San Josemaría Escrivá
Favores obtenidos por la intercesión del fundador del Opus Dei

Una historia personal

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Desde que alguien se metió en mi vida para ponerme frente a Dios, gracias a las enseñanzas de San Josemaría tengo un camino concreto que seguir y metas claras en la vida. Soy feliz y además tengo esperanza en la vida eterna.
Estudiando la carrera de abogado en la Universidad de Guadalajara, desde 1994 trabajaba en despachos jurídicos con mi papá y otros amigos suyos abogados. Por entonces, una tía de un compañero de la Universidad, me invitó a dar catequesis en las zonas marginadas de la ciudad y para ello me concertó una cita en un Centro del Opus Dei.
Aunque al principio me arrepentí de haber ido, porque en ese momento no conocía a nadie, al ver el ambiente de cordialidad y de estudio, comencé a acudir los sábados a catecismo, a una meditación y la bendición con el Santísimo. Para preparar la catequesis, Luzma a quien conocí entonces, me prestó el catecismo de la Iglesia Católica y me dijo que leyera desde lo relativo a la persona en adelante y le preguntara mis dudas. Aunque estaba dispuesta a debatir y al principio escribí muchas dudas, para mi sorpresa al final las había borrado todas: en el catecismo encontraba lo que había buscado en tantas corrientes ideológicas que no me convencían totalmente.
Sin embargo, como me quedaban muchas dudas respecto a la Iglesia, que nacían de mi familia –mis padres no tenían fe en la Iglesia- y de la escuela, hablé con el sacerdote que iba a confesar al Centro, quien con mucha claridad, paciencia y sentido sobrenatural me fue aclarando los puntos que me hacían falta.
Pero lo más contundente fue ver que las que acudían a ese centro de universitarias, trataban a Dios con naturalidad, luchaban por llegar el cielo, cuidaban los detalles y vivían como me imaginaba que lo hacían los primeros cristianos. ¿Podría llegar a tales consecuencias la hipocresía con la que –como me inculcaron- se mueven los católicos? Definitivamente no, y tampoco veía ignorantes subyugados por ningún lado. Así que, a pesar de ser tan mayoritaria la religión católica en Guadalajara, fue para mí algo novedoso descubrir lo que significaba la fe y me atreví, desde entonces, a practicar a pesar de saber que dentro y fuera de la Iglesia las personas tenemos errores.
El cariño real al Santo Padre vino después poco a poco, con oración, y leyendo libros sobre él, también por el bien que me hacían los comentarios que oía, sin que se dieran cuenta.
En 1997, dos días antes de mi fiesta de graduación, falleció mi padre por un paro cardiaco a los cuarenta y cinco años de edad. Mi mamá trabajaba sólo en el hogar, mis dos hermanos son menores que yo y cursaban preparatoria; mi abuela pensionada también era apoyada económicamente por mi papá. Acababa de ser rematado el único bien inmueble que teníamos. Nos quedamos sin casa, sin trabajo, sin dinero.
Vendimos los dos carros para los gastos de comida, cambio de casa y renta. Necesitábamos cuando menos un ingreso fijo, así que por más de seis meses solamente yo trabajé en mi familia consiguiendo ese sueldo como asistente en un organismo oficial donde la mayor parte de mis actividades eran contestar el teléfono, relacionar la correspondencia y servir café, y me costaba mucho pues en mi interior me sentía degradada. Entonces recordaba aquella cruz sin brillo y sin crucifijo de la que habla san Josemaría en Camino, y a Don Alvaro del Portillo, primer sucesor del Fundador del Opus Dei, sonriendo. Y todo cambiaba de perspectiva porque el trabajo tiene un valor sobrenatural y trascendente, el servicio se vuelve lo más importante y todo esfuerzo se siente muy poco cuando se ofrece a Dios.
En 1998, gracias a Dios, me cambiaron al área jurídica donde, desde entonces, trabajo como abogada en materia familiar para personas de escasos recursos del municipio de Guadalajara. Además, desde 2003 imparto el Curso Prematrimonial Civil que es obligatorio en el Estado de Jalisco. Ahora tengo treinta años, me gusta mi trabajo aunque implica mucho desgaste y una gran responsabilidad, y tengo el mismo cargo y sueldo desde que entré, solamente con los aumentos generales al salario de cada año.
El 8 de diciembre de 1998 pedí la admisión al Opus Dei como Supernumeraria, el primero de diciembre del año 2000 me casé con Eduardo, un psicólogo que conocí en el trabajo, y en febrero de 2002 nació mi hija Mariana Paola.
Con mucho gusto y agradecimiento doy mi autorización para publicar mi testimonio en la página web de San Josemaría.
E. A. A., México

Cuando más lo necesitaba
En una época en que me encontraba sin esperanza alguna de encontrar el amor por decepciones y engaños que había vivido en un pasado, empecé a rezar a san Josemaría sin fe. Al poco tiempo, recuperé de alguna forma esa fe y esperanza que había perdido. Soy devota a san Josemaría porque me escuchó cuando más lo necesitaba y estoy profundamente agradecida. Me encomiendo diariamente a él para que ilumine mi vida de la misma forma en que ha alumbrado muchos caminos aquí en la tierra. Muchas gracias san Josemaría.
M. N., México
20 de diciembre de 2004

¡A comenzar de nuevo!
Perdí mi trabajo hace 8 meses. Tengo 53 años y es difícil volver a emplearme. Actualmente estoy empezando un negocio propio. Aún no he concretado ventas. Este fin de semana me he sentido desalentado. Con tal estado de ánimo, el día de hoy abro la página web de san Josemaría y éste me dice “¡Has fracasado! -Nosotros no fracasamos nunca. -Pusiste del todo tu confianza en Dios. -No perdonaste, luego, ningún medio humano. Convéncete de esta verdad: el éxito -ahora y en esto- era fracasar. -Da gracias al Señor y ¡a comenzar de nuevo!”.
Una vez más, percibo su presencia y me siento privilegiado de recibir directamente su mensaje.
Guillermo Silva, México
14 de diciembre de 2004

Tres milagros
Soy soldado del ejército y en octubre de 2003 padecí un ligero derrame cerebral. Fue entonces cuando mis hermanas me enviaron una estampa de san Josemaría. Recé con devoción por mi recuperación y, en particular, por mi futuro profesional y por mi familia. El primer milagro que ocurrió fue mi promoción. Me ascendieron al grado máximo que puede alcanzar un soldado ordinario, a pesar de que me encontraba en un sitio sin ninguna importancia. Eso es muy excepcional.
En octubre de 2004 recibí la orden de jubilarme. Mi familia rezaba todas las noches el rosario, junto con la oración a san Josemaría. El segundo milagro fue que la orden de jubilarme se anuló, y se me permitió seguir en el ejército.
Mi hija, que cursa sus estudios de secundaria en Japón, deseaba que me renovasen mi turno de servicio en Japón para poder graduarse en su colegio. Esto era un deseo imposible, porque ya habíamos estado más de ocho años en Japón y, normalmente, no se permite a nadie estar allí más de seis años. El tercer milagro fue que me mandaron a Japón por otro turno de dos años. De esta forma, mi hija podrá graduarse en su colegio.
Desde que hemos recibido la estampa de san Josemaría y el rosario, la hemos rezado con devoción o hemos hecho la oración en familia. Este período de pruebas ha sido tenso, agotador y agobiante, pero nos ha convertido en una familia fuerte que vive su vida cotidiana bajo la dirección y enseñanza de san Josemaría. La armonía, la paz y el cariño que ahora experimentamos en la familia no hubieran sido posibles sin la intercesión de san Josemaría. Su dirección e intercesión nos han estado siempre presentes. Que Dios le bendiga!
Prospero T. Rivera, Yokosuka, Japón
16 de diciembre de 2004

Recordé aquella estampa que tenía guardada
Hace muchísimos años, no sé cómo o -al menos no recuerdo-, llegó a mis manos una estampa del entonces Beato Josemaría. Tenía una oración al dorso así que no la deseché, sino que la guardé en una gaveta. Hace poco más de un año, participando en un foro católico, hice amistad con una persona española, por demás encantadora, que siempre hablaba de una manera especial de san Josemaría. Esto llamó mi atención y recordé aquella estampa que tenía guardada. La busqué y me di cuenta (con ayuda de este amigo) de lo obsoleta que era, ya que en la oración se pedía al final por su canonización. Desde ese día él comenzó a enviarme correos informándome sobre el Opus Dei y san Josemaría. Un día, me envió la dirección de una parroquia de mi país encomendada a la Prelatura del Opus Dei. Mi mayor sorpresa fue que era una iglesia (ubicada a menos de 4 millas de mi casa) a la que jamás había asistido pero, al pasar frente a ella, siempre me decía que algún día quería entrar a conocerla. Poco a poco fui animándome a conocer más la Obra y a este maravilloso santo. Comencé a repartir estampas, leí Camino y, finalmente, visité la iglesia de “La Sagrada Familia” donde me sentí como en casa y difundí entre familiares y amistades su devoción. Hoy, cada día, le rezo con mucha fe. Cuando me siento deprimida o siento que algo no está bien, tomo el librito Camino y leo algunas citas. Siento como si lo tuviera delante de mí y me estuviera hablando directamente, logrando así animarme y llenarme de mucha fe y esperanza.
Agradezco a Dios que haya puesto en mi camino a esta persona, que se ha convertido en un gran amigo en la distancia, porque gracias a él he conocido al “Santo de lo ordinario” y éste, a su vez, me ha hecho ver con otros ojos la grandeza de nuestro Señor. Hoy digo con toda seguridad que le he abierto mi corazón y mi vida a Dios y que vivo para agradarle en cada instante de mi vida, siempre pensando que todo lo que vaya a hacer sea para su gloria.... “todo por amor a Él”.
F. D. B., Venezuela
11 de diciembre de 2004

Un fin de semana redondo
Sí. Podría decir que fue así. Acababa de asistir, hacía un par de días, a la ordenación diaconal de mi hermano en Roma, y regresaba a mi actual residencia en el Reino Unido. Debía tomar dos vuelos y llegaba muy tarde al aeropuerto de Fiumicino; sólo 25 minutos antes de que el avión despegase.
Tenía el ticket, pero me faltaba la tarjeta de embarque, cuya entrega se hace sólo hasta 40 minutos antes de la hora de despegue. A pesar de eso, y debido a que había avisado anteriormente por teléfono de mi tardanza, me dejaron pasar los controles. Una vez dentro de la zona de embarque, se negaron a facilitarme un puesto en el avión, el vuelo técnicamente estaba cerrado y no se podía hacer nada. Menudo disgusto porque perdía la conexión con el segundo vuelo.
En ese momento, sólo me quedaba rezar "la estampa". San Josemaría tenía que ayudarme. Así que me armé de valor y fui directamente a las puertas de entrada al avión. Pedí colaboración a una amable azafata que viajaba de pasajero y que estaba allí esperando. Después de una tensa espera y de algunas estampas más, me dejaron embarcar. Gracias, san Josemaría.
Pablo D-C, España
6 de diciembre de 2004

¿No es esto un milagro?
Mi hijo Sebastián, que hoy tiene 12 años, nació con una cardiopatía congénita. Consultamos varios médicos y viajamos a Santiago. Allí nos confirmaron que la solución era operarle a corazón abierto. Sin embargo, debíamos esperar porque existía una pequeña probabilidad de que se curara con el tiempo. Pasaron varios años hasta que su corazón empezó a dilatarse y hubo que operar con urgencia. Estaba angustiada y desesperada, me preguntaba porqué nos tocaba esto a nosotros (...). Llegó a mis manos una estampita del aquel entonces beato Josemaría. Recé mucho acompañada por toda la familia. Mi hijo fue operado por un doctor extranjero que viajó por un sólo día a la ciudad de Santiago y coincidió con la fecha de la operación programada para Sebastián. Al día siguiente nos retirábamos del hospital con nuestro hijo operado. ¿no es esto un milagro? Para mí, sí.
Mabel Venegas Gutiérrez, Chile
4 de diciembre de 2004

Así de rápido
Me encontraba muy mal económicamente hablando. Había tenido tres hijos seguidos y vivía en Oaxaca. Volví a mi Estado con mi familia y buscaba trabajo. Siempre lo pedía sin éxito, hasta que mi hermana me dió la oración a san Josemaría. La recé e inmediatamente me llamaron del colegio en el que había solicitado trabajo. Soy terapeuta de lenguaje y lo encontré así de rápido gracias a la oración. Posteriormente me quedé sin empleo, conseguí otro, volví a rezar la oración e inmediatamente me contrataron y conseguí éxito profesional. Gracias, san Josemaría Escrivá por tu apoyo. Actualmente estoy muy bien, pero a mi esposo le resultaba también dificil encontrar un empleo. Así que le pedí san Josemaría por él y en el sitio donde mi esposo solicitó empleo le contrataron ese mismo día. Le estamos muy agradecidos por todos sus favores.
Oralia Avendaño Ramírez, México
2 de diciembre de 2004

Se encomendó a don Álvaro del Portillo
A mi hermana Abigail le diagnosticaron hace tiempo un tumor y los médicos le habían dicho que nunca sería madre. En junio pasado tuvo su primer bebé y el tumor que tenía alojado seguía creciendo. Le dijeron que tenía que operarse lo más pronto posible pues no sabían si era cáncer. Ella cuenta que un día fue a una basílica en México y ahí vió la estampa de san Josemaría Escrivá y otra de don Álvaro del Portillo. Dice que sintió mucha fe en que ellos la ayudarían y a partir de ese momento guardó en su cartera la estampita y se encomendó a la intercesión de Don Álvaro. Días antes de la operación le rogaba por su salud porque la cirugía era muy delicada. El día 17 de noviembre fue intervenida, salió bien pero se dieron cuenta de que tenía una hemorragia interna. Al día siguiente la volvieron a operar de emergencia a las 12 de la noche. De nuevo los médicos no nos daban esperanzas de vida, tenía la presión muy baja y se temía por un infarto pero, para la Gloria de Dios, ella salió bien de la cirugía y a los dos días se le dió de alta. Mi hermana Abigail está ahora como nueva en su casa recuperándose. Ella misma me ha contado cómo sintió la cercanía de la muerte aquella noche y cómo pedía a Don Álvaro que la ayudará. Su tumor no era canceroso. Le está eternamente agradecida a Dios por la oportunidad que le dio para seguir viviendo al lado de su bebé y su esposo.....¡Gracias san Josemaría Escrivá y Don Álvaro!
Jaquelin Gómez Rocha, México
1 de diciembre de 2004

