta, directora ejecutiva de Condoray. En el centro, que ha formado a más de 25 mil mujeres en el Valle de Cañete (Perú), “no sólo promovemos el progreso material de la mujer y su familia, sino darle una formación que la ayude a perfeccionar sus aptitudes y capacidades”, agrega Panta.

Impulsado por San Josemaría, que defendió el derecho de todos a tener un trabajo y una vida digna, Condoray ha ideado diversos programas que ayudan a la mujer a crecer como persona, a vivir de acuerdo a su dignidad, y le dan acceso tanto a la educación como a un puesto de trabajo.

Las enseñanzas del fundador del Opus Dei están en la base de toda la labor de Condoray: el respeto a la persona y a su dignidad; la pasión por la verdad; el amor a la libertad y la responsabilidad personales, la solidaridad y el trabajo bien hecho.

Actualmente Condoray cuenta con un Instituto de Educación Superior que ofrece carreras técnicas con valor oficial: Administración de servicios de hostelería, Secretariado ejecutivo y Contabilidad, que permiten a jóvenes de escasos recursos incorporarse con facilidad en el mercado laboral.

Las alumnas atienden y participan en las clases de nutrición, impartidas por las promotoras rurales.
Las alumnas atienden y participan en las clases de nutrición, impartidas por las promotoras rurales.
También en 17 comunidades rurales desarrolla otros programas, como el de habilidades productivas, desarrollo personal y familiar, el cuidado del medio ambiente o la mejora de vivienda, salud, nutrición e higiene. En todos se ofrece una formación en virtudes humanas y valores cristianos que ayudan a las beneficiarias conseguir una participación real en el progreso de su entorno social.

El Centro de Formación Empresarial (CEFEM), otro de sus programas, ofrece servicios de desarrollo empresarial para crear una empresa o mejorar la competitividad de los negocios, que permite a sus alumnas aumentar los ingresos de sus familias.

El ejemplo de Hilda
“Llegué a Cañete casi sin medios económicos. Comencé a vender “caldo de gallina”-plato típico del Perú- en un carrito ambulante en la calle. Como tenía dificultades en mi negocio me acerqué al CEFEM a solicitar asesoría empresarial”, recuerda Hilda Palomino, natural de Ayacucho, ciudad del interior del país. Hilda atravesaba por circunstancias difíciles: “mi autoestima estaba muy baja, nadie me había enseñado el valor de todo trabajo. Me sentía insegura, pensaba que mi negocio no era importante y hacía gastos innecesarios. Aprendí mucho y abrí un restaurante con su letrero, con mesas y manteles. He notado que las ventas han aumentado porque además del exquisito sabor, hay una sonrisa al servir cada plato y todo está limpio y muy ordenado”, agrega.

Hilda Palomino le dió un giro a su negocio de caldo de gallina después de acudir a los cursos de microempresa en el CEFEM.
Hilda Palomino le dió un giro a su negocio de caldo de gallina después de acudir a los cursos de microempresa en el CEFEM.
Hilda también comenta: “además, la mejora del negocio influyó en la unión familiar: ahora trabajo codo a codo con mi esposo y mi hija, compartimos momentos, nos ayudamos, vivimos en armonía y tenemos metas de mejora personal”.

Protagonistas de su desarrollo
“Impartimos también capacitación a 54 promotoras rurales, líderes que replican en sus comunidades los conocimientos recibidos en nuestra institución. Ellas impulsan a las mujeres a conseguir mejoras educativas, familiares, sociales y a ser protagonistas de su desarrollo”, prosigue la directora de Condoray.

Por su parte, Dina Sandoval, encargada de los Programas rurales señala: “el modelo de desarrollo nuestra institución es la educación de la mujer, porque si la capacitamos a ella no sólo capacitamos a una sola persona, sino a una familia; lo que aprende ella lo transmite a sus hijos y eso se transmite de generación en generación”.

Las promotoras han transformado el sistema social del valle: la mujer, que tradicionalmente no intervenía en la vida de su comunidad ni podía tomar decisiones, ha asumido funciones de liderazgo en su comunidad. El mensaje del fundador del Opus Dei también ha ayudado a impulsar esta labor de la zona: “San Josemaría influyó mucho en mi vida. Su ejemplo de servir sin esperar nada a cambio me movió a ser promotora rural de Condoray, para ayudar a las campesinas que se valgan por sí mismas, se desarrollen como personas y transformen sus pueblos”, explica Raquel Morán, madre de 5 hijos.
"No sólo capacitamos a la mujer, sino a una familia; lo que aprende ella lo trasmite a sus hijos y eso se transmite de generación en generación"

Libertad Fernández es también promotora rural desde hace 48 años: “en Condoray descubrí los valores cristianos, rescaté mi autoestima, mi dignidad de mujer, aprendí a enseñar a las personas del pueblo. Conocí a San Josemaría y aprendí a ofrecer el dolor y a ser más caritativa. Escucharlo te cambiaba por dentro y sentí mucha alegría cuando lo hicieron beato y después santo”.