El Sacramento de la alegría
Cuando estaba iniciando mi labor sacerdotal, recién ordenado, estalló lo que se ha llamado 'espíritu del Concilio', haciendo referencia al Concilio Vaticano II que acababa de terminar. Fueron años de cierta confusión porque muchas de las enseñanzas del Concilio eran de carácter pastoral y de aplicación inmediata en la vida de los cristianos. En medio de esta situación busqué un asidero firme y lo encontré en Josemaría Escrivá en quien siempre he visto un modelo de sacerdote para mi propia vida. No le conocí personalmente, pero le conozco muy bien a través de sus enseñanzas y del ejemplo impagable de su vida. Siempre le he tenido como un maestro y como un Padre espiritual, pero nunca se me ocurrió recurrir a él como intercesor. Nunca, hasta ahora. Paso mucho tiempo en el confesionario esperando a que los fieles se acerquen a recibir el 'Sacramento de la Alegría' (como lo llamaba san Josemaría). Mi presencia ahí es como un testimonio de que el Señor siempre está dispuesto a perdonarnos. El problema es que cada vez acudían menos personas. En esta circunstancia es cuando decidí acudir a san Josemaría como intercesor ante Dios. Comencé a dedicar buena parte del tiempo que estaba en el confesionario a pedirle que viniesen personas y la intercesión de este Padre espiritual mío no se hizo esperar. A los pocos días vinieron varias personas que yo no conocía. El número continuó incrementando cada día más. Cada vez que veo a alguien entrar en la iglesia rezo la oración de la estampa para que el Señor le lleve al Sacramento de la Penitencia. San Josemaría es un verdadero regalo, un poderoso intercesor ante el Trono de Dios.
E. R. P., España
28 de noviembre de 2004

Le rezó durante tres días
Mi prima terminó la carrera de enfermería y estuvo buscando trabajo. Encontró pero no de lo que ella había estudiado. (...) Yo tenía unas estampas de san Josemaría y de Don Álvaro del Portillo y se las regalé recomendándole que acudiera a la intercesión de san Josemaría y le rezó durante tres días. Supe este viernes que se ha asociado con un médico para atender una farmacia que está a lado de su casa. Estoy segura de la intervención de nuestro Padre san Josemaría.
Anita, México
29 de noviembre de 2004

He encontrado la fe
He rezado y he encontrado la fe gracias a la intercesión de san Josemaría Escrivá.
P. T., Italia
24 de noviembre de 2004

Lo había intentado durante seis meses
He descubierto a san Josemaría hace algo más de un mes. Me encontraba en una etapa de mi vida verdaderamente difícil porque acababa de romper la relación con un amigo muy querido después de un asunto de poca importancia. He pasado seis meses tratando de recomponerla. Estimo mucho a este amigo y no me acostumbraba a la idea de haberme alejado de él para siempre. Un día leí por casualidad el libro de Piero Vigorelli, “nuevos milagros”, en el que se hablaba de nuestro Padre y me impresionó. Hice algunas averiguaciones que me trajeron hasta ¡este sitio web! Empecé a rezarle con devoción y las cosas se están arreglando milagrosamente. He restablecido un pequeño diálogo con mi amigo cuando hasta ahora ni siquiera me miraba. Estoy seguro de que las cosas continuarán mejorando. Gracias, Padre. Gracias de corazón.
R.P., Italia
24 de noviembre de 2004

Ya no me quedaba excusa
He llevado una vida bastante alejada de todo lo que oliese a sacristía, pero este santo me ha desarmado completamente al decir -y no sólo decirlo sino ponerlo por obra- que lo de ser católico no es cosa de apartarse de la sociedad. O sea que ya no me quedaba excusa.
Ya en mi infancia empecé a aborrecer todo lo que tuviese que ver con sotanas. Ahora ésta ya no es excusa. Pero no piensen ustedes que voy a cambiar de parecer sólo porque me haya agradado una persona o una doctrina. Hace poco un amigo de toda la vida murió en un hospital. Habíamos compartido todo y me quedé sin él. Nunca tuvo nada que ver con la religión, pero pidió confesarse y así lo hizo. Una hora más tarde estaba muerto. Todo porque unos vecinos suyos eran del Opus Dei y en el último momento se acordó de que existían los sacramentos. Yo fui a agradecer a esas personas lo que -sin saber- habían hecho por esta persona, porque después de confesarse se quedó tranquilo como si estuviese esperando hacerlo para poder morirse tranquilo. Me dijeron que habían estado pidiendo para que si fallecía lo hiciera a bien con Dios y, gracias a ellos, ahora conozco a Josemaría Escrivá.
A. F. Bolivia
7 de noviembre de 2004

Mi hijo está sano
Estoy inmensamente agradecida a san Josemaría Escrivá por el milagro que ha obrado en mi hijo Sebastián de 1 añito. Hace como un mes y medio sus glóbulos blancos estaban muy altos. Desde el primer momento le recé a diario a san Josemaría para que se normalizaran el número de glóbulos de mi hijito porque, de lo contrario, tendría que someterse a un estudio de médula para descartar que tuviera leucemia. Milagrosamente así sucedió y, según el hematólogo y su pediatra, mi hijo está sano y no pueden explicarse a qué se debió todo. Para mí está claro que fue un milagro de san Josemaría y por eso le estoy infinitamente agradecida. Quería compartir con ustedes esta manifestación de su amor.
S. N. S., Paraguay
12 de noviembre de 2004

Me acuerdo como si fuera hoy
Un día de invierno en mi país. Eran cerca de las 5 de la tarde y se acercaba la hora de salida de la oficina de Ingeniería donde trabajaba. La tarde estaba oscura y con frío. Don Fernando, que en paz descanse, me dijo: “Héctor, vamos a tomar té a mi casa”. “Gracias”, -le dije y alrededor de las seis de la tarde estábamos rumbo a su casa.
Después me invitó a una reunión en el Colegio Tabancura y acepté. Honestamente yo no tenía idea del motivo de la reunión, pero así son las sorpresas que depara el destino. Había un grupo de personas instaladas en el patio del colegio, algunas sentadas en sillas y el resto acomodadas en el piso.
De repente, se produce un silencio y veo que por el lado derecho del pasillo aparece una figura imponente, una sonrisa radiante, con sus lentes claros y su atuendo de sacerdote. Era nada menos que Monseñor Escrivá de Balaguer. No lo podía creer.
La mente es muy rápida y me acordé de las tantas enseñanzas contenidas en mi librito rojo Camino que me habia regalado don Fernando, y empecé a escuchar su voz.
Nos habló, y después dió la palabra para que las mamás y papás hicieran sus preguntas. Era como estar con un padre, realmente bondadoso, firme, claro, preciso, con buen humor. A todo esto, en esa época yo estaba terminando mi carrera de Ingeniero Civil de la Universidad de Chile y don Fernando era mi consejero en algunos temas relacionados con mi Tesis de grado. Les cuento esta anécdota de la cuál ya han pasado 29 años, y aún me acuerdo como si fuera hoy. Fraternalmente
Héctor Muro, Chile
5 de noviembre de 2004

Recé por miles de personas
Cuando estaba en la escuela, al final de los años setenta, alguien me dió una estampa de san Josemaría. Cuando salí de casa para convertirme en enfermera la llevé conmigo. Memoricé la oración que repetía cada vez que atendía a un paciente. Durante muchos años recé por miles de personas diferentes pidiéndole al entonces beato Josemaría que intercediera por sus necesidades. Veinticinco años más tarde yo vi mi vocación y me incorporé al Opus Dei. Yo rezaba para “convertir todos los momentos y circuntancias de mi vida en ocasión de amar y servir a la Iglesia, al Papa y a las almas”. Creo que la estampa no sólo ha ayudado a muchos otros, sino que yo también me he beneficiado constantemente de estas peticiones sencillas. Gracias a Dios, gracias a mi Santísima Madre María, san José y san Josemaría. Soy una esposa feliz y madre de familia numerosa, además de jefa de enfermeras, que lucha cada día por recomenzar.
D. P., Australia
5 de noviembre de 2004

Lo sanaron de nuevo
Hola. Espero que se encuentren muy bien. En julio les mandé un testimonio en el que les contaba que Dios nuestro Señor, por intercesión del padrecito Josemaría Escrivá, me sanó a mi papá de cirrosis. De nuevo, le pedí otro milagro porque mi papá resultó con tumores cancerígenos en el pulmón. Yo le pedí con todo mi amor y mi fe que la enfermedad tuviera curación y mi papá ya terminó con la quimoterapia y a partir de ahora sólo van a chequearlo cada mes. Los doctores están sorprendidos por su rápida recuperación y yo estoy bien agradecida a Dios nuestro Señor, al padrecito Josemaría Escrivá y la Virgencita porque yo sé que ellos lo sanaron de nuevo. Estoy muy contenta y agradecida. El único problema es que mi papá no quiere dejar de fumar pero yo tengo mucha fe que Dios nuestro Señor, el padrecito Josemaría y la Virgencita lo van a cuidar para que no le vuelva la enfermedad y poco a poco deje de fumar. Les agradezco mucho sus atenciones. Gracias.
M.D.M. E., México
5 de noviembre de 2004

Todas mis expectativas cumplidas
Por medio de esta carta quiero hacer saber el favor que recibí a través de san Josemaría. Gracias a su intercesión tuve la oportunidad de encontrar un empleo en el cual me encuentro feliz. Me han brindado todas las garantías que siempre había querido tener: seguridad, estabilidad, respaldo, respeto, valoración en el trabajo, preocupación de que sus empleados tengan cada día mejor calidad de vida, capacitación... Lo mejor de todo es el ambiente laboral ya que todas las personas se preocupan por ayudar a los que lo necesitan, se vive realmente un muy buen clima de trabajo. Mi jefe es una gran persona, valora mucho mi trabajo y me motiva para ser cada vez mejor, cumpliendo de esta forma todas mis expectativas laborales y económicas.
D. L. H., Colombia
2 de noviembre de 2004

Estaban extraviados
En el último mes encomendé a san Josemaría que reaparecieran unos objetos de valor sentimental que estaban extraviados. Me alegra decir que aparecieron, trayéndonos alivio tanto a mí como a mi esposo. ¡Gracias, san Josemaría!
Y.C.R. México
1 de noviembre de 2004

Cada día hablo a alguien de san Josemaría
Este relato es para testimoniar cuánto nos ama san Josemaría y cómo nos quiere acercar a Dios, les explicaré porqué. Hace muchos años alguna de mi hijas me trajo un folleto que le habían dado en el colegio. Recuerdo bien que al frente decía “Opus Dei”, y había una fotografía de san Josemaría que en aquel entonces no había sido canonizado. Lo guardé en el fondo de un cajón porque ni sabía quién era y menos qué significaba Opus Dei. Estuvo ahí durante años y años. Cada vez que sacaba o guardaba algo en ese cajón lo veía, veía rápidamente su cara apacible con su mirada dulce, tranquila...
Al cabo del tiempo, al entrar a un foro Católico, pedí apoyo en oración y un amigo de ese foro, me escribió, me envió la estampa con la oración a san Josemaría y me invitó a conocerle. Y ¡vaya si lo conocí!, me quedé prendada de él por su bondad, por su labor, por lo que significa el Opus Dei. Le recé con mucha fe, con mucho amor, ¡y se hizo el milagro!: el ojo izquierdo de mi hijo, que después de una cirugía había quedado mal, iba mejorando, está mejorando aún de manera increíble porque ya estaba casi perdido.
Desde ese día no he dejado de rezar, cada vez con más fe y no pasa un solo día sin que le hable a alguien de san Josemaría y del Opus Dei.
Les relataré dos cosas más: a una señora le platiqué un día de san Josemaría. Al día siguiente me preguntó más de él, le conté otro poco, le di una estampa y luego quiso venir con su familia para que les explicara el Opus Dei. Ella ahora difunde la devoción a san Josemaría.
El otro relato es éste, hace unas semanas tuve la necesidad de tomar el servicio de un coche de alquiler (taxi), un poco antes de llegar a la dirección que había indicado le pagué al chofer, y vi que el se persignaba y en voz muy quedito decía algo. Dejé que terminara y le pregunté que por qué lo hacía, me dijo que estaba poniéndose en manos de Dios y todos los Santos porque los últimos días no había tenido ganancia para él y muy poca para su jefe (dueño del coche), entonces le pregunté si conocía san Josemaría Escrivá de Balaguer. Contestó que no. Ya se imaginarán que ante esta oportunidad no me iba a callar y le hablé hasta llegar a donde debía descender del coche. Al final le dije: si quiere más estampas y quiere saber más venga a mi domicilio (donde me había llevado) cualquier día. Y yo le daré más información y más estampas.
Pasaron pocos días y una noche alguien tocó el timbre. Era el chófer y cuando pregunté quién era me dijo: "soy yo.... “su” chófer, que quiere estampas y lo que Ud. le quiera dar de san Josemaría Escrivá de Balaguer". Se las dí y me contó que desde el mismo momento en que rezó la estampa que yo le había dado, ganó más que cualquier otro día y que su jefe se puso contento y le dio las gracias por la cuota entregada. Él contestó: "no, a mí no me dé las gracias yo sólo cumplo con mi deber, las gracias déselas a San Josemaría".
He escrito para invitarles a que compartamos la alegría de nuestro intercesor: san Josemaría. ¡Qué compartamos este tesoro con todos los que tenemos a nuestro alrededor!, san Josemaría y la Obra de Dios son dos regalos divinos, para toda la Humanidad.
Yolanda C. Z., México
30 de octubre de 2004

La fidelidad a la Iglesia de este santo nos dejó anonadados
Pienso que un católico del siglo XXI no puede mantenerse ajeno a la persona de san Josemaría Escrivá puesto que -por voluntad divina- nos ha indicado que podemos ser santos en medio del mundo. Sin este regalo de la Providencia estaríamos como desterrados en un lugar donde no podríamos amar a Dios: el mundo. Pertenezco a Acción Católica desde hace muchos años pero nunca entendí cuál era mi papel como católico laico hasta que encontré las enseñanzas de este santo.
En la sede de Acción Católica alguien dejó unas estampas de san Josemaría y un folleto acompañado de una carta muy cariñosa diciendo que sólo quería hacer este regalo a nuestra asociación. Este regalo llegó en un momento muy oportuno porque estábamos pasando por una situación difícil. Guardé el sobre con las estampas y lo enseñé en una reunión. La fidelidad a la Iglesia de este santo nos dejó anonadados. Hirió el corazón de cada uno de los que allí estábamos y empezamos a trabajar y a rezar de verdad.
En todas las ciudades hay chabolas, barriadas pobres donde hay que ir a evangelizar, porque los pobres son los predilectos del Señor. Ahí fuimos un buen grupo todas las semanas durante una buena temporada. Atención a lo que dijo una gitanita de unos ocho años de edad: "Yo soy pobre, pero he aprendido del Padre Escrivá que puede vivirse la pobreza con alegría. Estoy alegre".
Esto no podía ser mera casualidad. Desde entonces trabajamos con una visión nueva, más amplia. Esta niñita y san Josemaría fue la ayuda que el Señor nos envió en unos momentos difíciles.
A. P. L., España
30 de octubre de 2004

Gracias, Padre
Hola, yo escribo desde Sevilla, España, porque quiero escribir unos milagros: dos por intercesión del fundador del Opus Dei y otro de Isidoro Zorzano. El de san Josemaría fue hace muchos años en 1977, pero no lo había escrito todavía. Fue uno de los primeros que hizo san Josemaría y es el siguiente: Soy Salvadoreña de nacimiento y fui a empezar la carrera de Magisterio a Guatemala. Cursé los dos años y medio con esfuerzos económicos. Cuando me iba a graduar, las monjas de mi colegio me dijeron que era imposible que me graduase porque no tenía la convalidación de Guatemala y El Salvador, por lo tanto tenía que repetir la carrera desde el principio lo que suponia gastos económicos y, por supuesto, todo el tiempo perdido. Lo que me recomendaron en el colegio es que fuera al Ministerio de Educación a resolver el problema. Como dos años antes había muerto san Josemaría, empecé a rezarle a él, en la Iglesia de Nª Sra. del Rosario ya que coincidía que estábamos en octubre, mes del Rosario. Le encomendé el problema diariamente. Después de pasar por muchas personas, todos me decían que no había solución. Pedí una cita con el ministro de Educación de Guatemala y continué rezando a san Josemaría. El día de la cita, cuando entré en el despacho del ministro, lo primero que me dijo fue : “No sé porque estoy haciendo esto (firmando la autorizacion para graduarme), vete ya antes que me arrepienta”. Le atribuyo el milagro a san Josemaría porque el problema era grande ya que todo lo habían provocado unos exámenes que no había hecho. Lo escribo después de 28 años de haberme graduado y se lo agradezco...¡¡GRACIAS PADRE!!
El otro milagro de san Josemaría fue muy pequeño pero se demuestra el cariño de Padre que nos tiene hasta en las cosas mas pequeñas. Fue así: un domingo, fuimos toda la familia a lavar el coche. El lavado es manual, por lo tanto se arma mucho lío en hacerlo. Cuando mi marido tenía la manguera, la presión del agua hizo que la lentilla se le cayera. El suelo estaba lleno de agua, jabón y piedras pequeñas, cuando se le cayó la lentilla todos nos pusimos a buscarla, y lo primero que hice fue rezarle al Padre. Cuando terminé de rezar la estampa encontré la lentilla. Aunque sea un milagro pequeño es un detalle de parte de san Josemaría.
El tercero se lo atribuyo a Isidoro Zorzano y es así: Mi marido tenía un problema en el ordenador que había intentado arreglar días atrás, hasta que se cansó y se enfadó. Decidí irme a la habitación y le recé la estampa a Isidoro Zorzano -primer fiel del Opus Dei del que se abrió el proceso de canonización- porque él entendía de ordenadores. Se la recé con mucho fervor y se la coloqué al lado de mi marido junto al ordenador. En ese instante se solucionó el problema y todos quedamos muy tranquilos y sorprendidos ante la ayuda tan rápida por parte de Isidoro. Escribo estos milagros porque cada día salen cosas nuevas de san Josemaría y sentía que estos milagros, aunque sean grandes o pequeños, sirvan para que las personas se den cuenta que es un santo muy cercano a nosotros, y el de Isidoro lo relato para su proceso. Muchas gracias.
Rocío Sisniega Urbon, España
29 de octubre de 2004

De inmediato llamó mi atención
Hace dos años llegó a mis manos una revista en la que se hablaba de una persona que de inmediato llamó mi atención. Esa persona era san Josemaría Escrivá y lo que mas impresionó fue la vitalidad y sencillez de su mensaje. Por esos mismos días, fui intervenido de urgencia por una peritonitis. Demás está decirles que mi recuperación fue rápida y satisfactoria, pero -lo más importante- es que me sirvió para acercarme más a mi creador y sentar mi felicidad y la de los míos en las cosas pequeñas y simples de la vida. En mi casa todavía mantengo la foto y la oración que recorté de aquella revista que me permitió conocer a un buen hombre, santo de Dios y la importancia de su obra.
J. J. R., Perú
26 de octubre de 2004

Sólo un inicio
Quisiera expresar mi agradecimiento a san Josemaría. Me ha ayudado durante más de veinte años, tanto en cosas grandes como en cosas pequeñas y cotidianas. Hace un mes, y de manera bastante inesperada, me encontré con dos problemas muy complejos. Uno de ellos se refiere a mi vida privada y otro, además de a mi vida privada a mi vida profesional. No podía encontrar una solución para ninguno de ellos por mí mismo porque en ambos había otras personas implicadas. Así que intensifiqué mi oración a san Josemaría y le pedí que me ayudara. Hoy, finalmente, se ha comenzado a solucionar uno de mis problemas. Es sólo un inicio, pero se ha abierto un posible camino para la solución completa y estoy completamente seguro de que tengo que agradecérselo a san Josemaría. Continúo rezando por la solución total de ambas situaciones. Les escribiré tan pronto como suceda.
A. A., Portugal
25 de octubre de 2004

Un “dispensario” de estampas
Yo no soy del Opus Dei, ni tengo nada que ver con el Opus Dei. Quiero 'protestar' porque su Fundador me ha complicado la vida. Trabajo en la portería de un Centro de Salud. En una ocasión, hace un par de años, una persona dejó unas estampas del recién canonizado Josemaría Escrivá. Estaban en el poyetón debajo de la ventanilla a través de la que atiendo a las personas que acuden allí. Se acabaron pronto. Entonces, el personal del Centro (médicos, enfermeras...), me dijeron que querían una. ¡Cómo si las hubiese llevado yo allí! La cosa fue a 'peor', porque un mes después volví a encontrar un montoncito de estampas allí. Las había conseguido una monja que acude a hacerse chequeos periódicamente y que conocemos bien. Se acabaron pronto, otra vez. Toda la semana siguiente fue un rosario de peticiones de pacientes pidiéndome la estampa de san Josemaría y la cosa no acaba ahí. Vivo cerca del Centro en el que trabajo, me conocen en el barrio y ¡hasta por la calle me pedían! Insufrible.
En éstas, apareció la persona que dejó las primeras estampas acompañando a su padre para unos análisis. No sé como le reconocí pero fui a su encuentro y le rogué que trajese más estampas. Resulta que es un chico estupendo y hemos trabado amistad. Ahora tenemos folletos sobre san Josemaría y de todo en la portería. Hay personas que entran en el Centro, me preguntan por la estampa, les indico donde están, cogen un par de ellas y se van. Vamos, que se ha convertido en un dispensario de estampas. ¿Problemas?, ninguno. La dirección del Centro está encantada. El Señor ha querido meterme en este juego y yo estoy muy contento de 'jugar' para Su Gloria.
Iñaqui A. S., España
22 de octubre de 2004

No nos rendimos
Hace dos semanas, decidí junto con mi esposo, solicitar las visas de nuestros dos hijos para atravesar América en el viaje a Colombia que realizaremos en el mes de noviembre. Al cabo de cinco días recibimos la visa de nuestra hija pequeña, pero no la de nuestro hijo mayor porque necesitaba un documento imposible de conseguir. No nos rendimos y fuimos personalmente a la embajada sin concertar previamente una cita para la entrevista. Recé repetidamente la oración de san Josemaría, pidiéndole que encontráramos gracia y favor ante los corazones de las personas que trabajaban en la embajada. Hablamos con unas ocho personas que nos mandaban de un lado a otro. Finalmente nos concedieron una entrevista para ese preciso momento y en menos de una hora Dios nos había concedido la visa de nuestro hijo por intercesión de san Josemaría. Quiero compartir esto, pues para mí fue un milagro y se lo debo a san Josemaría. Gracias a Dios, gracias san Josemaría.
M. M., Corea del Sur
19 de octubre de 2004

Un hombre sonriente
Ocurrió en 1989. Yo buscaba empleo desesperadamente, el tiempo apremiaba porque estoy pagando alquiler y otras facturas. Encontré una pequeña revista con un hombre sonriente en la primera página. Me pregunté: “¿Quién es este santo?” Al leer su biografía supe que el hombre sonriente estaba en proceso de beatificación. Había una oración en la última página sólo para la devoción privada, porque todavía no estaba beatificado. Entonces recé por su intercesión. En menos de un día me llamaron diciéndome que me presentara enseguida en un empleo. Pensé: “La intercesión de este hombre es muy poderosa ante Dios.” Quería enviar mi testimonio a la dirección del folleto para contribuir al proceso de beatificación, pero al final no lo hice porque pensaba que mi favor era demasiado sencillo para que se tuviera en cuenta y la gente quizá no lo creería. Cuando ví la canonización reconocí enseguida su cara, y me dije: “Este es el hombre que me ayudó a encontrar empleo.” Sin embargo, por entonces sólo le conocía por el nombre de “Josemaría de Balaguer”, y me preguntaba si se trataría del mismo hombre. Reconocí su cara sonriente, y dije: “No olvidaré la obra buena que ha realizado conmigo, y un día daré mi testimonio.” Dios nos ha bendecido dándonos la intercesión de Monseñor Escrivá a la que acudir.
J. G., Bronx, New York, USA
15 de octubre de 2004

Una fuente de ayuda en momentos difíciles
Le estoy muy agradecida a san Josemaría Escrivá por los milagros innumerables que ha obrado en mi vida. Siempre ha sido mi fuente de ayuda en momentos difíciles.
Hace dos meses, yo acababa de comprar un piso totalmente nuevo, con la esperanza de que mi marido y yo nos traladáramos a vivir allí, pero mi marido decidió seguir en nuestro piso antiguo. Esto me rompió el corazón.. Me era imposible convencerle de que no se quedara. Decía que no podría vivir en el nuevo piso porque formaba parte de un bloque donde habría mucho ruido de todas partes. Recé con intensidad a Josemaría Escrivá. En el cuarto día de la novena, nuestros vecinos adquirieron dos perros. Ladraban sin parar de la noche a la mañana. A mi marido esto le causaba tanta molestia que me dijo que no podía quedarse allí y que “estaba dispuesto a trasladarse” conmigo. Dios obra milagros, y esto ha sido un puro milagro por la intercesión de san Josemaría Escrivá.
Carolyn, Estados Unidos
15 de octubre de 2004

No le mandaron a la cárcel
Soy muy devota de la estampa de san Josemaría a quien rezo todos los días y todas las noches desde hace 15 años. Quisiera compartir un milagro que Dios ha concedido a nuestra familia hoy por intercesión de san Josemaría. En mayo de este año mi hijo tuvo un accidente de coche después de haber bebido, y causó graves heridas a un amigo que viajaba en el coche con él. A mi hijo le podían penar con 7 años de cárcel. Sólo tiene 19 años y no había cometido ningún crimen antes. Cuando fuimos a la corte, el abogado de mi hijo dijo que iba a actuar como juez de la causa un hombre conocido por su dureza. Sin embargo, resultó que éste se había ido de vacaciones, y el juez que le sustituyó era un hombre clemente. Por mis oraciones y la devoción que tengo a san Josemaría (siempre llevé la estampa conmigo a la corte), me concedió el favor que le pedí. A mi hijo le impusieron 4 meses en un centro de rehabilitación, y no le mandaron a la cárcel. El abogado dijo que esto era un milagro, dado el caso, y que no ha visto cosa parecida en todos sus años de práctica de la ley. Lo debo a san Josemaría Escrivá. Creo, de verdad, que es un santo muy poderoso y que concede favores si uno le tiene devoción todos los días. Me gustaría que lo publicaran. Gracias.
M. R., USA
9 de octubre de 2004

Unos días más felices que nunca
“Estos días me comentabas han transcurrido más felices que nunca. Y te contesté sin vacilar: porque "has vivido" un poco más entregado que de ordinario”. Estas palabras de san Josemaría reflejan lo que hemos vivido un grupo de estudiantes canadienses y mexicanas durante nuestra estancia en las comunidades de Toxché, Bonxhí y El Comal en el Estado de México de la que enviamos algunas fotos. Y el punto n. 1 de Camino “Sé útil....”, fue sin duda, para algunas de nosotras el acicate para ponernos en marcha.
Durante esos días dimos clases de doctrina cristiana, y tuvimos escuela para los niños, sesiones con las madres de nutrición e higiene, hemos hecho fogones para preparar tortillas y calentar las comidas, hemos pintado paredes y bancos, pero sobre todo hemos aprendido de su generosidad y alegría.
Cuando fuimos a despedirnos de las personas de los pueblos antes de partir, nos sorprendieron con una taquiza (diferentes guisados mexicanos que pueden comerse con tortillas de maíz). A cada quien le había tocado llevar un platillo diferente, para que las canadienses y nosotras disfrutáramos de todos esos portentos. Con éste y mil detalles más, nos dimos cuenta que en realidad no fuimos nosotras quienes les enseñamos a ellos, más bien ellos nos enseñaron mil cosas importantes a nosotras. ¿Qué decir cuando no tienen más que para comer ese día y te lo entregan todo a ti?
M.A.N, Mexico

Un cambio radical
Soy muy poco dado a sensiblerías, ni a exaltaciones afectivas de ningún género. Voy a testimoniar lo que me ocurrió hace tiempo, concretamente el 6 de octubre de 2002. No reprocho a nadie si esto no le parece verosímil o si piensa que es -sencillamente- una tontería de viejo.
Llevo media vida dedicado al mundo del Arte, concretamente al Arte Colonial Hispanoamericano. He visto miles de imágenes religiosas y cientos de iglesias. Nunca me suscitaron devoción, ni me cambiaron el ánimo. No me inmuto al ver la imagen iconográfica (muy poco conocida fuera de Latinoamérica) más patética y dura que conozco del "Cristo recogiendo sus vestidos tras la flagelación".
Ese día estuve en Madrid (capital de España), en la Basílica Pontificia de san Miguel. Sólo me interesó su arquitectura obra de Bonavía, arquitecto de finales del Barroco. Digo esto para que nadie piense que lo que ocurrió se debió a un deslumbramiento artístico ni nada parecido. Recorrí las capillas y me detuve en una de ellas, dedicada al Fundador del Opus Dei a quien está dedicada esta página. He visto como han proliferado en toda América imágenes de este santo, sobre todo en los lugares más humildes, en las iglesias donde acuden gentes del campo. Imágenes sencillas, sin interés artístico.
Volví a recorrer la nave y me dispuse a marchar. En ese momento eché el último vistazo al presbiterio y -como un flechazo- el sagrario retuvo mi atención por unos instantes intensísimos, unos momentos que me dejaron agotado, perplejo y aturdido. Me dirigí hacia allí y mi cuerpo se dobló con violencia ante la capilla de este santo, Josemaría Escrivá. Estaba de rodillas. Rompí a llorar sin ningunas ganas de poner freno. Vi mi vida en unos trazos, en pocas pinceladas. Quedé abrumado, como si me estuviesen golpeando, abatiendo.
Esta situación (que no he querido relatar a nadie hasta ahora y que, paradójicamente, comparto con quien desee leerla) la relaté a mi médico habitual y después de un chequeo concluyó que no había nada (ni física, ni psíquicamente) que justificase -en mí- tal reacción. Salí de la consulta sin saber que pensar, algo se me escapaba. Días más tarde regresé a la Basílica de san Miguel y allí entendí lo que ocurría, esto ha supuesto un cambio radical en mi vida que no voy a relatar. Gracias.
R. G. H., España
8 de octubre de 2004

Se casaron hace una semana
Le pedí mucho a san Josemaría mediante la oración que se casase una persona muy querida que no quería hacerlo y vivía en una situación irregular. Me hizo el milagro porque pasado un mes me dieron la noticia de que se casaban y ahora ya tienen una semana de casados. Eso se lo debo al fundador del Opus Dei.
M. E. A. S., Perú
6 de octubre de 2004