Ayuda mutua
Desde 1985 jóvenes de Canadá, España, Portugal, Australia, Bélgica, Inglaterra, Alemania, Irlanda, Francia, Bélgica, Austria, Irlanda, Italia, Suecia, Japón, Paraguay, Suiza, Chile, Singapur y Nueva Zelanda, han participado en campos de trabajo en los poblados de Cañete. Más de mil personas se han puesto en contacto con la gente de fe sencilla y corazón grande de estas tierras y han cambiado su modo de ver la vida o se han acercado a la fe. Algunas de ellas han dejado su testimonio sobre lo que ha significado trabajar en Cañete durante una pequeña temporada.

Algunas estudiantes de Medicina y Enfermería italianas realizaron labores de higiene y revisiones médicas a las familias de Cañete.
Algunas estudiantes de Medicina y Enfermería italianas realizaron labores de higiene y revisiones médicas a las familias de Cañete.
Una de ellas es Shibata Kaoru, de Japón, quien comenta: “Condoray ofrece muchas oportunidades para que la gente aprenda. Eso cambia la vida de muchas personas. Aunque sea una labor difícil, está dejando resultados muy buenos. Ojalá hubiera muchas instituciones como este Centro”.

“El paso por Condoray -dice Matilde Moreno, de España- me ha ayudado para ver la alegría y libertad de llevar una vida más sobria, y la aceptación del sufrimiento con paz. Me parece que Condoray da sentido cristiano a la vida de toda la gente, un sentido auténtico que es mucho más importante que todo lo material”.

Patricia Buesa Zubiría, por su parte, expresa: “lo más valioso que he aprendido es que debemos formarnos y a la vez enseñar a los demás lo que sabemos. Es lo que hace Condoray con las promotoras, quienes a su vez, enseñan lo aprendido a las mujeres del pueblo. Me parece un trabajo valiosísimo: enseña a las mujeres a ser fuertes”.

Lyne Boivin, diseñadora publicitaria, explica que vuelve a casa llevándose “la grandeza de la gente sencilla y su optimismo frente a la adversidad. Llegaré a Canadá con otra visión de la vida, pues me he dado cuenta de que podemos vivir con menos bienes y ser muy felices”.
“Lo que más me ha ayudado de esta experiencia es constatar que la riqueza no es algo material. Aquí hay más corazón en las personas y una reserva de valores muy grande”

May Anh, vietnamita, da también su testimonio: “son muy pobres materialmente, pero tienen muchos más valores humanos que muchas de nosotras. Están en lo verdaderamente importante. La mayor riqueza de este país es la generosidad de la gente, que da lo poco que tiene y piensa en los demás”.

“Lo que más me ha ayudado de esta experiencia es constatar que la riqueza no es algo material. Aquí hay más corazón en las personas y una reserva de valores muy grande”. Así dijo hace unos años Catherine Loewe, que vivió unos días echando una mano en Condoray.

Una gran aventura
Blanca Ramos, Carmela Aspíllaga y Rosalía Valera llegaron a Cañete el 23 de mayo de 1963 para iniciar esta gran aventura. Primero comenzó con una sencilla “escuela hogar” que hoy se ha convertido en un Instituto de Educación superior tecnológico que ha dado acceso a la educación a 10 mil alumnas en sus diferentes cursos, a lo largo de estos años.

Durante una clase de cocina en el Instituto de Educación Superior.
Durante una clase de cocina en el Instituto de Educación Superior.
En 1970 se instaló la nueva sede que poco a poco, con la ayuda de muchas personas ha ido creciendo. En 1972 se creó el Departamento de Promoción Rural y se iniciaron investigaciones en 40 comunidades campesinas, comenzándose a trabajar con las primeras promotoras rurales. De este modo se pusieron los fundamentos de los Programas de Desarrollo Rural de gran alcance que funcionan en la actualidad.
“Comenzar esta tarea sin medios humanos ni materiales no fue fácil. Tuvimos que buscar una a una a las campesinas en los pueblos. Debimos romper su desconfianza y la mentalidad de que capacitarse era perder el tiempo”, explica Bibiana, educadora familiar quien vino a Cañete a apoyar esta labor en los inicios y trabajó en este proyecto durante muchos años.

Cincuenta años de trabajo constante, la preocupación por cada persona, el servicio, la solidaridad, la competencia profesional y la formación integral, principios inspirados en las enseñanzas de san Josemaría, han contribuido a que Condoray sea hoy una institución líder en la formación integral de la mujer y un referente en programas de capacitación en el Perú.

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