No conseguía volver a ponerlo en su sitio
Recibí unas Hojas Informativas sobre el fundador del Opus Dei. Me interesaron mucho y me impresionaron los testimonios de las personas que habían recibido favores de san Josemaría Escrivá de Balaguer. Empecé a rezar todos los días la oración de la estampa.
Un día me preocupé mucho por mi padre, que debe respirar por la laringe y usa un aparato de plata para mantener abierto el canal de respiración. Se había quitado el aparato y no conseguía volver a ponerlo en su sitio.
Me agobié tanto que empecé a rezar la oración a san Josemaría, agarrada a la estampa. De repente oí que mi padre decía “ya está”, y le encontré con los ojos llenos de lágrimas, por el dolor que había sufrido, pero al mismo tiempo contento. Visto lo ocurrido, di gracias por la intercesión de san Josemaría.
Olga Padrão, Bragança – Portugal
30 de septiembre de 2004

Se resolvió completamente
En las últimas semanas encomendé a san Josemaría que un problema familiar se resolviera completamente. Me alegra poder decir que este asunto ya terminó, sin duda por la intercesión de san Josemaría.
Gracias
R. O., South Africa

Padre, que salga rápido
La semana pasada estuve en el dentista porque me iban a extraer una muela. La verdad es que me daba un poco de susto.
Me pusieron la anestesia, esperaron el tiempo oportuno y empezaron a trabajar. Aunque yo ya no sentía nada por la anestesia pude intuir que la muela no quería salir. Me empecé a poner nerviosa y le dije a san Josemaría: “Por favor, que salga rápido que no podemos estar aquí para siempre”. Aparte de que por supuesto yo era la más interesada en que me la sacaran prontito, le dije: “La persona que me está acompañando tiene algo importante que hacer a las 3 p. m y además el doctor y sus ayudantes se están empezando a poner nerviosos, como yo.” Recé una vez la estampa al fundador del Opus Dei y nada. Recé una segunda vez la estampa, con mucha fe en Dios y en la intercesión de san Josemaría y no había acabado de decir “Amen” cuando la muela ya estaba fuera.
Al terminar la doctora me dijo que tenía unas raíces muy fuertes y profundas, pero que había colaborado muy bien. En realidad, quien realmente había colaborado era san Josemaría.
C. P., New Delhi
29 de septiembre de 2004

Cosas grandes y pequeñas
Quiero contar algunos favores que san Josemaría nos ha concedido a mí y a mi familia. A finales de junio de este año, mandaron a trabajar a mi marido a Bangkok. Fui con él para buscar una casa que pudiéramos alquilar. Quería que estuviera cerca de una iglesia -para poder ir a misa todos los días- y del colegio de los niños. La búsqueda se prolongaba, porque los precios en la zona que yo había escogido eran muy altos. Recé una novena a san Josemaría. Justo antes de rezar la novena oración se me ocurrió una idea: buscar una casa cerca del hotel donde mi marido y yo nos albergábamos durante ese período; esta zona también estaba cerca de la oficina de mi marido. Supe que Dios me concedió el favor cuando descubrí que en esta zona hay una capilla donde se celebra una misa diaria. También queda más cerca del colegio de los niños que la zona que había escogido antes, porque en esa zona la circulación está peor. Además, mi marido puede estar más tiempo con nosotros, porque estamos bastante cerca de su oficina.
Tengo muchos otros favores pequeños concedidos por la intercesión de san Josemaría como hallar un objeto perdido, encontrar un sitio para aparcar el coche, la llegada rápida a casa de mi hija cuando se había retrasado, etc. Pero pienso que no hace falta escribirlos todos porque son muchos. Todos los días san Josemaría intercede por mí en cosas grandes y pequeñas. San Josemaría lleva muchos, muchos años ayudándome a mí y a mi familia. Gracias a Dios y a san Josemaría.
Gay Tanchuling-Salazar, Thailand
28 de septiembre de 2004

Con paciencia y alegría
Siendo inmigrante en Canadá he descubierto, gracias a la inspiración de san Josemaría, cómo santificarme y santificar a otros a través de mi encuentro diario con la Cruz. He aprendido a poner una confianza completa en mi Padre Dios que no pierde batallas y que está siempre ahí para mí contra viento y marea. Todo esto me ha ayudado grandemente a llevar mis cruces diarias con paciencia y alegría. He comprendido que mis sufrimientos tienen valor redentor y que con ellos puedo hacer mucho bien a otros y a la Iglesia, mi Madre. ¡Gracias, san Josemaría!
Ben Ontuca, Canadá
26 de septiembre de 2004

Al noveno día
Todo empezó cuando era muy pequeña ya que mi madre es devota de san Josemaría y nos enseñó su oración a mis hermanas y a mí. Hace un año mi esposo tuvo que ir a Canadá en busca de mejores oportunidades, ya que la situación económica en mi país es muy difícil. Mi esposo se fue a la aventura sin conocer a nadie y con apenas 300 dólares. Se le estaba terminando el dinero y no encontraba trabajo. En esa situación, le recordé que le había puesto entre sus documentos la oración de san Josemaría y le sugerí que le rezara una novena para que le ayudara a resolver su problema. La sorpresa fue que justo cuando acabó de rezar, el noveno día, consiguió trabajo y además encontró un sobre tirado en la calle que contenía 700 dólares. No lo podía creer. San Josemaría vió la necesidad y el apuro por el que estaba pasando mi esposo y le ayudó. Nunca terminaré de agradecerle todo lo que nos ha ayudado, porque ha intercedido por nosotros ante Dios muchas veces.
Hanely Sanchez, México
26 de septiembre de 2004

Volver el próximo año con un bebé
En marzo del 2003 fui operada de unos quistes debido a una endometriosis. Mi ginecólogo me comentó que este tipo de enfermedades se solucionaba, o por lo menos, mejoraba con un embarazo pero a la vez la endometriosis complica esta posibilidad.
El 26 de Junio mi marido y yo fuimos a la Misa de san Josemaría y en la homilía el sacerdote habló de la Comunión de los Santos. Contó el caso de un matrimonio que tampoco tenía hijos. El marido le pidió a san Josemaría volver el año siguiente con un bebé a la Misa y así fue.
Me sentí tan identificada con esta historia que le pedí lo mismo: volver el próximo año con un bebé. Estamos casi en octubre y estoy esperando. Tal y como le pedí a san Josemaría, si Dios quiere, iré con el niño a la Misa del 26 de Junio.
P. Villegas, España
24 de septiembre de 2004

Dios nos bendijo con un hijo Down...
y no es el último de muchos hermanos, sino al contrario, el 1° de cuatro.
Cuando nació, una genetista nos dijo que sería prudente tomar precauciones antes de pensar en tener más hijos, porque en nuestro caso hay una fuerte carga genética con respecto al Síndrome de Down (tengo 2 hermanas Down). Nos habíamos casado con la ilusión de tener muchos hijos, por lo que este "consejo" nos entristeció bastante. No obstante encomendamos siempre nuestra ilusión a san Josemaría.
El tiempo pasaba y los hijos no llegaban, pasaron cinco años hasta que, después de perder varios embarazos, tuvimos nuestra segunda hija, totalmente bien, es decir, como dice la gente, "sanita".
Quince meses más tarde tuvimos el tercero, en las mismas condiciones, y a los veinte de éste, al cuarto. Todos "sanitos". Hasta ahora, el Señor no ha dispuesto otra cosa, con lo cual nuestra familia "numerosa" quedó compuesta por cuatro hermosos hijos que son todos "pequeños" grandes milagros de San Josemaría.
A todos los amamos por igual, pero sin temor a exagerar, puedo decir que el mayor es el que más satisfacciones nos da, además de enseñarnos a cada momento qué es el amor.
Marisa de Antonucci, Argentina
23 de septiembre de 2004

Me habían dicho que no
Esperaba poder cerrar un contrato en el que había estado trabajando desde enero. Ayer, al entregar los últimos documentos, la empresa contratante me hizo saber que ya no deseaba firmar el contrato. Decidí seguir con las gestiones necesarias, pero llegué a casa desconsolado.
Recé la estampa de san Josemaría pidiéndole que intercediera para que el contrato se firmara hoy, si era la voluntad de Dios.
Hoy por la mañana terminé las gestiones y poco después recibí el contrato firmado por fax.
Estoy seguro de que san Josemaría intercedió por mí, por el modo tajante en el que anteriormente me habían comunicado la intención de no hacerlo.
¡Gracias, san Josemaría!
Antonio Carlos Laus, Brasil
23 de septiembre de 2004

Desde Rusia
Soy rusa, me llamo Katarína, tengo 26 años y vivo en Moscú. Soy diseñadora y soy católica.
Conocí a san Josemaría Escrivá el año 2000, cuando leí su libro Santo Rosario, y me ayudó mucho en mi oración. Después leí Camino y Amigos de Dios, más tarde otros libros suyos y algunas biografías. En las enseñanzas de san Josemaría encontré un camino que anhelaba desde hace mucho años.
Desde que encontré el website www.josemariaescriva.info, lo visito siempre que puedo. Los artículos acerca del fundador del Opus Dei y los testimonios de los milagros que recibidos por la gente con la ayuda de la intercesión de san Josemaría Escrivá me ayudan mucho. Me gusta especialmente la sección “Un día como hoy”.
Yo le tengo una gran devoción y me dirijo a él con la oración de la estampa y con mis propias palabras. Deseo relatar dos pequeños milagros que me concedió. Los dos sucedieron durante un viaje en autobús a la República Checa en febrero de este año con un grupo de gente joven.
En el camino, nuestro coche tuvo una avería en una carretera estrecha en las montañas polacas, entre barrancos profundos cubiertos de nieve por ambos lados. Era una situación muy peligrosa. Parecía que en cualquier momento nos íbamos a estrellar con otro coche o a caer en el barranco, sin embargo no sucedió ninguna de las dos cosas: el coche se paró de repente. Estaba segura que fue san Josemaría quién nos protegió en ese momento de peligro, porque había estado pidiéndole que no sucediera nada malo.
El otro “pequeño milagro” fue que en el viaje de ida mi asiento estaba en la parte posterior del autobús. Llegaba hasta mí un olor fuerte del motor diesel que me molestaba y causaba dolores de cabeza. Al final del viaje a Praga me sentía muy enferma. No lo comenté con nadie. Antes del viaje de vuelta pedí a san Josemaría que me ayudara para que no me afectara el olor del diesel. Cuando nos sentamos en el autobús, me dieron un nuevo asiento en la cuarta fila delantera ¡con un montón de aire fresco!
K. T., Rusia

Vendió por un precio justo
Existe una situación económica muy preocupante en el país. Mi amigo Jorge tiene una panadería, que compró con las prestaciones que le dieron al despedirlo de la empresa donde trabajaba, pero debía mucho dinero a los bancos y comprometía los haberes de su esposa. Así que decidió venderla. Los que se acercaban a comprarla querían hacerlo por muy poco. Le sugerí que rezara la oración de la estampa de san Josemaría y, al poco tiempo, apareció un comprador que la adquirió por un precio justo y en condiciones favorables. Ambos somos conscientes de que se trata de un favor y lo agradecemos.
L. S. G., Venezuela
13 de septiembre de 2004

Otro hijo
Siempre que le pido un favor a Dios por intercesión de san Josemaría me lo concede. Esta vez le pedí que ayudara a mi sobrina para que pudiera tener otro hijo. Ella había perdido uno el año pasado y, por motivos de salud, el médico le había dicho que sería muy difícil que se quedara embarazada otra vez. Hace unos días mi hermana me dijo con gran emoción que mi sobrina está embarazada nuevamente. Gracias san Josemaría por tu intercesión.
G. Evans, Inglaterra
10 de septiembre de 2004

Ningún favor espectacular, pero sí pequeñas cosas
San Josemaría me ha concedido muchos favores, ninguno espectacular pero sí pequeñas cosas que me ocurren a lo largo de cada día. Necesito ayuda, acudo a él y ¡siempre se resuelve! ¡Es un gran Santo! Además con el testimonio de su vida y sus enseñanzas es más facil ser una buena cristiana, cumpliendo cada día con pequeñas cosas, ganándonos el cielo con lo ordinario de nuestras jornadas. ¡Gracias San Chema!
Mª Teresa, España
6 de septiembre de 2004

Fueron recibidos en la Iglesia Católica
Hace cosa de 2 años cambié de domicilio. Pocos días después, en el ascensor, un vecino me saludó y me entregó un folleto sobre la Iglesia Evangélica. Yo he sido siempre Católico y le di a entender que no tenía ningún interés en aquello. Con el paso del tiempo nos hemos hecho amigos y de vez en cuando salen temas sobre la fe. Tiene siete hijos y ahora es Católico.
Todo ocurrió hace poco. Esta vez, casi sin decirme nada, me enseñó una estampa de Josemaría Escrivá de Balaguer. Siempre había sido una de las personas que más había contribuido al mantenimiento del Templo Evangélico y un convencido defensor de esta fe que recibió de sus padres.
Me explicó lo que había pasado: su mujer estaba esperando el séptimo hijo. En el parto todo se complicó terriblemente y le dijeron que el niño había muerto. Esta situación penosísima se prolongó bastante rato. Sacaron al niño muerto y lo colocaron aparte, todos los esfuerzos se centraron en asistir a la madre, que estaba desecha.
A mi amigo, poco después de comunicarle que el niño iba a nacer muerto, alguien (no recuerda quién) le dio la estampa y sin pensarlo se puso a rezar la oración. El niño de repente rompió a llorar ante la incredulidad de todos. A raíz de esto él y su mujer han sido recibidos en la Iglesia Católica. La dirección de esta web la encontré en el reverso de la estampa. Le he dicho que quería escribir este milagro y me ha dicho que lo hiciera.
Pablo Gil, España
6 de septiembre de 2004

Para estar más disponibles
Estoy a punto de llamar san Josemaría de “el santo de los conductores”. Aprobé en el examen de conducir a través de la intecesión de san Josemaría, como ya conté en esta web. El hermano de un amigo seminarista había sido reprobado 5 veces, hasta que rezó la oración de la estampa y aprobó.
Esta semana una monja que estudia conmigo también se ha examinado. Pidió ayuda al fundador del Opus Dei y aprobó: con los permisos de conducir, esperamos estar siempre más disponibles.
Con la gracia de Dios, mi lema como sacerdote será: “Servid al Señor con alegría”, como lo hizo san Josemaría en sus 50 años de sacerdocio.
Gilberto Lombardo Júnior, Brasil
5 de septiembre de 2004

Teníamos en la cabeza una misma idea
Este verano estuve unos días en la sierra, con mi familia. Fuimos a comer a un paraje en la montaña bastante poco conocido y que me pareció precioso, la grandiosidad del paisaje hacía que a uno se le ensanchase el corazón. Mientras comíamos estaba pensando en qué podría guardar como recuerdo de aquella excursión, entonces en ese mismo sitio vi una cosa que me llamó la atención: la imagen de un sacerdote con un texto ilegible. Parece que este lugar no era tan desconocido como yo pensaba. Aquello me impactó bastante, esa imagen irradiaba una paz que solo podría compararla con la del maravilloso paisaje de ese día.
Movido por la curiosidad fui al día siguiente a la iglesia del pueblo en el que nos alojábamos, me dirigí a un religioso y le enseñé lo que había encontrado. Él lo miró y se le escapó una sonrisa, empezó a buscar en sus ropas y sacó otra con la misma imagen en la que se leía "San Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei". Entonces, en el pórtico de esa iglesia, habló conmigo largo rato, me habló de ese santo, de todo el bien que había visto hacer a través de su doctrina e intercesión. Lo que yo había encontrado era una estampa de san Josemaría, en japonés. Ese día asistí a Misa, por primera vez en muchos años. Después me quedé un rato pensativo, mirando la imagen de san Josemaría.
Al volver a mi casa fui a la peluquería y charlando con el peluquero salió a relucir mi hallazgo en la montaña, él me dijo que desde muchos años tenía el libro Camino en su casa y que recurría a él siempre que se encontraba algo alicaído. Pues bien, ese mismo día apareció mi mujer muy contenta con la misma estampa pero en castellano. Ella había indagado por su cuenta y le contó la misma historia a un sacerdote que se encontró en una parada de autobús, él le dio la estampa.
Una semana más tarde fuimos -con otros amigos- a Madrid a hacer turismo. Yo no soy muy aficionado al arte y al llegar a la Catedral de la Almudena me senté donde me pareció y dejé que los demás continuasen con el turismo. De frente tenía a varias personas que, en pie, permanecían en silencio ante una capilla. Me acerqué y vi que estaba dedicada a san Josemaría y que lo que esas personas hacían era recitar la oración de la estampa, cogí varias y ese mismo día adquirí Camino. Ahora tengo todos los escritos de san Josemaría en casa y mi mujer se ha comprado una medalla de san Josemaría que lleva siempre.
Lo más bonito es que ambos teníamos en la cabeza una misma idea, pero que no acabábamos de pronunciar: había llegado el momento de casarnos por la Iglesia, de bautizar a nuestros dos niños y de volver a practicar la fe.
Raul F. A., España
5 de septiembre de 2004

Al tercer día
Hace seis meses, empecé una novena a san Josemaría, pidiendo que mi tercer hijo, Bruno, que estudia Comunicación en la universidad, encontrara un lugar donde hacer prácticas. Él necesitaba tener su tiempo y talentos mejor ocupados.
Al tercer día de la novena, ya había conseguido uno, pero no remunerado. Seguí con la novena y dije en broma a san Josemaría que no me había entendido bien, porque también necesitábamos una ayuda financiera: la familia de cinco hijos pesa un poco para mi y mi marido. Enseguida un antiguo profesor llamó a mi hijo para un trabajo remunerado.
Agradecemos la intercesiòn del fundador del Opus Dei y de la Virgen Santísima, pues el efecto del trabajo ya se nota en su personalidad.
M. T. V. S. , Brasil
1 de septiembre de 2004

Un piso
Después de pedir y rezar a san Josemaría, conseguí comprar un piso para mi hija. Fueron momentos de mucha tensión, que acabó en la tarde de ayer, al firmarse el contrato.
Regina Viveiro, Brasil
29 de agosto 2004

Mi milagro se llama Josemaría
Me habían dicho que nunca podría tener un hijo de manera natural. Y hoy, 27 de agosto, hace un año salí embarazada. Tenía tiempo rezando por esa intención pero confieso que había muchas personas pidiendo por la misma intención mucho más que yo. Yo siempre le decía a Dios que fuera lo que el quisiera que si me quería dar un bebé estaría feliz, pero si no, que me diera luces para ver si mi camino era la adopción.
Poco después de saber del embarazo el Ginecólogo me dijo que había que operar de emergencia porque ahora sí corría graves riesgos. Me operaron inmediatamente. Durante la operación algo les orientó por que no perjudicasen el todavía invisible embarazo.
Yo tenía una reliquia de San Josemaría y el día de la operación me la puse y entré al quirófano con ella. Desde ese día estuvo conmigo hasta que dí a la luz a Josemaría que tiene ahora 5 meses. Nació el 27 de marzo a los 8 meses de embarazo, completamente sano: no necesitó cuidados especiales por el hecho de ser prematuro. Doy gracias a Dios y a San Josemaría por su intercesión.
Ana Lucía Guinea de Cota, México
28 de agosto de 2004

A los 98 años... camina
A través del presente testimonio quiero agradecer a San Josemaría por tantas bendiciones. Una de ella tiene que ver con la salud de mi abuela China, que con 97 años sufrió una fractura de cadera a causa de una caída. Sabíamos del riesgo de una intervención quirúrgica a esa edad y de las pocas posibilidades que tenía de volver a caminar. Apenada por el sufrimiento de ella, y tras haber recibido en otras oportunidades la bendición de Escrivá de Balaguer, le entregué una estampita y juntas oramos con profunda fe, para que todo saliera según la voluntad de Dios. Milagrosamente fue intervenida con éxito y a los 3 días de la operación ya daba sus primeros pasos en el hospital. Ahora ya tiene 98 años y todos los días agradece a San Josemaría que Dios le haya permitido seguir con vida y ¡caminando! Nosotros también agradecemos al Padre poder tener a la abuela con nosotros, contagiándonos su vitalidad y ganas de vivir.
Azucena Z. M., Argentina
28 de agosto de 2004

Él fue abogado como yo
En 2002 hice las gestiones para comenzar a practicar como abogado forense, después de completar mis estudios de Derecho en la universidad de mi ciudad. Por una cuestión legal relacionada con mi ciudadanía, se me negó el permiso de comenzar enseguida.
Me sentí desesperada pensando que 5 años de formación en Derecho no servirían para nada y me quedaría sin empleo. La corte me dijo que empezase a preparar los argumentos para respaldar mi causa. Comencé a trabajar con empeño en la preparación. Recé muchísimo a San Josemaría. Me animaba y me atraía el hecho que él había sido abogado como yo.
Cuando mi caso se analizó, 7 meses más tarde, todo fue sobre ruedas. Lo examinó un juez muy respetado, y se me concedió permiso de comenzar a practicar como abogado forense, añadiendo a la ley vigente una cláusula especial para las personas que se encontraban en mi situación.
Quedo agradecida para siempre a San Josemaría. Animo a todos los que buscan empleo a que pidan su ayuda. Si el trabajo es nuestro medio de santificación, indudablemente San Josemaría nos ayudará a conseguirlo desde el cielo.
Elizabeth, Botswana
27 de agosto 2004

La querríamos tal y como naciera
El 13 de agosto nació mi cuarta hija, Blanca. Durante el quinto mes de embarazo los médicos le vieron en las ecografías un edema de 6,5 mm de grosor y nos preguntaron a mi marido y a mí si queríamos hacer la prueba de amiocentosis para averiguar si era un problema cromosomático, si nacería con síndrome de down u otros síndromes. Como la amiocentosis conlleva un riesgo de aborto del 2%, decidimos que no me sometería a la prueba y querríamos a mi hija tal y cómo naciera. Rezamos mucho a Don Alvaro y a san Josemaría y, en unos meses, el edema disminuyó a 3,5 mm. Al nacer la niña se había reabsorbido totalmente; mi hija es normal y está muy sana y gordita. Le agradecemos mucho el favor a Don Alvaro del Portillo, porque tanto mi familia como la de mi marido le han hecho muchas novenas.
Rocio Molina León, España
14 de agosto de 2004

Pequeños favores
Es sorprendente cómo san Josemaría siempre responde a mi oración para pedirle pequeños favores. Justo unos minutos después de terminar de rezar la oración de la estampa conseguí llegar a tiempo al hospital en el que trabajo. Nunca he llegado tarde, ni siquiera durante las horas de tráfico más intenso. A través de su intercesión, hace cinco años, pude obtener permiso y conseguir el dinero necesario para participar en una promoción rural organizada por un centro del Opus Dei. Y ahora le estoy pidiendo a san Josemaría otro favor. Les escribiré para contárselo tan pronto como me sea concedido.
J.A. Filipinas
13 de agosto de 2004

Mi padre sanó
Hace aproximadamente mes y medio, mi padre sufrió un accidente. Se cayó y se rompió un brazo, era una fractura arriesgada y fue muy angustiante porque no querían atenderle en la clínica del Seguro Social porque no había tramitado su carnet. Un doctor me dijo que esa fractura podía esperar a que arreglara mis papeles y que regresara después. Yo estaba muy preocupada porque mi padre se estaba desangrando. Me dijeron que únicamente firmando un pagaré lo atenderían pero era muy costoso. Gracias a Dios un doctor vió las radiografías de mi padre, dijo que su operación no podía esperar e inmediatamente lo metió al quirófano para intervenirle.
Todo iba bien, hasta que nos dijeron que tenían que volver a operarlo para ponerle unas placas y lo programaron para un día martes. Entró al quirófano, estuvo ahí todo el día y a las diez de la noche nos dijeron que no lo podían operar porque tenía una infección en el brazo. Yo rezaba mucho y le pedía a Dios que no le pasara nada malo. Entré a Internet buscando apoyo y en una web católica hice contacto con una persona que empezó a encomendar la salud de mi padre a san Josemaría. Me aconsejó que le rezara con mucha fe. Me envió una estampa con la oración a san Josemaría, la imprimí y la coloqué en la cabecera de la cama de mi padre en el hospital.
Yo tenía mucho miedo pero mi amigo, que vive en otro continente y al que sólo he tratado a través de Internet, me transmitió fortaleza. Los dos unidos en oración pusimos a mi padre en manos de Dios y de san Josemaría. Ahora que ya han pasado varios semanas y él está recuperando el movimiento de su brazo, quiero dar las gracias a todas las personas que sin conocerme se unieron a mi oración y manifestaron interés por la salud de mi padre. De manera muy especial dirijo mi agradecimiento a esta persona que conocí a través de Internet por transmitirme su fe en Dios y en san Josemaría a quien atribuyo este favor.
María Teresa Fuentes, México
10 de agosto de 2004

Finalmente ha encontrado su camino
Escribo para agradecer a san Josemaría su intercesión y también para compartir con todo el mundo los favores que ha recibido de él una de mis mejores amigas de la universidad. Llevo tiempo rezando por su conversión a la fe católica. Hace seis años comenzó a recibir clases de catecismo pero después de unos meses dejó de venir porque, aunque tenía cariño por la fe, no estaba muy segura de querer ser católica. Este año, como siempre, la invité a la misa en honor de san Josemaría. Durante la celebración yo encomendaba que la curara de una enfermedad muy dolorosa que padece. También le pedía que le hiciera ver que vale la pena formar parte de la Iglesia Católica. Después de la misa hablamos un poco y le di un folleto para que leyera. Una semana después me llamó para decirme que realmente quería saber más sobre la fe católica y que, para empezar, quería leer biografías de católicos famosos. Me puse a pensar en los libros clásicos de Santa Teresa o de otros santos conocidos. Entonces, sin perder un segundo, me preguntó si le podía dejar un libro sobre san Josemaría Escrivá, porque después de ver su imagen sobre el folleto pensó que tenía algo especial. Accedí con alegría y le di la biografía breve editada con ocasión de la canonización. Quince días después me llamó para decirme que había pasado una semana muy difícil debido al trabajo, y casi había caído en una depresión. Una noche empezó a llorar sin poder controlarse y se puso a rezar. Vió el libro que le había dejado, empezó a leerlo y, de repente, le invadió una gran paz y se sintió mucho mejor. Por casualidad, la página que abrió contaba un período en que san Josemaría pasó por unos momentos muy difíciles en su vida. Mi amiga sintió que él la había ayudado a sobrellevar sus problemas. Además, me contó que los dolores que sufre frecuentemente eran mucho más ligeros y los analgésicos, que antes no eran muy eficaces, ahora sí lo eran. Entonces le conté el favor que yo había pedido a san Josemaría. Lo mejor de su historia es que finalmente ha encontrado su camino: la Iglesia Católica. Ahora sólo espera el momento oportuno para comenzar las clases de catecismo. Como ella misma dice: “desde que asistí a la misa de san Josemaría y vi su imagen, se han obrado muchos milagros.” Agradezco a Dios y a san Josemaría el favor y las maravillosas disposiciones de mi amiga.
Dayenne Sipaco, Macao, China
7 de agosto de 2004

Más vale tarde que nunca
Quiero agradecer con todo el corazón lo que he recibido de Josemaría. Siento enviar mi testimonio con tanto retraso, pero más vale tarde que nunca. Hace tiempo, estaba todavía en casa y sin trabajo. Una amiga me dio la oración y me dijo que la rezara. Lo hice. En siete días conseguí un trabajo y siempre había prometido que daría mi testimonio. Ahora me pongo a rezar otra vez y vendré aquí de nuevo a testificar.
Dorothy, Inglaterra
5 de agosto de 2004

Siempre me ayuda
San Josemaría siempre ha estado conmigo y siempre me ha ayudado mucho. Recuerdo la primera vez que le pedí algo. Estaba en la "prepa", no me sabía el examen de contabilidad y lo tenía que pasar porque si no me iba a quedar en segundas. Le pedí tanto al entonces beato Josemaría que no sé cómo lo hice, pero pasé con 90.
Desde entonces, le he pedido muchas cosas que siempre me ha concedido. Sé que siempre está conmigo y me cuida, como cuando estaba tomando unas pastillas que me hicieron daño y casi me muero. Gracias a él todo pasó y aquí estoy porque le prometí que iba a enviar un testimonio. Aunque sé que tiene tantas cosas que hacer, él encuentra tiempo para cada uno de nosotros. Te quiero mucho san Josemaría.
Janet L., México
27 de julio de 2004

Ha salido más que bien
Hola, mi nombre es Jose Ángel, soy de Zaragoza y tengo 29 años. El motivo de escribir estas letras es contar una historia que viví con mi familia. Yo era una persona con un sobrepeso muy importante. Los médicos lo diagnostican como “superobesidad mórbida”. Pesaba 225 Kilos y mi altura es de 1,85 aprox. Después de haber intentado muchos regímenes, decidí acudir a la Clínica Universitaria de Navarra y me puse en manos de los médicos que trabajan allí. Tras realizar infinidad de pruebas, se decidió que el tratamiento oportuno era una intervención quirúrgica. Conforme ésta se acercaba, la tensión e intranquilidad aumentaron en mí de forma significativa.
Ingresé el día anterior para prepararme y decidí bajar al oratorio que hay en la Clínica y me sentí amparado. Hasta ese momento yo había recibido educación católica en el colegio y por supuesto en mi familia, pero yo la veía de una forma escéptica. No me aportaba nada (o eso creía yo). Iba de vez en cuando a misa, pero sin fervor; como diríamos, por cumplir. La verdad es que oré y lo hice como no lo había hecho nunca. Al salir me sentía pletórico y seguro. Subí a mi habitación y me prepararon para la “prueba”. Vino mi endocrino para ver como me encontraba y cuando se despidió me dijo algo que aún resuena en mi interior “Rezaré por ti”. También vino el capellán de la clínica. Llegó el momento de la operación, y me llevaron al quirófano. Tanto mi madre como mi novia (felizmente me casaré el próximo 31 de octubre) estaban acompañándome en esos momentos. Mientras me operaban, ellas estaban en el oratorio rezando y pidiendo en especial a san Josemaría que me cuidara durante la intervención y mi posterior recuperación.
La operación se complicó y llegó a durar cinco horas. Al despertar fui trasladado a la UCI y allí permanecí aproximadamente medio día. Estuve ingresado durante 5 días duros para mí y para mi familia. Recuerdo perfectamente en la habitación la imagen de la Virgen que tanto me acompañó en esos momentos. He sabido después que mi madre hizo dos promesas a san Josemaría si salía todo bien: una ir a Torreciudad en el día de su santo y otra ir a Roma a rezar ante su tumba.
Y ha salido más que bien porque, además de recuperarme de la operación y de haber adelgazado más de 100 kilos, me he reencontrado conmigo mismo y con los demás. He de reconocer que he madurado de manera inenarrable, que he cambiado la concepción de mi vida y que me he acercado totalmente a Dios. Las promesas que hizo mi madre, pensando en mí, las ha cumplido y yo le he acompañado a hacerlo. Precisamente el pasado fin de semana estuvimos (mis padres, mi hermana y yo) en Roma. Nos enseñaron la iglesia de Santa María de la Paz donde pudimos ver la urna en la que reposan los restos de san Josemaría debajo del altar y a mi madre le dieron una reliquia suya. Por todo esto escribo estas letras: para contar lo que me pasó y por agradecer desde lo más profundo de mi corazón todo lo que Dios ha hecho por mí.
José Angel Equiza Lopez, España
25 de julio de 2004

Cambió también mi vida cotidiana
¡Gracias san Josemaría! A través de una oración diaria y constante, logré por su intercesión resolver varios problemas laborales que parecían imposibles de resolverse. Esta oración cambió también mi vida cotidiana, porque me permitió acercarme más a Dios, a la Iglesia y a mis seres queridos.
En mi oración siempre pedía un nuevo hijo, y me bendijo enviándome ¡dos a la vez!
A.H., Venezuela
21 de julio de 2004

Recibió la visita del sacerdote
Quiero relatar una gracia recibida por intercesión de san Josemaría. Un amigo de nuestra familia se encontraba gravemente enfermo y estaba alejado de los sacramentos desde hace muchos años. Como él ya no podía hablar, sugerí a su tutora que recibiese los últimos sacramentos en tres ocasiones, pero todo fue en vano porque ella se negaba a que un sacerdote fuera a verlo. Leyendo una biografía de san Josemaría, me encontré con un fragmento en el que se contaba que nunca había habido un enfermo grave confiado a su atención que no hubiera recibido los sacramentos. Pensé que estando ahora en el cielo san Josemaría continuaría –con mayor motivo– atendiendo estos casos. Recé entonces la oración de la estampa pidiendo por nuestro amigo. Dos días después supe que un sacerdote amigo de nuestra familia acostumbraba a atender enfermos en el mismo hospital en el que estaba internado. Pedí al sacerdote que fuese a verlo. Antes, telefoneé a su tutora para comunicarle mi decisión y, sorprendentemente, aceptó la idea sin oponer resistencia. Al día siguiente, por la mañana nuestro amigo recibió lleno de alegría la visita del sacerdote.
Fabio Protti, Brasil
20 de julio de 2004

Los detalles de san Josemaría
Escribo para agradecer al fundador del Opus Dei los detalles que ha tenido con mi mamá y conmigo.
En estos días yo tenía que traer a mi mamá al médico ya que está en un ancianato y la vida en un ancianato es muy dura. Yo ando corto de plata y no tenía cómo traer al médico a mi mamá. Tanto ella como yo nos acogimos a san Josemaría y uno de mis tíos accedió a traerla al médico, gracias a su intercesión. Por favor, recen por mi mamá, por mí y por el alma de mi papá. Mil gracias y que Dios les pague.
Rafael Augusto Peñuela Velasquez, Colombia
17de julio de 2004

Un milagro es un milagro
Hace unos días fui al banco con una compañera del trabajo. Teníamos hacer una transferencia desde la cuenta de la empresa en México a la de una organización en España. Al regresar a la oficina nos dimos cuenta de que se había capturado en el sistema un número de cuenta incorrecto. Además de que tendríamos que pagar más comisiones al repetir la transferencia, el error implicaba un retraso de varios días en un pago que ya era urgente y había además otras consecuencias. Revisé varias veces el número y pedí a mi compañera que también lo hiciera, pero no cabía duda: estaba mal. Primero pensé que no tenía caso acudir a san Josemaría pues el error era evidente. Pero acudí a él pensando en que un milagro es un milagro. Esta mañana recibí un correo electrónico desde España comunicándome que recibieron la transferencia.
Otro favor. El 23 de junio recibí un correo electrónico que decía en el asunto: Gracias a Dios. En cuanto vi quién lo enviaba, supe de que se trataba y no me equivoqué. El 9 de enero de 2002 asistí con una amiga a la Misa por el centenario de san Josemaría. Ese día pedimos para que ella y su esposo pudieran tener hijos. Yo le puse un plazo al favor y fue concedido dentro del plazo. En noviembre de ese año nació su primera hija. Hace poco me dijo mi amiga que estaba acudiendo a san Josemaría para que pronto creciera su familia. Ya era el mes de junio, pero yo pensé: Padre, antes del 26. Y así fue. Ahora le pedimos a san Josemaría que interceda por ese nuevo hijo.
Aunque es probable que me amiga escriba el favor, quise adelantarme por si acaso...
Adriana G., México
14 de julio de 2004

Justo nueve meses después de la canonización
Nos casamos hace algo más de tres años, con la ilusión y la certeza de que los hijos comenzarían a llegar enseguida. Sin embargo, empezaron a pasar las semanas y los meses y el deseado embarazo no se producía, por lo que empezamos a encomendárselo a san Josemaría.
A la vuelta del verano de 2002, un año y medio después de nuestra boda, decidimos acudir a una revisión médica para descartar algún problema fisiológico. Tras una primera consulta, el médico le aconsejó a mi mujer que se hiciera varias pruebas pero antes de que mi mujer pudiese hacérselas, ambos acudimos a Roma a la canonización de san Josemaría. Aprovechando esta ocasión irrepetible, decidimos acudir a su intercesión y lo hicimos intensamente, tanto en el momento en que Juan Pablo II pronunció la fórmula de canonización, como después frente a su tumba, donde estuvimos un rato muy largo rezando estampas por esta intención.
A nuestro regreso a Madrid, mi mujer tenía que esperar un momento determinado para hacerse las pruebas que le habían recomendado. Seguimos rezando y al cabo de varias semanas ¡esperábamos un hijo! Cuando mi mujer se hizo la primera ecografía, preguntamos por curiosidad de cuanto tiempo estaba, y para nuestra sorpresa, nos dijeron que estaba de siete semanas, y que la fecha probable de parto era ¡el 7 de julio!, es decir, justo nueve meses después de la fecha de la canonización. A la vista de esta "coincidencia", no dudamos en atribuir el favor a san Josemaría.
Pero los desvelos de nuestro Padre no acabaron ahí, ya que -transcurrido ampliamente el tiempo normal- nuestra pequeña no parecía tener mucha prisa por nacer. Ante el retraso, se planteó la necesidad de practicar una cesárea. Nosotros nos opusimos, ya que puede limitar la posibilidad de tener más hijos, y pedimos al equipo médico que hiciera lo posible para evitarla, siempre y cuando nuestra hija estuviera bien.
Los médicos decidieron aplicar un ultimo remedio. Durante una hora, pusimos a rezar a toda nuestra familia, pidiendo expresamente que encomendaran el asunto a san Josemaría. En esa hora, mi madre (tan "pesada" como la viuda del evangelio) rezó lo que ella llama un rosario de estampas. ¡Nada menos que cincuenta estampas! Y mi suegra hizo otro tanto, al igual que nosotros. En poco menos de una hora, las condiciones de mi mujer mejoraron de una forma rápida y sorprendente y nació nuestra hija Inés en menos de 10 minutos, con un peso de 3,7 Kilogramos.
Tanto el embarazo, como el feliz alumbramiento de nuestra hija Inés, lo atribuimos a la intercesión de san Josemaría Escrivá de Balaguer.
Espero que la comunicación de este favor sirva de alguna manera para contribuir a extender la devoción al fundador del Opus Dei.
Carlos Alonso de Velasco y Cristina Palou, España
13 de julio de 2004

Recibí una tercera propuesta
Hice una novena a san Josemaría para que me ayudase a encontrar un buen trabajo y poder casarme pronto. Después de nueve días y de haber recibido dos propuestas laborales recibí una tercera que nos ha permitido fijar la fecha del matrimonio para finales de este mes.
Marina Beatriz Haddad, Brasil
6 de julio de 2004

Todo salió perfecto
Mi madre debió ser intervenida de urgencia al corazón. Gracias Padre: todo salió perfecto.
John F. Ochoa Duque, Colombia
1 de julio de 2004

Un chico como yo
Conocí el Opus Dei, por medio de una página de internet española. Mandé un e-mail a España pidiendo un poco más de información acerca de la Obra seguro de que quizá jamás contestarían como sucede en la mayoría de los sitios de la red. Al día siguiente, a primera hora, tenía la información de la dirección de un centro del Opus Dei al que podía dirigirme si lo deseaba y así lo hice. Pude conocer a san Josemaría en un vídeo que un amigo me mostró, empecé a participar en medios de formación espiritual y mi vida cambió para siempre. Después fui a la Ciudad más hermosa del mundo (Roma) a la Canonización de san Josemaría como voluntario. Nunca pensé que un chico de una provincia de México, como yo, pudiera estar tan cerca de una Obra con esta riqueza espiritual y, por medio de ella, descubrir poco a poco lo que Dios quiere de mí. Ahora me he acercado más a Él, gracias al Opus Dei y sobre todo a san Josemaría.
Jorge Humberto Torres, México
29 de junio de 2004

Un 9 de enero
Hace 6 años, un 9 de enero y sin conocer la importancia de la fecha, empezamos a enamorar con mi esposa María Delicia. Un año después, el mismo día, nos casamos sin saber que el 9 de enero es el aniversario del nacimiento de San Josemaría. Unas horas antes del matrimonio fui a Misa y le recé mucho. Ahora que tenemos dos niños (Antonella y Santiago) y esperamos que pronto el Señor nos bendiga con otro hijo, le pido a san Josemaría que nuestro hogar sea “luminoso y alegre” y atribuyo a su intercesión haber recibido esta hermosa familia que estamos formando.
Javier U., Bolivia
28 de junio de 2004

Siempre y en todo sacerdotes
Soy un seminarista, deseo escribir para dejar constancia de que este 26 de junio ha sido un día especial para nuestro seminario. En la Catedral se ha celebrado la fiesta de san Josemaría y nosotros -los seminaristas- hemos sido 'empujados' por nuestro queridísimo Obispo a participar en esta celebración. Me ha conmovido la devoción que inspira este santo, como tantas personas que desarrollan su trabajo en el mundo saben ver a Dios tras las ocupaciones ordinarias. En la celebración había personas de todas las edades y condiciones; familias enteras que viven en un hogar alegre, a la luz de las enseñanzas de san Josemaría. Me impresionan las palabras del fundador del Opus Dei sobre el sacerdocio ministerial, "sed siempre y en todo Sacerdotes". No puedo expresar el gozo que ha supuesto para mí, para el seminario, para todos los presbíteros de la diócesis y para todos los fieles, este día inolvidable. Ahora veo el ministerio sacerdotal de un modo mucho más rico. San Josemaría será el modelo de identificación de Jesús, Señor Nuestro, que seguiré a partir de ahora: un sacerdote que cree mucho en su sacerdocio, que cree mucho en la Eucaristía, que cree mucho en la Confesión. ¡Cómo nos hablaba de la belleza de nuestro ministerio! Desde este día yo me considero también un hijo de san Josemaría y le quiero como a un padre bueno. Procuraré ser yo también un buen hijo sirviendo a todas las almas sin excepción, cercanas y lejanas, conocidas y desconocidas. Gastarme alegremente y por completo en servicio a los demás, especialmente de los más pobres y desamparados, tal y como hizo este siervo fiel del Señor. Qué certeza tengo de que el Señor no nos abandona nunca y hace florecer en la Iglesia santos a lo largo de los tiempos. Siento una deuda de gratitud con el Señor que ha querido que sea (ya dentro de poco) un sacerdote casi contemporáneo a san Josemaría.
Mario S. F., España
28 de junio de 2004

Encontré una estampa
Desde hace tiempo había oído hablar de Josemaría Escrivá. Me preguntaba qué habría hecho de heroico para llegar a ser santo. Seguí por televisión la canonización pero desinformada como estaba, lo confieso, me paracía excesivo lo que sucedía alrededor de él. Una noche vi un programa que ofrecía el testimonio de una mujer profesional y, al mismo tiempo que no entendía la seguridad con la que hablaba, me atraían los fragmentos de películas sobre Escrivá. Después de un par de semanas me ocurrió que en una cabina telefónica de una plaza del centro de la ciudad me encontré una estampa de Josemaría Escrivá un poco estropeada, pero para mí preciosa porque me pareció una señal del santo. La tomé y telefoneé a una religiosa amiga mía para contarle lo que me había pasado. Añado que es esos días había programado acercarme al Instituto austríaco por motivos de estudio y me dí cuenta que de allí, a 30 números de la misma calle, se encuentra la iglesia de Santa María de la Paz y los restos de san Josemaría. ¡Qué conmoción y qué sorpresa en un momento difícil de mi vida!. A partir de entonces asisto a Misa antes de dirigirme a la biblioteca. Desde entonces Escrivá está en el centro de mi oración, lo considero mi maestro y espero que me siga ayudando. Fui a visitarle el pasado 26 de junio. Doy gracias al Señor por las bellas criaturas que nos da a conocer como testimonios de Su Verdad.
Chiara, Italia
28 de junio de 2004

Descubrió su vocación religiosa
Tengo 23 años y soy estudiante universitario. Empecé a ir a un Centro del Opus Dei hace aproximadamente tres años. Allí me han facilitado medios de formación cristiana: charlas de doctrina católica, dirección espiritual, etc. En el Centro conocí a otro estudiante de mi edad que asistía a los mismos medios de formación que yo y nos hicimos muy amigos. Ambos retomamos (o mejor dicho, iniciamos) una vida de trato con Dios y descubrimos la importancia de los sacramentos, del trabajo ofrecido a Dios con rectitud de intención, de servir a todos por amor a Jesucristo. El 6 de octubre de 2002 estuvimos en la Canonización de san Josemaría. A raíz de esta ceremonia (que fue muy emocionante), mi amigo comenzó a preguntarse qué querría Dios de él. Me contó que estaba dispuesto a corresponder a la llamada del Señor, tal y como le habían aconsejado en la dirección espiritual. Quedamos en que a partir de esa fecha rezaríamos a san Josemaría todos los días para que entendiese lo que Dios le estaba pidiendo. Hace una semana este amigo mío ha ingresado en la Compañía de Jesús. Está muy agradecido a la Obra y a san Josemaría por haberle ayudado a descubrir su vocación al estado religioso.
Guillermo Salinas, España
21 de junio de 2004

Consiguió el trabajo en la fiesta de san Josemaría
Tenía un trabajo en el que era muy infeliz. Mi jefe era cruel y nos humillaba, pero yo tenía que trabajar para sacar adelante mi familia. Rezaba todos los días a san Josemaría para conseguir otro trabajo. Sin embargo, cada vez que tramitaba una solicitud no tenía éxito. Finalmente, me concedieron una entrevista para un trabajo que me atraía mucho. Supe que se acercaba la fiesta de san Josemaría y supuse que ese día recibiría una respuesta positiva. En la oficina me quedé al lado del teléfono durante todo el día esperando que me llamasen. No recibí la llamada. Regresé a casa un poco deprimida, me senté y me adormecí ... y me despertó el sonido del teléfono. Sí... tenía el trabajo, y me lo habían dado justo en la fiesta de san Josemaría. Es un trabajo bueno y le estoy muy agradecida.
Monica, EEUU
21 de junio de 2004

Al año siguiente
Era una madre de familia de 3 niñas mujeres. Digo era porque el día de la Canonizacion de san Josemaría le pedí con todo mi corazón y con toda la fe y que por intermedio de san Josemaría Dios me mandase un hijo varón, ya que siempre me había hecho tenía ilusión tener un niño en mi familia.
Al año siguiente, es decir, en el mes de octubre del 2003, nació mi Emilito Josemaría tan esperado y querido y aunque las cosas por el momento con mi esposo no están bien, estoy segura que pronto ese milagro tambien va a ocurrir. No me canso de darle gracias a san Josemaría por el milagro de mandarme a mi hermoso bebé que ha venido a darme mucha alegría en mi vida y en la vida de mis hijas; además el dolor que tenemos por el distanciamiento de mi esposo ha sido aliviado.
Para mí, san Josemaría es un gran intercesor y le doy muchas, pero que muchas gracias por las bendiciones que recibo de él y porque me estoy acercando más a Dios cada día.
M. C. R. K., Ecuador
16 de junio de 2004

Subió a mi autobús un sacerdote
Soy conductor de autobuses urbanos. En una ocasión estaba muy contrariado porque habían variado mi trayecto y andaba mal con el horario. No estaba en mi mejor momento. Además tenía otros problemas en los que pensar: iban a operar a mi hija de dos años. Una señora subió al autobús y -al verme tan inquieto- me dijo que me iba a dar la estampa de un santo que me ayudaría en el trabajo. Yo la miré con indiferencia pero intenté sonreír un poco para agradecer la preocupación de esta señora por mí. El santo era Josemaría. Operaron a mi hija y todo salió mejor de lo que ninguno habíamos imaginado. Era una intervención que se presentaba compleja pero resultó muy bien.
Tenía (tengo) la estampa conmigo en mi cabina de conducir. Una semana después subió la misma señora y, en esta ocasión, fui yo quien la interpeló. Le agradecí la estampa y su preocupación y me disculpé por la indiferencia que había mostrado cuando me la dio. Estuvimos hablando todo el trayecto. Le pregunté porqué algunas personas se refieren a san Josemaría como ‘nuestro Padre’ y le confesé que me daba un poco de envidia no poder utilizar este modo de expresión por no ser yo del Opus Dei. Ella me dijo que ese modo de referirse a san Josemaría se debía a la gratitud de millones de personas. “Yo le llamo ‘Padre’ -me dijo- porque él me ha engendrado a la vida del espíritu, del trato amistoso con Jesucristo”. Me quedé de una pieza. “Él rezó y se sacrificó -continuó explicándome- por todas las personas, de todos los tiempos, que se acercarían a Dios en la vida cotidiana. Por eso le considero como Padre y le quiero como tal”.
Le pedí más estampas pero sólo tenía una. Pasó otra semana y se repitió la historia. Esta vez, ella traía un “taquito” de estampas. “Las he llevado conmigo por si volvíamos a vernos”, dijo. Ahora ‘nuestro Padre’ (mi Padre) y yo conducimos el autobús juntos. Hace poco tuve un percance en un cruce de circulación. Tuve que dar un volantazo y frenar violentamente. No pasó nada. Ahora estoy con buen humor aunque tenga algún problema. Mi cabina del autobús se ha convertido en un lugar estupendo para hablar de ‘nuestro Padre’.
Sólo diré una cosa; eso sí, preciosa. Hará un mes que subió a mi autobús un chico de unos 30 años que me preguntó dónde estaba una oficina de trabajo temporal. Le indiqué dónde era y le dije que en mi línea de autobús podía acercarle. Subió y empezamos a charlar. Le dije lo mismo que me dijo a mi la señora que me dio la estampa: “Sé de un santo que puede ayudarle en el trabajo” y le di una estampa. Hace dos días (esto es lo que me ha movido a escribir) subió un sacerdote en mi autobús y me saludó. No tenía ni idea de quién era. “Dios mío, -pensé- es el chico que me había preguntado por la oficina de empleo”. No entendía nada de lo que estaba ocurriendo. Él sonrió ante mi estupor y me dijo que había abandonado su vocación de sacerdote. Al encontrarse con ‘nuestro Padre’ reconsideró las cosas y solicitó que le revalidasen las licencias sacerdotales porque quería ser fiel como lo fue san Josemaría.
Ramón Alonso, España
13 de junio de 2004

Llegó una cobranza inesperada
Pedí desesperadamente ayuda a san Josemaría por un problema financiero del trabajo y llegó una cobranza inesperada en un momento totalmente insostenible...
¡Gracias san Josemaría! Te llevo en mi corazon.
María, Argentina
10 de junio de 2004

Recibió los sacramentos
Aunque mi suegra era una mujer muy bondadosa, no frecuentaba los sacramentos. Cayó gravemente enferma, con un cáncer incurable y, estadísticamente, con poco tiempo de vida. Recurrimos, en un primer término, con mi querida esposa, al Capellán del hospital donde se encontraba, para que la ayudara, pero ella se negó. Acudimos, entonces, a nuestro Padre san Josemaría, rezando muchas estampas para que se curara y también aceptara los sacramentos. Luego de unos días, primero nos pidió que colocásemos en su habitación una imagen de la santísima Virgen –buena señal–, luego grande fue nuestra sorpresa de que rezara también ella estampas. Quiso confesarse, recibió la Sagrada Comunión, y se volvió a colocar su escapulario. Agravándose su enfermedad, quiso recibir la Unción de los enfermos, para fallecer unos días después con una paz que afloraba y contagiaba a todos. Damos gracias a Dios por esta intercesión de san Josemaría.
L. O. Y., Chile
5 de junio de 2004

Gracias a él ahora soy católico
A Escrivá de Balaguer le debo todo lo que concierne a mi vida espiritual. Él me hizo adquirir confianza en la Iglesia Santa. En la educación que había recibido, el Cristianismo se contemplaba como un fenómeno histórico basado en intereses políticos y económicos. A lo largo de la Historia –según lo que se me había dicho– el Cristianismo había sido, casi exclusivamente, una herramienta de poder. Se nos explicaba la Religión de tal modo que no nos viésemos tentados a creer en nada. Me convertí en un racionalista engreído. La Iglesia era para mi un conjunto de hipócritas que se dedican a entretener a gentes que viven una vida intelectualmente pobre. Me reía de aquellos que practicaban su fe, despreciándolos como gentes inferiores, sumidas en un pensamiento 'medieval' oscuro y supersticioso, gentes temerosas de todo, paralíticos mentales. Yo –concluía– no iba a caer en ese abismo. Me acerqué a la figura de Escrivá durante un viaje a Italia, donde coincidí con unos peregrinos que se dirigían a la Iglesia Prelaticia de Santa María de la Paz, donde reposan sus restos mortales. Fui allí movido por la curiosidad y la malicia, a ver que encontraba de lo que poder bromear. Lo que encontré en esa Iglesia no era ninguna broma y pensé "aquí creen lo que dicen y lo ponen por obra". No tenía ningún interés por Cristo, pero la figura de Escrivá me impactó poderosísimamente y comencé a informarme sobre su vida. Al principio me atrajeron sus extraordinarias virtudes humanas; un elenco de fascinantes cualidades muy difícil de igualar, entre todas: la inteligencia y su respeto por la libertad. Como un santo es reflejo de Cristo y –por su identificación con Él– resulta atractivo, poco a poco me fui acercando a Dios. Adquirí confianza en la Iglesia. Escrivá me transmitió su amor por la Iglesia desde el Papa hasta el último bautizado. Aún teniendo una inteligencia privilegiada nunca alardeó de ella, obedeció –con docilidad– a los Obispos de todos los lugares en los que se fue implantando el Opus Dei. Gracias a él ahora soy católico y amo profundamente a la Iglesia, al Santo Padre. Soy historiador y, a mi modo de ver, Escrivá ha sido una de las personalidades más destacadas de la Iglesia desde san Pablo y su canonización un regalo que Dios ha hecho a la Humanidad del tercer milenio.
Antonio S. T., España
4 de junio de 2004

Recé miles de estampas pidiendo su curación
Llevaba varios años frecuentando los medios de formación que me facilitaba el Opus Dei, pero nunca me los había tomado con seriedad. Mi padre -de 77 años- sufrió una intoxicación y fue necesario hospitalizarle. Llegó la ambulancia y en ese momento fue cuando me percaté de la gravedad del asunto. Empecé a rezar estampas a san Josemaría, una tras otra. Al llegar al hospital nos dijeron que era muy probable que no se pudiese hacer mucho por salvarle la vida, estaba deshidratado y esto hizo que se desestabilizase todo su organismo. Le ingresaron en la unidad de cuidados intensivos. Esa noche la pasamos en blanco, en la puerta de la UVI, esperando las noticias que nos daban cada dos horas. Yo seguía rezando estampas mentalmente...¡miles! Los informes eran cada vez más negativos, a las 00.30 h, en vista de cómo se presentaba la cosa, llamé a un Centro de la Obra para pedir que viniera un sacerdote a administrar a mi padre los últimos Sacramentos. Todos en el Centro comenzaron a encomendar su curación. Experimentamos como la Obra es realmente una familia con innumerables muestras de cariño. Estuvo diez días en la UVI. A partir del cuarto, los partes empezaron a ser algo más esperanzadores, siempre rezando estampas, todo el día y las noches en vela. Salió de aquello. A todos este trance nos hizo acercarnos más al Señor. Mi padre, al enterarse de cómo habíamos rezado a san Josemaría, se emocionó mucho y pidió él también una estampa. A partir de entonces, reza la oración a diario y le encomienda todo a san Josemaría. También quiso que compráramos una imagen de la Virgen para tenerla en casa -no teníamos ninguna- una estatua grande y muy bonita que pusimos en el hall. La estampa de nuestro Padre está por toda la casa y se ha convertido en algo así como el santo familiar. Mi padre se llama José y mi madre María, así que componen entre ambos el nombre de Josemaría. Para mí, estos diez días de trato intenso con san Josemaría y con el Señor, supusieron un gran cambio. Mis padres han querido colaborar en los apostolados de la Obra. En el caso de mi familia han sido también dos favores por uno: el material ha venido acompañado del espiritual. Me parece de justicia escribir este favor, por eso lo hago. Gracias.
Luis G., España
31 de mayo de 2004

Le pidió tener un hijo
Rezaba mucho para que mi marido conociera el poder de la intercesión de san Josemaría Escrivá. Fui con él a la Misa del 26 de junio de 1999. Le dije que pidiera al Padre la gracia que quisiera, con fe. Había imaginado que pediría por una necesidad material que teníamos. Apenas había empezado la misa, le pregunté qué había pedido y contestó: un hijo. Pedimos con mucha fe y dije al Padre que el año siguiente me gustaría ir a la Misa con un bebé en los brazos para agradecer o estar a punto de tenerlo. Poco después, quedé embarazada. Fue una bendición, y mi marido empezó a tener un profundo respeto por el Padre y a experimentar el valor de la oración. Al año siguiente, fuimos a la Misa, con mi hijo, André, de 3 meses, para dar gracias a Dios. Desde entonces, mi marido acude a San Josemaría Escrivá en cualquier momento dificil. Y puedo decir que cada vez que voy a la Misa del fundador del Opus Dei, salgo con alguna gracia concedida por san Josemaría.
Maria Eliza Sampaio Barbosa, Brasil
31 de mayo de 2004

Una nueva oportunidad
Soy venezolana, mi esposo, mi nene y yo estamos actualmente en USA y se nos ha concedido el asilo. Me encomendé a San Josemaría Escrivá desde que salí de mi país y tengo razones y datos claros y evidentes como para dar testimonio que nuestro asilo ha sido concedido por intercesión de Monseñor. Sucedieron muchas cosas muy hermosas e increíbles que relato, a continuación.
Debido a numerosas razones políticas, sociales y personales tomamos la difícil decisión de salir del país y desde el primer momento me encomendadé al fundador del Opus Dei (...).
Estuve sola en Venezuela por seis meses pues mi esposo se fue primero a Canadá a ver qué caminos nuevos seguir. Le comuniqué mi intención de abandonar el país y él aceptó, así que nos preparamos para encontrarnos en USA el 25 de enero (...).
Para el 24 de febrero introducimos la aplicación para solicitar el asilo. Yo recé sobre estas páginas y dejé dormir una noche mi estampa favorita del Padre encima. Los días siguientes fueron de una terrible zozobra. Temíamos que nos negaran todo el proceso, mi esposo es italiano-venezolano y muy bien podrían mandarnos a Europa.
Una mañana, en la que ya había pasado tres veces por el correo sin encontrar correspondencia de inmigración, me acerqué al portaretrato que tengo en la cocina donde tengo su imagen y hablé con Josemaría (así me dirijo a Él, como si fuera mi mejor amigo). Minutos después salí nuevamente al buzón del correo y encontré el Acuse de recibo de nuestra aplicación que llegó en una semana y no en dos como era previsible. Todo empezó a desarrollarse casi a la perfección.
Durante la entrevista recuerdo claramente que pedí a san Josemaría “ilumina a este oficial para que me crea y sienta simpatía por nuestro caso”. Aunque, en principio tendríamos que haber esperado tres o cuatro meses, sólo un mes después de la entrevista, recibimos carta de Inmigración comunicándonos que el asilo había sido aprobado 100% con todos los beneficios de la ley. Aún fue mayor mi sorpresa cuando observé que la fecha en que fue sellada dicha aprobación fue el 16 de abril, día en que recuerdo que a través de san Josemaría le pedí ayuda al Espíritu Santo. El asilo fue otorgado en 15 días hábiles, casi imposible pues hay miles de casos con seis meses esperando y otros casi dos años.
Sé que algo quiere el Señor de mí y san Josemaría Escrivá ha sido instrumento para ayudarme. El fundador del Opus Dei actúa así: de a poquito, en las cosas diarias de nuestra vida, en pequeñas cosas y en las grandes también. Eso es lo que él quiere de nosotros: ayudarnos en pequeñas cosas para hacernos grandes en agradecimiento, en el amor y en que en la vida diaria tratemos de hacer las cosas lo mejor que podamos. Esto me ha ayudado a mejorar como madre, como esposa, como mujer y a reconocer que Dios nos ha dado una nueva oportunidad de vida y debemos aprovechar para ser mejores cristianos.
M. I. G., Estados Unidos
25 de mayo de 2004

Si es para bien, que se haga
Recién envío este testimonio como agradecimiento a san Josemaría Escrivá de Balaguer por tantas cosas en las que me ayuda a diario y desde siempre aunque yo no he sido tan agradecida con él. Pero, recién estoy aprendiendo a escribir en internet y me estoy acordando que le debo favores inmensos.
Uno de ellos es el de mi esposo. Hace dos años exactamente lo trasladaron a Chiclayo, una provincia del departamento de Lima donde él trabajaba ya que es militar (marino). Vivíamos separados por razones del trabajo y lo extrañábamos mucho, así que empezamos a rezarle al Padre.
Sabíamos que era difícil -porque por razones políticas no se conceden traslados- pero no imposible. Muchas personas nos ayudaron a rezar por él. Se demoró un poco y esa prueba nos unió, en primer lugar como familia, y a mi esposo le fue preparando para que tuviera presente que todo se debía a la intercesión del Padre.
El día menos pensado, después de decirles que no habría traslados, se concedió el de mi esposo. Incluso su jefe se quedó sorprendido, sobre todo porque los traslados suelen ser en enero y el de mi esposo fue en mayo. Así es. El Padre a veces se demora porque quiere que todo se haga bien. Por eso, yo siempre le digo: “si es para bien, que se haga. Si no, tú verás”. Le doy gracias por muchos milagros, incluso por el de una amiga que ya contaré después. Gracias por todo.
N. P. J., Perú
21 de mayo de 2004

Voy a la oficina ¡pitando!
Soy un empleado de banca, cooperador del Opus Dei desde 1982. Durante muchos años he tenido un jefe que se burlaba de mí, también a causa de mi fe. El pasado noviembre recé algunas estampas de nuestro Padre, pidiendo que el jefe se fuese, con un sueldo mejor. En enero de este año, el jefe nos reunió, diciendo que presentaba la dimisión. Una semana después llegó el nuevo director (...). Este jefe me estima, y ¿qué puedo decir? Ahora, por las mañanas, voy a la oficina ¡pitando!
Debo esta gracia particularísima a la intercesión de san Josemaría.
A. G., Italia
19 de mayo de 2004

Como una bendición del fundador del Opus Dei
Hice una novena a san Josemaría y al día siguiente de terminarla, conseguí lo que estaba esperando hace más de un año: tener una respuesta positiva a mis esfuerzos en el trabajo. Soy intermediaria en la venta de inmuebles, pero no había conseguido cerrar ningún contrato, a pesar de mis esfuerzos por trabajar bien. Estaba a punto de desistir de este trabajo, pero no lo hice por necesidades económicas.
Al conocer a san Josemaría Escrivá, recé con mucha fe, y como si fuera una bendición, empecé a cerrar contratos de venta, lo que me dió más confianza en mi trabajo. Ahora estoy “arrancando”, feliz, ya que ese es un trabajo digno y honesto, y además puedo ayudar a mi familia.
Solange Faria Silva, Brasil
18 de mayo de 2004

Nos casamos dentro de pocos días
Hace mucho tiempo que quiero escribir para contar el favor que recibí del fundador del Opus Dei y, sólo ahora, a pocos días de mi matrimonio, consigo hacerlo. Conocí a quien será mi marido gracias a la intercesión de san Josemaría.
Desde hace años estaba intentando conocer y tratar a un chico que había visto una sola vez y que me habían presentado rápidamente unos amigos comunes. A pesar de que no lo conocía estaba convencida de que él era la persona apropiada para mí, así que empecé a rezar a san Josemaría para que me ayudara a encontrarme otra vez con este chico. Fue necesario esperar mucho tiempo, pero un día, cuando menos lo esperaba, lo encontré por la calle y no sé con qué valor lo saludé. Él, sonriendo, me devolvió el saludo y me dijo que se acordaba de mí aunque había pasado bastante tiempo desde que nos habían presentado. Desde aquel día empezamos a vernos con frecuencia y a conocernos y dentro de pocos días nos casaremos.
Yo no he dudado nunca de que este favor lo debo atribuir al fundador del Opus Dei. Mi convicción se afianzó cuando este chico me confesó que el día en el que nos encontramos acababa de terminar una novena a san Josemaría pidiéndole ayuda para encontrar una chica apropiada para él.
Italia
12 de mayo de 2004

Fue posible un diagnóstico
Deseo dar a conocer una respuesta a la petición que hice a San Josemaría. Recé para que me ayudara en una situación médica muy dolorosa que los doctores no lograban diagnosticar desde hacía un año. Finalmente, después de pedir ayuda al fundador del Opus Dei, me diagnosticaron y recibí el tratamiento. ¡Que Dios bendiga a otros como me ha bendecido a mí a través de la intercesión de San Josemaría!
Brother Mark of Our Lady of The Most Blessed Sacrament, USA
2 de mayo de 2004

Aprobé el examen de conducir por intercesión de San Josemaría.
En Marzo hice el examen práctico de conducir con 7 personas más de la misma auto-escuela.
Fui el primero en examinarme y después de rezar la oración de san Josemaría, aprobé. Conté este hecho a dos amigos que también se iban a examinar. Ellos pidieron ayuda al fundador del Opus Dei y de nuestra clase sólo nosotros tres fuimos aprobados en aquel día. Uno de esos amigos estaba un poco alejado de la Iglesia y le pareció una buena oportunidad para volver a rezar. Gracias "Padre".
Gilberto Lombardo Junior, Brasil
22 de abril de 2004

Un milagro
Mi cuñada, sola en casa, tuvo un ictus mientras cocinaba. Fue socorrida por los bomberos, avisados por los vecinos a causa del humo que salía del apartamento. Entró en coma. No daba señales de vida y los médicos, después de catorce días, nos dieron a entender que nos preparáramos para lo peor. Así, mi marido y yo nos fuimos a su casa con el fin de disponer todo para los funerales. Sin embargo, durante todos estos días, yo miraba la estampa de san Josemaría Escrivá y me parecía que el fundador del Opus Dei me sonreía. Aquella mañana parecía que reía para sí, hasta el punto que le dije: “¿qué te hace reir en un momento tan trágico?”. Pués bien, precisamente esa mañana, mientras preparábamos todo para las exequias, nos llegó la noticia de que mi cuñada se había despertado. No sólo. Estaba semiparalizada y se temía que estuviera destinada a la silla de ruedas. Después de pocos días, sin embargo, comenzó a caminar. Y, algo más: todos los indicadores de la sangre que estaban extremadamente alterados se han normalizado. Los médicos continúan diciendo: “es un milagro. Para nosotros estaba deshauciada”. En el hospital la llamaban “La Resucitada” y todo el pueblo viene a visitarla como a una persona que ha sido objeto de un milagro. Esto lo atribuyo a la intercesión de san Josemaría Escrivá.
Maria Elena Picone, Italia

Curación milagrosa de mi hijo Enrique
Nació el 4 de abril de 2003. Parecía que todo iba bien hasta que al día siguiente la doctora me informó de que el niño presentaba problemas para respirar y era necesario internarlo en terapia intensiva pediátrica con pocas probabilidades de supervivencia (40-50%). Cada día que pasaba era como un infierno pues las preocupaciones eran cada vez mayores. Nos informaron de que los problemas respiratorios de mi hijo se agudizaban más y que tenían que proceder a utilizar un ventilador de alta frecuencia y alimentación parenteral. Fueron 10 días de intenso sufrimiento y congoja de mi esposo y míos al no poder tener a mi hijo en mis brazos. El domingo de Resurrección fui a Misa y una persona me dió una tarjeta con una oración a san Josemaría. Me dijo que era muy milagroso. Yo no dudé en encomendarme a él y rezar todos los días su oración y pedir que intercediera por la salud de mi hijo enfermo. A la semana siguiente me informaron de que mi hijo había salido de peligro. Ahora tiene 1 año de edad y es mi alegría más grande.
María del Consuelo Hernández, México
16 de abril de 2004

Oración por un amigo
Por intercesión del fundador del Opus Dei pedí que a un amigo se le reactivará un cheque que tenía retenido en su trabajo. También le pedí que le conservara su trabajo y ese mismo día le avisaron que su cheque estaría reactivado al día siguiente, como así sucedió. Hoy quiero publicarlo en agradecimiento.
E. A. R. D., México
28 de marzo de 2004

El “rescate” de la billetera
Un día subí a un taxi con destino a casa y por el camino le entregué al taxista una estampa de san Josemaría. Cuando llegué me dí cuenta que mi billetera con todo el dinero recién cobrado, se había caído en el auto. Pensé: “el Señor seguro que me lo traerá”. Me preocupó mucho pues tenía un pariente enfermo y tenía que comprar medicinas. Pasaron tres días y nada. Al salir del centro médico donde hago voluntariado, logré divisar el mismo taxi que me llevó aquella vez. Obviamente lo paré y el señor me reconoció, inclusive conservaba la estampa en el solapero de la ventana. Al conversar con el chófer me refirió que no había encontrado nada. A mitad de camino, me di cuenta que entre el freno de mano y el asiento del chófer, estaba atracada mi billetera. La logré sacar ante el asombro del chófer que no lo podía creer pues, según dijo, él mismo limpia su auto. Yo me sonreí y dije: gracias Padre por esta gracia tuya. El chófer me dijo que siempre le rezaría al fundador del Opus Dei y se interesó mucho por saber de él.
Elizabeth Servan Olivares, Perú
17 de marzo de 2004

A través de Camino
Por la gracia de Dios conocí al fundador del Opus Dei a través del libro Camino... y desde entonces mi fe -que era vacilante- se está fortaleciendo. Gracias.
H. Costa, Brasil
17 de Marzo de 2004

La santidad es posible
Nunca hubiera pensado que fuera posible aspirar a la santidad. Los santos, para mí, eran sólo los que están en los altares. Con san Josemaría he descubierto que se puede conseguir la santidad y que la lucha cotidiana da alegría, libera el alma, ayuda a trabajar mejor, a vivir mejor. Confío al fundador del Opus Dei mis pensamientos y mis preocupaciones, la preocupación por mi hijo, la percepción de mi fragilidad. Él no deja nunca de ayudarme.
Maria, Italia
3 de marzo de 2004

Una operación complicada
En agosto de 2003, un colega de mi trabajo tuvo un grave problema de salud. Tuvo que someterse a una operación complicada, con posibilidad de lesiones permanentes y riesgo de su vida. Después de la operación, no se estaba recuperando bien y pedí ayuda al fundador del Opus Dei, rezando diariamente. El enfermo empezó a recuperarse y después de cuatro meses los médicos consideran que está curado.
Octavio Dias, Portugal
23 de febrero de 2004

La enfermedad de mi tío
En el 2002 descubrimos que mi tío tenía un melanoma en el cerebro. En pocas semanas tuvo que someterse a una operación delicada e importante para quitar el mal. Durante ese período, fui a rezar ante los restos del fundador del Opus Dei en Roma para pedirle ayuda. ¿Qué pasó?: para nuestra alegría mi tío superó tan delicada operación y muy pronto volvió a hacer vida normal. Ahora, un poco antes de Navidad, mi tío falleció, porque la enfermedad volvió el año pasado, quitándole poco a poco las fuerzas, la capacidad de caminar, a veces también la memoria y la lucidez. He continuado rezando a san Josemaría durante la enfermedad y todavía lo hago. Agradezco su intercesión.
C. R., Italia
23 de febrero de 2004

Un protector lejos de casa
Antes de salir de Filipinas para trabajar aquí(ahora estoy en Nueva York), quería prepararme espiritualmente porque sabía que estar lejos de casa iba a ser difícil para mí. Buscaba un sitio donde hacer un retiro y finalmente me acordé del Banilad Study Center (Cebu) y me fui allí. Pedí, por intercesión del fundador del Opus Dei, aprobar en el examen y no me falló; me ayudó en mi necesidad. Ahora sigo rezando para encontrar un buen trabajo que me permita crecer espiritual y profesionalmente. Alabado sea Dios.
B. C., Filipinas
10 de febrero de 2004

“Dos por uno” también en mi caso...
Me he encomendado a san Josemaría, pidiendo por la salud de mi suegro, que estaba muy grave. Ahora se está recuperando, ¡y he recibido una propuesta de trabajo en el mismo hospital en que se está tratando! Fueron “dos favores en uno” también en mi caso. Agradezco al Señor.
F. F., Italia
5 de febrero de 2004

San Josemaría, mueve cielos y la tierra...
Antes de trasladarme a Macao ayudaba a tiempo parcial en un preescolar llevado por una señora amiga de mi hermana menor. Hace aproximadamente una semana recibí un mensaje SMS de mi hermana diciéndome que habían secuestrado a la madre de esa señora. El secuestro podía terminar muy mal. Así que acudí corriendo al fundador del Opus Dei y los demás santos, pidiendo su intercesión ante Dios para que soltaran rápidamente y sin violencia a la secuestrada. Dos días más tarde leí y oí en una edición internet de un periódico, que a la mamá le habían liberado sana y salva. Llamé a la señora por mi móvil y me confirmó el feliz rescate de su madre. Le mencioné que cuando supe del secuestro, comencé a rezar a san Josemaría. ¡Muchas gracias al santo fundador del Opus Dei!
Z. U., Macao
28 January 2004

Sus libros me han ayudado
Primero déjenme decirles que yo he conocido al padre Josemaría a través de una amiga que le tiene mucha devoción. Yo no lo conocía, pero por sus homilías y gracias a los libros leídos me he interesado en conocer más. Gracias.
Y. M. M.
19 de enero de 2004

Ser más fiel
Al fundador del Opus Dei le quiero mucho pues me ha enseñado a ser más fiel a mi vida de cristiano. Creo que no será difícil que cada día le quiera más y más. Apelo a su intercesión para que el Señor me conceda el favor que ahora le vengo pidiendo. Gracias san Josemaría.
Juan, Perú
16 de enero de 2004

Otra vez juntos
Querría darle las gracias al fundador del Opus Dei por haberme reunido con mi novio, después de cuatro años y medio de separación; esto ocurrió el mismo día de su fiesta, 26 de junio 2003. Fuimos a misa y nos encontramos después. Hemos estado juntos ahora durante seis meses y pido a san Josemaría que continúe bendiciendo nuestro trato y llevándonos al Santo Sacramento de Matrimonio por la gracia de Dios.
Y. T., Singapur
6 de enero de 2004

Le estoy muy agradecida
Doy gracias al fundador del Opus Dei por su intercesión porque desde que lo conozco y rezo su oración mi vida ha cambiado muchísimo. Me ayuda en mi trabajo y en mi crecimiento espiritual; me ha ayudado a conocer gente que ama a Dios y que me ayuda. Y todo gracias a San Josemaría que siempre me escucha. Le estoy muy agradecida.
G. Evans, Inglaterra
9 de enero de 2004

Una pirueta en el aire
Cuando mi hija Aline tenía 4 años, subió a una estantería que estaba provisionalmente cerca de una ventana. Perdió el equilibrio y al apoyarse en la ventana se abrió por un defecto en la cerradura. Vivíamos en el primer piso. La niña cayó sentada (después de dar una pirueta en el aire), desde una altura de cerca de 4,5 metros, y sólo tuvo un pequeño esguince en el talón. Creo que fueron su Ángel Custodio y san Josemaría los que hicieron que saliera bien de este accidente.
Hugo Hideo Kunii, Brasil
9 de enero de 2004


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